El partido de balonmano entre el Valladolid y el Cangas gallego, de no haberse aplazado por la pandemia, hubiera significado el primer encuentro pitado por el colegiado baenense Roberto Mendoza y por su compañero granadino con familia en Baena, Juan Pablo Visciarelli, en la máxima categoría.
“Siempre antes de que empiece un partido estoy nervioso”, comentó Mendoza a Cancionero, y lo mismo le pasará en su debut en la Liga ASOBAL del balonmano patrio, pese a su experiencia en pitar en la competición femenina y en Segunda División.
En 2005 hizo un curso de arbitraje, se planteó objetivos cortos pero a medio plazo y ahora, esta campaña 20-21, va a ser árbitro de élite.
“Es el logro de un trabajo hecho”, aseguró Roberto Mendoza, convencido de lo fundamental que es en su profesión la “cabeza, templanza y condición física para tomar las decisiones justas”.
Decisiones, pitar, en canchas que van a ser diferentes a las que está acostumbrado y en cada sitio, un ambiente. “De cada lugar aprendes cómo vivir el deporte y en cada sitio hay una cultura del deporte”.
Para Roberto Mendoza, la compenetración con su compañero Visciarelli es importante: “Si no estás coordinado y concentrado, te vas del partido, aunque ahora nos ayudan mucho los intercomunicadores”, aseguró a Cancionero.
Se enfrentará a jugadas complicadas, “porque hay que decidir en décimas de segundo y quizá quitarle la posesión a un equipo es lo más difícil de hacer”.
Ante la crisis del balonmano desde 2008, con muchas figuras nacionales jugando fuera y la que se podría avecinar, el árbitro ASOBAL asegura que “no podemos hacer una NBA pero los clubes deberían funcionar como empresas, como pasa en otros lugares porque las subvenciones están mal con la crisis”.
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