Con el alperujo de la provincia de Jaén podría cubrirse completamente la autovía entre Jaén y Granada en los dos sentidos, y la capa alcanzaría un espesor de más de metro y medio.
La propuesta no es extenderlo en las carreteras, sino devolverlo al olivar. El alperujo es un problema para las almazaras, un “residuo” voluminoso y difícil de manejar, cuya eliminación supone complicación y gasto, alrededor de 1.400.000 toneladas, en un año normal en la provincia de Jaén; 3.400.000 t en Andalucía. Supone aproximadamente las cuatro quintas partes de la materia prima elaborada, la aceituna, y, hoy día, solo tiene una salida: la industria extractora de aceite de orujo, que se han convertido en las gestoras del “residuo”. Independientemente de que cobren o paguen algo a la almazara por este servicio, en los años de cosecha fuerte se convierten en un cuello de botella para la molturación, cuando las orujeras se saturan hay que parar la molienda y, en consecuencia, la recolección. Aunque solo fuera por esto valdría la pena buscar otras salidas.
El alperujo no es un “residuo industrial” (aunque así lo llamen los textos legales), son restos vegetales, aceitunas trituradas de las que se ha separado -por métodos exclusivamente físicos- una pequeña parte, la fase oleosa; es un subproducto del proceso de extracción de aceite de oliva. Sobre el compostaje de esta materia hay suficiente información en todo el ámbito mediterráneo, y mucha generada por órganos de la propia administración andaluza; y también hay unas cuantas almazaras.
Devolverlo al terreno puede ser la solución para empezar a corregir la grave carencia de materia orgánica que sufren los suelos de los olivares andaluces, cuyo contenido solo excepcionalmente supera el 1% en peso (la mayoría de estos suelos no han recibido aportaciones de materia orgánica desde que se sustituyeron los animales de labor por los tractores). La materia orgánica del suelo es la responsable de una serie de virtudes fundamentales de las tierras de cultivo, como la fertilidad y la capacidad de infiltración y retención de agua. Además, el incremento del contenido de materia orgánica en el suelo constituye la forma más eficaz de secuestro de carbono, que queda retenido en compuestos muy estables, contribuyendo directamente en la mitigación del cambio climático.
Bien ejecutada, la aplicación del alperujo compostado al olivar permitiría cerrar, prácticamente, el ciclo de nutrientes minerales. En este momento crítico, cuando es imprescindible relanzar una economía que con la pandemia se ha detenido, es la ocasión para tomar las decisiones que la rutina productiva venía aplazando durante años. Ni el sector del olivar, ni ninguno, puede seguir de espaldas a la realidad, ignorando que el cambio climático está encima, pasando -como si no fuera cosa nuestra o no nos importasen las generaciones futuras (incluidas las inmediatas)- del deterioro del medio en el que vivimos, del agotamiento de los recursos y la pérdida acelerada de biodiversidad.
Es el momento preciso para iniciar una transformación responsable. Los fondos especiales de la Unión Europea, los llamados “Next Generation”, son de importancia vital, tenemos -todos- la responsabilidad de hacer un uso eficaz de ellos en beneficio de la comunidad en su conjunto. Consecuente de esta necesidad desde la Fundación Savia hemos presentado el proyecto trasversal de “Plantas de Compostaje de subproductos de Almazara de aceite de oliva y del Olivar”.
Este proyecto de compostar en origen el alperujo y emplearlo como fertilizante beneficiaría de forma transversal a la mayoría del territorio andaluz, son más de trescientos los pueblos andaluces que tienen su base económica en el olivar. Además de resolver varios problemas de una vez, encaja perfectamente con la deseada “economía circular”, colabora en la mitigación y en la adaptación al cambio climático, incrementando la sostenibilidad de este cultivo, que es la seña de identidad de buena parte de Andalucía.
Para comenzar hay que introducir un pequeño cambio en algunos textos legales y reconocer que no se trata de un residuo, sino de un subproducto del olivar de almazara. Los aspectos técnicos no son un problema, son conocidos. Las inversiones que exige no son muy cuantiosas, pero son muchas las almazaras (325 en Jaén, 851 en Andalucía). El proyecto debe incluir, para una puesta en marcha completa, la transferencia de todo este conocimiento -formación- y la promoción de su uso para que llegue a quienes lo tienen que aplicar en las almazaras y en el campo.