Vía Crucis Dulce Nombre. Salida
El segundo día de cultos culmina con un emotivo intercambio de gestos entre hermandades y un solemne Vía Crucis en absoluto silencio por las calles de Baena.
La Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe volvió a convertirse el 28 de febrero en el epicentro espiritual de la Cuaresma para la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, Santo Cristo del Calvario y Soledad de María Santísima, que continuó con su programación tras el íntimo inicio vivido el día 27.
Como ya se informó, la jornada inaugural estuvo marcada por la eucaristía ofrecida por el eterno descanso de los cofrades fallecidos y por la posterior Exposición extraordinaria del Santísimo Sacramento. El templo, en penumbra, acogió un acto de profundo recogimiento: los fieles recogían a la entrada un papel y una vela, encendían su luz a mitad de la nave y la depositaban ante el altar, dejando sus peticiones en un pequeño cesto junto al Santísimo. El acompañamiento del Trío de Capilla Signum Crucis aportó solemnidad a una celebración sobria que abrió el camino cuaresmal de 2026 para la cofradía.
El segundo día, 28 de febrero, la programación continuó con la celebración de la Eucaristía a las 19:30 horas. Al término de la misma tuvo lugar un momento especialmente significativo, con las intervenciones del hermano mayor de la cofradía, Pedro Pablo González Luna; del hermano mayor de la Hermandad de la Vera Cruz, José Rafael Cubillo Colodrero y de la hermana mayor de la Hermandad de San Juan, Naiara Rubio
En primer lugar, tomó la palabra el hermano mayor, Pedro Pablo González Luna, quien comenzó con palabras de gratitud, “quiero dar las gracias a todos por todo lo que hemos hecho últimamente”.
Agradeció de manera expresa la presencia institucional y la participación de las hermandades, destacando el carácter especial del momento vivido, “como no puede ser de otra manera, quiero dar las gracias, a los hermanos, que, en este año tan especial para ellos, la cofradía ha querido contar con nuestras sagradas imágenes titulares en el acto de su centenario y enmarcado dentro del acto de inicio de Cuaresma de la cofradía”.
Palabras, que subrayan la unión entre las hermandades de la cofradía.
Entrega de detalles
A continuación, intervino el hermano mayor de la Hermandad de la Vera Cruz, quien señaló que “querían tener un reconocimiento con la hermandad de San Juan con motivo del centenario de su reorganización por haber tenido a bien contar con nuestra sagrada imagen titular en sus actos, “celebramos en la actualidad 100 años de fe y fidelidad y si hay una imagen que defina a San Juan, es la del amigo fiel a los pies de la Cruz, el discípulo amado que no se marchó y que permaneció cuando todo parecía derrumbarse, San Juan nos enseñó que la verdadera amistad no se proclama se demuestra quedándose”.
Como gesto de unión, la Hermandad de la Vera Cruz hizo entrega de un pañuelo confeccionado con la misma tela y encaje de uno de los sudarios de la hermandad, para que lo porte San Juan, “no solo es un detalle, sino un símbolo de fraternidad, de cercanía y de comunión entre nuestras hermandades, que así como San Juan permaneció al pie de la cruz junto a María, nuestras hermandades permanezcan siempre juntas, unidas a la fe en el servicio y en el amor a Cristo, enhorabuena por el centenario y que sigamos caminado juntos muchos años más”.
Por su parte, la hermana mayor de la Hermandad de San Juan agradeció el gesto recibido y puso en valor la cercanía entre hermandades, “el mejor regalo para la hermandad es estar junto a la tuya”
Por último, el hermano mayor de la cofradía entregó un detalle, “como ya viene siendo tradicional cuando una hermandad cumple cien años”, y apunto que “para mí ha sido un honor el poder vivir todos los centenarios de las hermandades de la cofradía, mucho trabajo, pero ha sido un honor, yo lo he vivido de forma intensa, y ante los problemas, siempre hemos sabido solventar situaciones difíciles”
Un Vía Crucis distinto.
Tras la Eucaristía tuvo lugar un solemne Vía Crucis con las imágenes de San Juan y la Santa Vera Cruz, acompañadas por la Única Cuadrilla de Judíos Arrepentidos.
El recorrido partió desde la parroquia y discurrió por Plaza de España, Cardenal Herranz Casado, Plaza de la Constitución, calle del Moral o de Pablito Lucena, calle y Plaza Amador de los Ríos, Herranz Casado y nuevamente Plaza de España, para regresar al templo.
El cortejo avanzó en un silencio absoluto, con una sobriedad que llamó especialmente la atención. Fue un Vía Crucis distinto al de otros años, marcado por un recogimiento más acentuado, sin apenas sonido más allá del rezo, el toque del tambor ronco y el acompasado caminar de los participantes. La estampa de las imágenes bajo la noche, acompañadas por la Única Cuadrilla de Judios Arrepentidos, dejó escenas de profunda espiritualidad en cada estación.
De este modo, la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, Santo Cristo del Calvario y Soledad de María Santísima continúa su camino cuaresmal, iniciado en la intimidad ante el Santísimo y reafirmado en la fraternidad compartida en el segundo día de cultos, con la mirada ya puesta en las próximas citas que conducirán hacia la Semana Santa
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