Fieles, devotos, simpatizantes, vecinos y vecinas de Baena y de la barriada del Zambudio, acudían a la celebración de la Festividad de la Virgen de los Ángeles, en la ermita y paraje que lleva su nombre.
De esta celebración, lejos de lo puramente religioso y testimonial por la demostración de fe cristiana, los asistentes, en un gran número, sin distinción de sexo y edades, pudieron comprobar el buen trabajo realizado por el mantenimiento del patrimonio y recuperación de un espacio natural, que hay que cuidar.
Independientemente de este hecho evidente, se mantiene viva la tradición de abrir “la pequeña iglesia que se encuentra prácticamente debajo de un peñón y casi embutida en la montaña y escondida a la vista, a los pies del Cerro del Minguillar”, como reza en las distintas publicaciones, “el 13 de mayo y el 2 de agosto de cada año, día de la festividad de Nuestra Señora de los Ángeles”
Por lo tanto, tan solo queda felicitar a todos los que en los últimos años han puesto su granito de arena para que “sacrificio, esfuerzo, constancia, empeño, promesas y devoción mariana, de un lado, y de otro, defensa de nuestro medio ambiente, recuperación de tradiciones y de la historia, haya dado como resultado que el Paraje de los Ángeles sea un lugar a visitar y la Ermita uno de esos pequeñitos templos, no solo de oración, sino de señas de identidad, felizmente recuperado, para enriquecer el patrimonio baenense.
Ahora, si cabe, y para finalizar, bueno sería recoger el guante y la iniciativa de algunos de los organizadores de esta actividad de intentar recuperar, en la medida de lo posible, la que fue otro lugar de encuentro y convivencia, la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, ubicada en el Parque de la Ladera Sur, incluida también en ese patrimonio artístico y monumental, entre calles estrechas, que recuerdan el urbanismo medieval que tiene esta localidad.