Corpus de Valenzuela. Año 2026
La localidad se vuelca en la elaboración de las alfombras de serrín que hoy servirán de escenario a la solemne procesión del Corpus Christi. Vecinos, visitantes y familias enteras trabajan durante toda la madrugada para mantener viva una tradición que convierte al municipio en un referente de la provincia.
La noche previa al Corpus Christi tiene algo especial en Valenzuela. Mientras en otros lugares las calles se preparan para dormir, en este pequeño municipio de la campiña cordobesa comienza una actividad frenética que transforma plazas y calzadas en auténticas obras de arte efímero. Cubos de colores, sacos de serrín, moldes, escobas y cientos de manos voluntarias convierten la madrugada en una celebración colectiva donde tradición, convivencia y fe caminan de la mano.
Ayer, cuando las campanas anunciaron el comienzo de los trabajos, vecinos de todas las edades ocuparon las nueve calles que forman parte del recorrido procesional para comenzar a confeccionar las alfombras multicolores que hoy lucen en todo su esplendor y que esta tarde, a partir de las 19:00 horas, serán recorridas por la procesión del Corpus Christi, uno de los acontecimientos más importantes del calendario festivo local.
Entre quienes ha seguido de cerca cada detalle se encontraba el alcalde de Valenzuela, Antonio Pedregosa, que recorría una y otra vez las calles supervisando los preparativos y compartiendo impresiones con los participantes.
«Para nosotros el Corpus es nuestro día grande, lo vivimos con mucha intensidad, con muchísimo cariño y también con mucha responsabilidad, sin la colaboración ciudadana sería imposible llevar a cabo una fiesta de estas características«, explicaba el regidor mientras observaba cómo los más pequeños comenzaban a rellenar los dibujos trazados sobre el pavimento.
Una tradición que comienza semanas antes
Aunque la imagen más conocida del Corpus de Valenzuela es la de las calles cubiertas de serrín de colores, el trabajo comienza mucho antes.
Los dibujos que decoran gran parte de las alfombras nacen en las aulas del colegio de la localidad. Los alumnos participan en un concurso cuyos diseños sirven posteriormente de inspiración para las composiciones que llenan las calles.
«Nuestro Corpus empieza semanas antes. Los niños elaboran sus dibujos, se preparan los moldes, se trazan sobre la calzada y cuando llega esta noche todo el mundo sale a la calle para darles vida con el serrín de colores«, señalaba Pedregosa.
El resultado es espectacular. Cerca de 3.000 metros cuadrados de alfombras y alrededor de 7.000 kilos de serrín transforman por completo el aspecto del municipio durante unas horas.
Una noche para reencontrarse
Pero si algo distingue al Corpus de Valenzuela es su capacidad para reunir a personas que durante el resto del año viven lejos del municipio.
Es el caso de Manuel Pérez, que regresa desde Madrid cada año para participar en una celebración que considera irrenunciable.
«Para el Corpus hay una cita obligada de volver a casa, reencontrarse con amigos y familiares y no perder las tradiciones porque esto no se puede perder«, explicaba mientras coordinaba algunos de los trabajos que se realizaban en la calle de la Iglesia.
Este año, precisamente, esta vía presentaba una de las decoraciones más especiales, dedicada a las hermandades y cofradías locales.
«Hemos querido rendir homenaje a todas las cofradías del pueblo y también incluir algunos símbolos del Vaticano. Los niños son quienes rellenan los dibujos y eso hace que todo quede en casa y que la tradición continúe generación tras generación«, destacaba.
Para muchos vecinos, la víspera del Corpus tiene incluso más encanto que la propia procesión, «es una noche donde se comparte, donde se sale a la calle y donde se juntan personas que durante el resto del año están fuera. Es una noche de convivencia, de amistad y de familia«, afirmaba Manuel Pérez.
La fiesta que une generaciones
Uno de los aspectos más llamativos de la celebración es la convivencia natural entre generaciones.
Niños, jóvenes, padres, abuelos y visitantes trabajan codo con codo durante horas sin importar la edad.
Una imagen que se repetía en cada rincón de Valenzuela y que quedó perfectamente reflejada en la conversación mantenida con Salud y su nieta Lucía.
La joven, llegada desde Sevilla para vivir por primera vez esta experiencia, reconocía sentirse sorprendida por lo que estaba viendo.
«Pensaba que iba a estar todo más desperdigado, pero es impresionante ver cómo queda de bonito y de preciso. Parece que las calles estuvieran coloreadas«, comentaba.
Para su abuela, que conserva recuerdos de infancia ligados a esta celebración, la emoción era doble, «tenía muchísimas ganas de que ella viviera esta experiencia. Yo la recuerdo desde pequeña y quería que conociera lo que significa participar en algo así«, explicaba.
Mientras observaba el trabajo colectivo de vecinos y visitantes añadía una reflexión que resume el verdadero espíritu de la fiesta: «aquí nadie levanta la voz, todo el mundo ayuda, aunque no se conozcan. Uno pone un color, otro termina un dibujo y todos colaboran para que salga adelante«.
Por su parte, Lucía resumía la experiencia en tres palabras, «colaboración, compañerismo y convivencia«.
Detrás de cada dibujo existe un enorme esfuerzo organizativo. Hay calles donde los trabajos se prolongan hasta bien entrada la madrugada. Algunas incorporan auténticas obras de arte realizadas con sal coloreada, harina, café o pigmentos naturales, «da hasta lástima pasar por encima después de ver el trabajo que hay detrás de cada alfombra«, reconocía el alcalde.
La belleza de estas creaciones tiene algo de efímero. Horas de dedicación desaparecerán esta tarde bajo los pasos de la procesión del Corpus, precisamente ahí reside gran parte de su encanto.
El orgullo de un pueblo
Valenzuela vuelve a demostrar que las tradiciones sobreviven cuando un pueblo entero decide hacerlas suyas.
A lo largo de la noche se pudieron ver familias completas trabajando juntas, niños aprendiendo de los mayores, vecinos que regresan cada año desde distintos puntos de España y visitantes que descubren por primera vez una celebración única.
«Todo lo que hay detrás de estas alfombras es incluso más importante que el resultado final. Merece la pena venir y vivirlo«, afirmaba Antonio Pedregosa.
Hoy, cuando la Custodia recorra las calles engalanadas y miles de personas contemplen las alfombras terminadas, pocos imaginarán las horas de trabajo, esfuerzo y cariño que hay detrás de cada color.
Pero quienes participaron durante la madrugada sí lo saben. Porque en Valenzuela el Corpus no es únicamente una procesión, es una forma de entender la convivencia, es la fiesta del encuentro, es el orgullo de un pueblo que cada año vuelve a llenar de color sus calles para mantener viva una de las tradiciones con mayor proyección del municipio.
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