Renovación bautismo en Santa María la Mayor
El párroco, Juan Laguna Navarro, subraya la importancia de que los más jóvenes vivan la fe como una celebración y destaca el papel esencial de los catequistas y las catequistas en la vida parroquial
Tras la celebración de la Eucaristía en la Parroquia de Santa María la Mayor, con motivo de la fiesta de la Candelaria, el párroco Juan Laguna Navarro valoró el significado de una jornada “especialmente bonita” en la que los niños y niñas de iniciación cristiana renovaron las promesas de su Bautismo, acompañados por sus familias, catequistas y la comunidad parroquial.
Juan Laguna comenzó situando el acto en un entorno cargado de simbolismo para los baenenses, “estamos en una de las iglesias más bonitas que tiene Baena, que es la Catedral de nuestro pueblo, Santa María la Mayor, en un día verdaderamente bonito en el que ha salido hasta un poquito el sol”.
El sacerdote explicó por qué la presencia de la imagen de Santa María del Amor y a los pies de ella el Niño Jesús, “todos los años, cuando llegan estas fechas de la Candelaria, la cofradía de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén quiere hacerse presente en un acto parroquial de singular importancia como es la renovación de las promesas del Bautismo de los niños que han entrado este año a la catequesis de Primera Comunión”.
Se trata, según indicó, de un momento importante dentro del proceso formativo de los menores, “hoy es el día en el que ellos renuevan los compromisos que en su momento hicieron sus padres en el Bautismo, ya se presupone un cierto uso de razón para poder contestar por ellos mismos”.
Juan Laguna recordó el profundo significado litúrgico de la Candelaria, la fiesta “de la luz”, vinculada a la presentación de Jesús en el templo, “es una fiesta cristológica, en la cual Cristo se presenta ante Israel como luz de las naciones, pero también es una fiesta mariológica, en la que la Virgen tiene una característica particular”.
Por ese motivo, los niños portaron velas durante la celebración, “han llevado en sus manos una pequeña velita simbolizando la vela que recibieron en el momento de su Bautismo y conmemorando la fiesta de la luz”.
En cuanto a la participación, el párroco señaló que este año han sido alrededor de cincuenta y tantos niños y niñas, una cifra ligeramente inferior a la del año anterior, “el año pasado fueron unos sesenta y algo y este año nos hemos quedado en unos cincuenta y pico”.
A pesar de la climatología y del lógico nerviosismo infantil, el ambiente fue, en palabras del sacerdote muy familiar, “ha sido un ambiente de niños, un ambiente familiar. A veces hay que ponerse un poquito serio, pero ellos saben que es por su bien y lo comprenden”.
Juan Laguna insistió en que este primer año de catequesis no debe limitarse al aprendizaje teórico, “queremos que no sea un curso solo de aprender oraciones, sino que también celebren una fiesta centrada y protagonizada por ellos”.
Finalmente, el párroco quiso dedicar una mención especial a los catequistas, a quienes definió como imprescindibles para la vida de la Iglesia, “son el elemento fundamental sin el cual no se podría hacer ningún tipo de actividad pastoral, son los dedos de la mano del sacerdote, una mano sin dedos es una mano que no funciona”.
Destacó su formación, dedicación y, sobre todo, su paciencia, “las horas que le echan y la paciencia de santo que tienen, especialmente cuando los grupos son tan numerosos, hacen posible que todo esto funcione”
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