Jóvenes de Baena y Albendin en Roma en el Encuentro de Juventud
Francisco Cassani Velasco relata con emoción su participación en el gran encuentro juvenil celebrado en Roma y Tor Vergata, en el que participaron jóvenes de Baena y Albendín. Una vivencia marcada por la fe, la convivencia y el inesperado encuentro con el Papa.
Una peregrinación realizada a través de la Diócesis de Córdoba y su delegación de la Juventud que comenzó en Córdoba y acabó con un abrazo espiritual en Roma. Así describe Francisco Cassani Velasco, joven participante del encuentro internacional de juventud celebrado en Roma y Tor Vergata, la experiencia que ha vivido junto a más de un millón de jóvenes procedentes de todo el mundo. “Han sido días duros, dormíamos en el suelo, nos duchábamos con mangueras en patios… pero, aun así, repetiríamos todos sin pensarlo”, asegura emocionado.
El viaje arrancó la noche del 25 de julio desde Córdoba en autobús, con jóvenes de las parroquias de Baena y Albendín, haciendo escalas en lugares emblemáticos como la Sagrada Familia de Barcelona, Montserrat, el Santuario de San Ignacio de Loyola o Asís, donde visitaron las tumbas de San Francisco, Santa Clara y el beato Carlos Acutis. Todo culminó en Roma con una eucaristía presidida por el obispo de Córdoba, Don Jesús Fernández, y un emocionante encuentro fortuito con el Papa Francisco.
Una Iglesia viva y joven
Cassani remarca el impacto que supuso ver a miles de personas de distintos países unidas por la misma fe: “Te das cuenta de que la Iglesia no es solo tu parroquia, sino que es algo mucho más grande, algo universal”. El momento más emocionante, sin duda, fue ver al Papa de cerca: “Íbamos tristes porque pensábamos que no lo veríamos… pero justo cuando nos retirábamos, la comitiva cambió de ruta y pasó a escasos metros de nosotros. Fue un regalo del Señor”.
12 días de oración, esfuerzo y comunidad
El encuentro, que se prolongó durante 12 días, estuvo repleto de actividades espirituales: eucaristías, momentos de oración, retiros y celebraciones comunitarias. Las jornadas comenzaban a las 5:30 de la mañana y finalizaban por la noche, tras largas caminatas, visitas a lugares sagrados y actos multitudinarios. “Ha sido exigente, sí, pero muy gratificante. No era un viaje turístico, sino un camino de fe”, explica Francisco.
El grupo de Albendín, compuesto por nueve jóvenes, y el de Baena, con tres participantes, logró financiar buena parte del viaje —valorado en unos 700 euros por persona— gracias a actividades organizadas en colaboración con la alcaldía pedánea de Albendin y la parroquia local, como barras solidarias y eventos festivos.
Un sacerdote que fue guía, apoyo y amigo
Durante toda la peregrinación, el grupo contó con la presencia activa de su párroco, Don Francisco Salvador Flores Hidalgo, de Albendín. “Ha sido un apoyo constante. No solo como sacerdote, sino como persona cercana, consejero y guía. Fuera del templo, lo hemos conocido aún más y le hemos cogido un cariño especial”, reconoce Cassani.
Peticiones desde casa y emoción colectiva
Muchos de los participantes llevaron en sus mochilas no solo ropa y comida, sino también intenciones y peticiones de familiares, amigos y vecinos. “Nos llegaban mensajes por WhatsApp pidiéndonos que rezáramos por alguien, que encendiéramos una vela en Roma… y lo hicimos con gusto. Fue muy emotivo”, relata.
“Sí, repetiría sin dudarlo”
Al volver a casa, los jóvenes traen consigo más que recuerdos. “Volvemos con el corazón lleno, con una visión más amplia de la Iglesia, con amistades nuevas y, sobre todo, con una fe renovada. Ojalá más jóvenes se animen en el futuro”, concluye Francisco.
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