Autoridades, organizadores y premiados
El certamen, que alcanza su 31ª edición en su actual etapa, reúne 55 ejemplares y vuelve a convertir a esta pedanía de Castro del Río en punto de encuentro del sector vitivinícola · La calidad de la uva se considera «extraordinaria» y los primeros datos apuntan a una vendimia muy superior a la del pasado año
El Concurso Provincial de Racimos de Uva del Llano del Espinar volvió a ser este sábado uno de los grandes protagonistas de la feria de la pedanía de Castro del Río. La cita, celebrada en la caseta municipal, reunió a vecinos, agricultores, profesionales del sector y visitantes alrededor de una tradición estrechamente vinculada a la cultura vitivinícola de la zona y que, además de premiar los mejores racimos de la cosecha, permite cada año tomar el pulso al estado de la uva cuando la vendimia comienza a entrar en su fase decisiva.
En esta edición fueron 55 los racimos presentados, procedentes principalmente del entorno del Llano del Espinar y de la Sierra de Montilla, aunque también llegaron ejemplares de otros municipios próximos. El jurado valoró el peso, la graduación y la presencia de los racimos, con especial atención a la variedad Pedro Ximénez, seña de identidad del marco Montilla-Moriles.
El resultado dejó un dato especialmente llamativo: el primer premio de Pedro Ximénez correspondió a José Rosa, con un racimo de 2,890 kilos, mientras que en la categoría libre el ejemplar presentado por Rodrigo e Isabel Adamuz alcanzó los 5,500 kilos, una dimensión poco habitual que llamó especialmente la atención durante el concurso.
Pero más allá de los premios, el certamen volvió a demostrar que el Llano del Espinar ha conseguido convertir una tradición agrícola en una actividad capaz de atraer cada año a participantes y visitantes y de proyectar el nombre de la pedanía mucho más allá de su reducido núcleo de población.
Una tradición con más de siete décadas de historia
Hablar del Concurso de Racimos de Uva del Llano del Espinar es hablar también de la propia historia vitivinícola de la zona. Aunque la actual etapa del certamen alcanza ya su 31ª edición, sus raíces se remontan mucho más atrás.
Así lo explica Juan Portero Laguna, una de las personas vinculadas históricamente al concurso y conocedor de sus orígenes. Su memoria se remonta a los años sesenta, cuando este tipo de iniciativas ya formaban parte de las celebraciones relacionadas con la uva y el vino, «este concurso viene de antiguamente, ya en los años 60, se hacía este concurso», recuerda.
Portero explica que también en Montilla existió un concurso de características similares que terminó desapareciendo, «yo recuerdo que, en Montilla, que era donde yo vivía, ya se hacía un concurso similar, a este, pero aquello se perdió».
Con el paso del tiempo, la tradición encontró en el Llano del Espinar un nuevo espacio para continuar.
Juan Portero sitúa además a Félix Regón como una de las personas fundamentales en aquella recuperación y recuerda la búsqueda de apoyos para poner nuevamente en marcha la iniciativa.
La tradición, sin embargo, es todavía más antigua. Juan Rafael Portero, miembro del jurado y una de las personas que actualmente mantienen la vinculación técnica con el concurso, amplía la perspectiva histórica y sitúa sus antecedentes en los años cincuenta, «el concurso de racimos empezó a principios del año 50 del siglo pasado, estamos hablando hace 70 años o algo más, empezó creo que fue en el 53 o el 54 por ahí», explica.
La actividad sufrió posteriormente un periodo de menor protagonismo durante los años setenta, coincidiendo con una etapa de cambios en el sector y en las celebraciones relacionadas con la denominación de origen.
Fue entonces cuando el Llano del Espinar recuperó una tradición que terminaría convirtiéndose en una de sus principales señas de identidad.
Desde entonces, el concurso ha ido consolidándose hasta convertirse en una cita inseparable de la feria.
Del peso a la calidad: un concurso que también ha evolucionado
La esencia del certamen se mantiene, pero los criterios de valoración han cambiado con el tiempo. En sus primeros años el peso tenía un protagonismo prácticamente absoluto. Hoy, sin embargo, el jurado analiza distintos parámetros para determinar cuáles son los mejores racimos.
Juan Rafael Portero lo explica de forma sencilla, «yo creo que el esquema prácticamente es lo mismo, el mismo de siempre».
Pero inmediatamente matiza que sí ha habido una evolución en los criterios, «antes se pesaban los racimos con buena presencia, y el de más peso era el que se le daba el premio, pero con el tiempo ya se introdujo la graduación, después la presencia, aparte del peso y la presencia, que no tuviera podredumbre, total, que si ha ido revolucionando, lo esencial continua».
El concurso se ha convertido así en una pequeña radiografía de la cosecha. Durante años, antes incluso de que la vendimia comenzara de manera generalizada, los racimos presentados permitían comprobar cómo llegaba la uva a la recta final de maduración.
Este año, sin embargo, el calendario de la vendimia se ha adelantado al concurso.
Eso no resta importancia al certamen, que sigue ofreciendo información sobre el estado de la uva. Habitualmente, recuerda, «nos vienen 70, 80 racimos, para ver un poco el estado que está la vendimia en cuanto a sanidad, en cuanto a graduación».
55 racimos y un jurado técnico
La edición de este año reunió 55 racimos, tanto de Pedro Ximénez como de otras variedades de vidueño.
La valoración corrió a cargo de Juan Rafael Portero, Juan Portero y Ángela Portero, con el apoyo del presidente de la Cooperativa La Aurora, Antonio López Pérez-Barquero.
El jurado mantiene un criterio eminentemente técnico. La propia composición del mismo responde a la intención de garantizar una valoración lo más objetiva posible.
Juan Rafael Portero explica que anteriormente participaban personas con un conocimiento práctico de la zona, pero que se decidió buscar perfiles técnicos externos para evitar posibles presiones.
La participación de técnicos vinculados al sector vitivinícola permite analizar cada racimo no solamente desde el punto de vista visual, sino también atendiendo a parámetros que tienen una relación directa con la calidad de la uva.
Una mirada técnica a la cosecha
Entre quienes forman parte del jurado se encuentra Ángela Portero, técnica del Aula de Viticultura del Consejo Regulador de Montilla-Moriles, una profesional que lleva aproximadamente una década participando en el concurso.
Su valoración sobre la evolución del certamen durante es positiva, «ha cambiado poco, la verdad es que siempre ha tenido mucha participación, participación de gente joven y una aceptación similar a lo que tenemos hoy».
Este año fueron 55 los racimos presentados y, según explica, procedían de parcelas de distintos puntos del entorno, «igual puede ser del Llano, que puede ser de términos municipales de Cabra, Castro el Río o de parcelas cercanas a Llano del Espinar”».
El procedimiento de valoración combina el peso con el análisis de la graduación, «los racimos que traen todos los agricultores se pesan, y se ve la graduación, la concentración de azúcares que tienen, para también ver una de las categorías que tienen los premios».
Para medir la concentración de azúcares se utiliza un refractómetro.
«Unos racimos espectaculares»
La valoración general del jurado sobre la calidad de la cosecha presentada es especialmente positiva.
Juan Rafael Portero califica el concurso como «extraordinario» y destaca especialmente el tamaño alcanzado por algunos ejemplares.
La mayor disponibilidad de agua ha tenido también una consecuencia sobre la graduación, que todavía debe evolucionar durante los próximos días.
Pero el balance general no deja lugar a dudas, «en líneas generales, unos racimos espectaculares, que hacía años que no eran de ese tamaño, y la calidad muy buena, excepcional, porque no hay uva podrida porque no ha llovido en los últimos meses, y está madurando bien».
La situación sanitaria de la uva es, por tanto, uno de los aspectos que más satisfacción genera entre los técnicos.
El gran protagonista: un racimo de 5,5 kilos
La clasificación de este año dejó imágenes poco habituales. En la categoría de Pedro Ximénez, el primer premio correspondió a José Rosa, con un ejemplar de 2,890 kilos.
El segundo premio fue para José Luis Rosa, con 2,606 kilos, mientras que Cristina Castro obtuvo el tercer premio con un racimo de 2,145 kilos, al que correspondió un lote de vino de la Cooperativa La Aurora.
Pero el ejemplar que más sorprendió fue el presentado en la categoría libre por Rodrigo e Isabel Adamuz.
El racimo alcanzó los 5,500 kilos.
Una dimensión que demuestra hasta qué punto la campaña de este año está ofreciendo racimos de gran desarrollo.
14,60 grados y una uva que todavía tiene margen de maduración
El concurso también premió el racimo de Pedro Ximénez con mayor graduación, que alcanzó los 14,60 grados Baumé.
El ejemplar, de casi un kilo, procedía de una zona de terrenos calizos, según explicó Juan Rafael Portero.
El reconocimiento a la mejor presencia fue para Luis Hidalgo (Bujerillo), con un racimo de 2,217 kilos.
En conjunto, el jurado considera que la uva todavía tiene recorrido para incrementar su graduación durante los próximos días, «la graduación que falta un poquito, pero en los próximos días irá tomando la graduación para llegar a esas graduaciones de 13,7, 13,8 de media, que es la que dan esos vinos, con graduación natural de 15 grados», explica Juan Rafael Portero.
Y ahí aparece uno de los elementos fundamentales del concurso: la defensa de la variedad que identifica al marco.
Pedro Ximénez, protagonista del concurso y de la denominación
El concurso diferencia entre la variedad Pedro Ximénez y otras variedades de vidueño. El motivo es claro: la Pedro Ximénez constituye una pieza fundamental de la identidad vitivinícola de Montilla-Moriles.
Juan Rafael Portero explica que las variedades libres pueden ofrecer racimos de mayor tamaño, pero que el concurso busca otorgar un reconocimiento especial a la uva que representa al territorio.
Para el técnico, la importancia de esta variedad va mucho más allá de un concurso, «sin esta uva Pedro Ximénez, nosotros no podríamos elaborar los vinos con graduación natural de 15 grados o más, y esa gama de vinos que es tan extraordinario y único en el mundo que tenemos nuestra denominación de origen».
Una vendimia que se presenta muy diferente a la del año pasado
El concurso llega en un momento especialmente esperado para el sector. Después de una campaña anterior marcada por las dificultades, las previsiones para este año son mucho más optimistas, «yo creo que vamos a tener una vendimia extraordinaria», afirma Juan Rafael Portero.
La recogida ya ha comenzado en determinadas zonas y con algunas variedades, aunque todavía habrá que esperar para que la vendimia se generalice.
También las paseras están comenzando su actividad.
La previsión es que durante los próximos días la vendimia se extienda a una mayor parte de la denominación.
El pronóstico final es muy positivo, «así que vamos a tener una buena cosecha, una buena calidad, y tendremos unos vinos extraordinarios. Más no se puede pedir».
Una feria que mantiene el espíritu de los pueblos de antes
El concurso no puede separarse de la feria del Llano del Espinar, un acontecimiento que durante varios días convierte a la pequeña pedanía en un punto de encuentro para vecinos de Castro del Río y de localidades próximas.
El portavoz de Izquierda Unida, Manuel Merino, pone el acento precisamente en la participación de los vecinos. «la feria del Llano, es un acontecimiento muy relevante, porque lo relevante o no relevante no depende de la cantidad de gente, de dónde lo hagan, sino depende de la participación de los vecinos, son ellos los que le dan vida a esto».
También destaca el valor que tiene el concurso para proyectar el nombre de la pedanía.
Salvador Millán, «es esa típica feria de antes»
Una visión similar sobre la celebración ofrece el portavoz socialista, Salvador Millán, para quien la feria mantiene un carácter especialmente ligado a la convivencia, «la feria del Llano del Espinar es esa típica feria de antes donde hay una convivencia espectacular”
Millán destaca además la capacidad de la feria para reunir a vecinos de diferentes municipios.
El portavoz socialista considera que la combinación entre tradición y actividades actuales es una de las claves del éxito de la celebración.
Y sobre el concurso de uva opina que ocupa un lugar destacado dentro de la identidad de Llano del Espinar..
Julio Criado, «el concurso del racimo es lo que nos diferencia»
El alcalde de Castro del Río, Julio Criado, considera que el concurso constituye el elemento más singular de la feria y uno de los principales instrumentos de promoción de la pedanía.
Para el alcalde, la tradición está directamente relacionada con la historia agrícola de la zona.
Criado recuerda además que la actividad está estrechamente vinculada al territorio vitivinícola que rodea al Llano, «Castro del Río tiene viñas, pero la viña que tiene el término municipal de Castro del Río está aquí en los alrededores del Llano del Espinar, y muy pegado a la Sierra de Montilla, donde están también los lagares que da una calidad excepcional».
El alcalde subraya también el creciente interés que despierta el certamen entre los medios de comunicación.
A su juicio, esa repercusión exterior es precisamente una de las grandes aportaciones del concurso.
El alcalde realiza igualmente un balance positivo de la feria.
Criado destaca la programación preparada para diferentes edades y el hecho de que, pese a tratarse de una pequeña pedanía, la celebración haya conseguido mantener una programación amplia.
El Llano como punto de encuentro
Julio Criado considera que la pedanía ha construido una personalidad propia fruto de su ubicación y de sus relaciones históricas con municipios próximos.
Una identidad que, según el alcalde, se ha construido a caballo entre distintos municipios: «ellos han desarrollado una identidad propia que les hace peculiar, y que se encuentran pues a caballo entre Nueva Carteya, Montilla, Cabra, Castro del Río, en definitiva, una mezcla de gente de todos estos pueblos y de una cultura que ellos se sienten muy orgullosos de ser del Llano, y a nosotros nos parece extraordinario».
Esa capacidad de reunir a personas de diferentes localidades vuelve a reflejarse cada año en torno a los racimos de uva.
Los premiados de una edición marcada por el tamaño y la calidad
El cuadro de honor de esta edición refleja las características de una campaña que se presenta con buenas perspectivas.
Pedro Ximénez:
- Primer premio: José Rosa, con un racimo de 2,890 kilos y 200 euros.
- Segundo premio: José Luis Rosa, con un racimo de 2,606 kilos y 100 euros.
- Tercer premio: Cristina Castro, con un racimo de 2,145 kilos y un lote de vino de La Aurora.
- Mayor graduación: Álvaro Urbano, con un racimo de 14,60 grados Baumé y 50 euros.
- Mejor presencia: Luis Hidalgo (Bujerillo), con un racimo de 2,217 kilos y un lote de vino de La Aurora.
Categoría libre:
- Primer premio: Rodrigo e Isabel Adamuz, con un espectacular racimo de 5,500 kilos y 100 euros.
El concurso vuelve a demostrar así que el tamaño puede ser uno de los grandes protagonistas, pero que la calidad, la sanidad de la uva, la graduación y la presencia siguen siendo factores fundamentales a la hora de determinar los mejores ejemplares.
Un concurso que ya forma parte de la identidad del Llano
A lo largo de sus diferentes etapas, el Concurso Provincial de Racimos de Uva ha sobrevivido a cambios en el sector, a transformaciones en las fiestas y a las dificultades que periódicamente afectan al campo.
Su permanencia en el programa de la feria del Llano del Espinar demuestra que sigue teniendo un significado especial para agricultores y vecinos.
Este año, además, llega acompañado de una perspectiva especialmente optimista para el sector. Los racimos son grandes, la uva presenta un buen estado sanitario, la graduación continúa evolucionando y las previsiones apuntan a una cosecha muy superior a la del pasado año.
Por eso, el concurso no se limita a entregar premios. Cada racimo presentado cuenta una pequeña parte de la historia de la cosecha.
Una campaña que, después de un año especialmente duro, vuelve a despertar expectativas.
Y en el Llano del Espinar, donde la feria sigue reuniendo a vecinos y visitantes alrededor de sus tradiciones, el concurso vuelve a cumplir la función que ha desempeñado durante generaciones: poner en valor la uva, reconocer el trabajo de los agricultores y convertir durante unos días a esta pequeña pedanía en uno de los escaparates de la cultura vitivinícola de la provincia de Córdoba.
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