Traslado de la Virgen de Fátima de Albendin
La Virgen de Fátima volvió a recorrer el tradicional camino desde su ermita en el Puente de Piedra hasta la pedanía de Albendín en una jornada marcada por ambiente festivo y una gran participación
Desde primeras horas de la mañana del día 1 de mayo, como viene siendo tradicional, la ermita del Puente de Piedra se convirtió en punto de encuentro de fieles, vecinos y visitantes que no quisieron perderse este momento. A partir de las nueve y media, la hermandad trabajaba intensamente en los preparativos finales para la salida de la imagen, cuidando cada detalle con esmero.
La Virgen de Fátima lucía especialmente radiante, con su corona recién restaurada, nuevos arreglos florales y la tradicional rosa en su mano, símbolo característico de la imagen. Mientras tanto, en el exterior, el ambiente iba creciendo con la llegada constante de personas que aguardaban el inicio del traslado entre cánticos y muestras de emoción.
El hermano mayor, Roberto Lozano Serrano, destacaba el trabajo previo realizado y la ilusión con la que se vive este día, “llevamos aquí desde temprano ultimando todos los detalles para que la Virgen salga como merece. Es un día muy esperado por todos”. Asimismo, incidía en el carácter participativo del acto, “cualquier persona puede llevarla, no es necesario ser hermano, y eso hace que el camino sea aún más especial”.
A las once de la mañana se iniciaba el traslado, dando comienzo a un recorrido de aproximadamente cuatro kilómetros y medio hasta Albendín. Un trayecto que se convierte en una auténtica manifestación de fe y convivencia. Durante el camino, los participantes acompañan a la Virgen entre sevillanas, palmas y rezos, generando un ambiente festivo que se mantiene de principio a fin.
A destacar la participación activa de los asistentes, que se turnan para portar la imagen. Las andas relativamente ligeras, permiten que el relevo sea constante, facilitando que muchas personas puedan vivir de cerca ese momento tan especial, “la gente entra, sale, se cambia, eso es lo bonito del camino, que todos pueden participar”, explicaba el hermano mayor.
La tradición del traslado se remonta a los orígenes de la llegada de la imagen al municipio, incluso antes de la construcción de la actual ermita. Con el paso de los años, esta práctica se ha consolidado como una de las citas obligadas, manteniendo intacto su espíritu popular y religioso. Lozano, pese a su juventud, reconoce haber crecido con esta tradición, “desde pequeño he venido todos los años, es algo que llevamos dentro”.
La hermandad atraviesa además un momento positivo, con más de 400 hermanos y una implicación creciente de la población, lo que garantiza la continuidad de esta tradición. Entre los proyectos futuros, se encuentra la mejora de la ermita, especialmente el arco donde se sitúa la imagen durante el resto del año.
Tras el recorrido, numerosos participantes se reúnen para compartir un almuerzo, reforzando los lazos sociales en un ambiente distendido, “es un día para disfrutar, para estar juntos y compartir”, señalaban desde la organización.
La música y el cante también juegan un papel fundamental. La vicehermana mayor, Pepi Heredia, ponía voz a la devoción popular con coplas dedicadas a la Virgen, reflejando el sentimiento colectivo que acompaña todo el camino, “tenemos un compañerismo muy bonito, venimos a cantarle, a acompañarla y a vivir este día con alegría”, afirmaba.
Heredia recordaba además algunos episodios vividos en torno a la imagen, como momentos de dificultad provocados por las crecidas del río de este año, que obligaron a trasladarla de urgencia para protegerla. Situaciones que han quedado en la memoria y que refuerzan aún más la devoción hacia la Virgen.
La llegada a Albendín marca el inicio de varios días de celebraciones en honor a la Virgen de Fátima, con actos religiosos y actividades que culminarán con su regreso a la ermita. Un ciclo festivo que cada año reúne a cientos de personas y que mantiene viva una tradición profundamente arraigada.
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