Manuel Heredia, Cortijo de Suerte Alta, “empezamos muy temprano para buscar calidad, pero la campaña ha sido muy corta en producción”

Cortijo de Suerte Alta

El propietario y gerente del Cortijo de Suerte Alta, en la pedanía de Albendín, hace balance de una campaña de aceite marcada por el calor extremo, la caída de aceituna en verano y una producción final hasta un 40% inferior a lo previsto, pese a obtener aceites de muy alta calidad en el inicio de la recolección.

La campaña de aceite de oliva en el Cortijo de Suerte Alta comenzó el pasado 1 de octubre, con la finalidad en priorizar la calidad del producto por encima del rendimiento. Así lo explica su propietario y gerente, Manuel Heredia, quien recuerda que “si quieres sacar aceites de muy alta calidad tienes que empezar con aceituna muy temprana”, aunque las condiciones no fueran las más favorables.

A pesar de haber estado regando durante todo el año, “la aceituna estaba atrasada, los índices de grasa sobre seco estaban muy bajos y la aceituna no había hecho el aceite que tenía que hacer”. Aun así, la estrategia no cambió, “comenzar pronto para asegurar un aceite destinado al envasado de alta gama”.

Las previsiones iniciales apuntaban a una campaña media, pero el resultado final ha sido muy distinto, “la sorpresa que nos hemos llevado es que en kilos de producción hemos tenido una producción como un 30% por debajo de lo que esperábamos”, explica Heredia, hasta concretar que la desviación ha sido aún mayor, “de la producción inicial que esperábamos, hemos tenido un 40% menos de lo previsto”.

Esta diferencia resulta especialmente llamativa porque el cortijo realiza cada año un aforo en pleno verano. “En el mes de julio hacemos siempre un aforo y tradicionalmente luego con la realidad final nos solemos equivocar un 10% arriba o abajo”, señala. Sin embargo, en esta campaña “nos hemos equivocado en un 40%, cosa que nos ha dejado un poco sorprendidos”.

Heredia sitúa el origen del problema en las condiciones climáticas del verano, “nos encontramos en septiembre que mucha aceituna se había caído al suelo, aceituna negrita del tamaño del hueso, y es que el árbol no había podido con ella”, explica, en referencia a los episodios de calor extremo.

Aunque la pluviometría anual pueda parecer aceptable, la distribución de las lluvias ha sido determinante, “tuvimos agua en los dos o tres primeros meses del año y luego en noviembre y diciembre, pero nos hemos tirado seis meses sin caer una gota en esta zona”, afirma, subrayando además las “temperaturas de julio y agosto altísimas”. Todo ello, concluye, “le ha dado un pequeño palo al árbol y es lo que hemos notado en producción”.

Pese a la caída de producción, el balance en calidad es positivo, al menos en el arranque de la campaña, “los aceites del principio de campaña han sido muy buenos”, destaca. Sin embargo, las lluvias de diciembre alteraron el ritmo de la recolección.

Como en diciembre ha estado lloviendo, nos ha retrasado un poco la recolección”, explica Heredia. Ese retraso provocó que parte de la aceituna acabara en el suelo, “ahora estamos cogiendo aceituna del suelo, que ya es un lampante con otras características”, aun así, añade, “al final hay que cogerlo todo”.

Con la campaña prácticamente finalizada, el foco del Cortijo de Suerte Alta está puesto en el futuro. “Ahora lo que estamos es cuidando nuestro envasado, abriendo nuevos mercados y mirando al tiempo”, afirma Heredia, con la esperanza de que “si la primavera nos ayuda, el año que viene tengamos una cosecha mejor”.

En esta línea, la empresa continúa su apuesta por los concursos y ferias, aunque con una selección, “estamos priorizando los concursos serios”, explica, aquellos en los que existe un control real del aceite que se presenta, “hay otros concursos que se han convertido en un negocio en sí mismo y tienen menos credibilidad”, añade.

La burocracia, una de las grandes preocupaciones del sector

Heredia también se detiene en la situación general del sector oleícola y justifica las movilizaciones convocadas. “La cantidad de papeleo y burocracia que hay en el sector es agobiante, cada vez es peor”, denuncia. A su juicio, existe una “locura normativa” que obliga a duplicar trámites ante distintas administraciones.

Pedimos que nos dejen trabajar en el campo y en las almazaras, pero que se racionalice la normativa”, afirma, reclamando además igualdad de condiciones frente a los productos importados. “El miedo es que entren productos que no tengan las mismas exigencias de calidad que las que tenemos aquí”.

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