Jurado, organizadores y premiado con el mejor racimo
El certamen pone en valor el trabajo bien hecho en la viña, en un año marcado por la enfermedad, la falta de mano de obra y el abandono de explotaciones
El evento ha servido no solo para premiar los mejores racimos, sino también para reflexionar sobre la difícil situación del sector en un año especialmente complejo para el viñedo andaluz.
Un concurso que solo premia el trabajo bien hecho
Francisco Bujalance, organizador del concurso, fue claro: “Aquí no se presenta un racimo cualquiera. El que lo hace, es porque lleva su viña como Dios manda: con mimo, con esfuerzo, con conciencia y con conocimiento.”
El certamen, que ya es una referencia en el marco Montilla-Moriles, es una suerte de escaparate de lo mejor del campo. Cada racimo expuesto representa meses de trabajo, de vigilancia, de lucha contra las enfermedades y las condiciones adversas. Especialmente este 2025, un año de claroscuros en las viñas de la zona.
2025, un año de contrastes y reflexión para el viticultor
Según explicaron los responsables del evento, la enfermedad del mildiu —favorecida por una primavera muy húmeda— ha hecho estragos en muchas explotaciones. Antonio López Pérez-Barquero presidente de la Cooperativa Nuestra Señora de la Aurora, apuntó:
“Hay fincas que están buenísimas, con una uva estupenda, y otras donde no queda ni un racimo. Este ha sido un año para separar al viticultor que ha estado pendiente del que no ha podido estarlo. Se ha notado quién ha labrado, y quién no.”
La diferencia ha sido tan palpable que, según López, este año será “de reflexión muy profunda” para el sector, ya que se está produciendo un fenómeno preocupante: el abandono de viñas. “Llegas a zonas que tradicionalmente eran puro viñedo y te encuentras cepas arrancadas. Eso duele. Es una señal muy clara de que algo está fallando”, lamentó.
La falta de mano de obra, una amenaza real
Uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta hoy el viticultor no es solo el clima ni las enfermedades, sino la escasez de personal. La viña, como cultivo intensivo, requiere numerosos jornales para ser trabajada correctamente. Pero encontrar mano de obra cualificada es cada vez más difícil.
“La viña da mucho trabajo. Y sin personal, no se pueden hacer los tratamientos, no se puede podar, no se puede vendimiar a tiempo. Hay días en los que necesitas 30 personas y no aparecen ni cinco. Eso está lastrando al sector”, denunció Bujalance.
El precio de la uva no basta
Aunque los precios de la uva han sido altos en las últimas campañas, eso no está siendo suficiente para frenar la tendencia al abandono. La ecuación es clara: un cultivo exigente, escasa mano de obra, y costes cada vez mayores.
“Al final, algunos viticultores se están pasando a cultivos más sencillos, aunque den menos beneficio. Porque la viña, si no se cuida con tiempo y trabajo, no responde. Y eso, con la que está cayendo, es muy duro”, explicó el presidente de la cooperativa.
Un mensaje de ánimo y futuro
A pesar del panorama complicado, tanto López como Bujalance quisieron lanzar un mensaje de esperanza:
“No podemos desanimarnos. Es cierto que esta campaña se va a cerrar con pérdidas, pero la viña está descansada, y si el año que viene acompaña el clima, podemos tener una cosecha excepcional. El vino de Montilla-Moriles lo necesita, y la zona también”.
Además, destacaron que el marco no está saturado de vino, lo cual abre la puerta a que futuras cosechas encuentren un mercado receptivo y precios sostenibles para el agricultor.
Una tradición que es más necesaria que nunca
El Concurso de Racimos de Llano del Espinar ha vuelto a mostrar que la viña no es solo una planta, sino una forma de vida. En momentos de incertidumbre, mantener vivas estas celebraciones no solo reconoce el mérito del agricultor, sino que refuerza el compromiso con la tierra, con el patrimonio y con el futuro del vino.
“Sin viña no vivimos”, sentenció Francisco Bujalance al cierre del acto, dejando claro que defender el viñedo es también defender el alma de toda una comarca.
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