Luque vuelve a despertar al alba al son de los Auroros en honor a Nuestra Señora de la Aurora

Virgen de la Aurora en procesión a su llegada a la iglesia

La celebración, del 2 al 6 de septiembre, ha vuelto a poner de manifiesto esta tradición histórica de los hermanos de la Aurora que ha contado con una destacada presencia femenina

Luque ha vuelto a vivir estos días una de sus celebraciones religiosas y culturales más singulares: las fiestas en honor de Nuestra Señora de la Aurora. Del 2 al 6 de septiembre, el municipio ha vuelto a mirar hacia su ermita de la Aurora y, sobre todo, hacia una tradición que tiene en las madrugadas, las coplas y el sonido de la campanilla uno de sus principales signos de identidad.

La edición de 2026 ha tenido además un significado especial al enmarcarse en el Año Jubilar Franciscano 1226-2026, y una vez más da a conocer el poder de la convocatoria para reunir a distintas generaciones en torno a una devoción que forma parte de la historia de Luque.

El programa ha contado con el tradicional triduo, celebrado con la participación de los sacerdotes José Antonio Tejero Cárdenas y David Ruiz Rosa, y con la jornada central de la procesión y la solemne función religiosa, que tuvo lugar en la mañana del domingo 6 de septiembre.

Una tradición que hunde sus raíces en la historia de Luque

Los cantos de los Auroros forman parte del patrimonio de la cultura popular de la localidad y se inscriben, además, en una tradición mucho más amplia de la Subbética cordobesa.

La tradición de los Auroros no es una creación reciente. Es el resultado de una forma de religiosidad popular transmitida durante generaciones y vinculada a los llamados cantos de la Aurora, que en distintos municipios de la Subbética han conservado repertorios, instrumentos y formas de interpretación propias.

El propio patrimonio inmaterial andaluz reconoce la presencia de los Auroros en localidades como Luque, junto a Priego de Córdoba, Benamejí, Castro del Río, Iznájar, Lucena, Monturque, Rute o Carcabuey.

1982, el año de la recuperación

Si existe una fecha fundamental para comprender la historia contemporánea de los Auroros de Luque, esa es 1982.

Así lo ha explicado en distintas ocasiones el actual hermano mayor, Manuel Higueras Díaz, quien ha recordado que aquel año resurgió la antigua tradición de los Hermanos de la Aurora. La recuperación supuso volver a escuchar por las calles del municipio, en plena madrugada, las coplas dedicadas a la Virgen.

Higueras Díaz explica que aquella antigua agrupación estaba formada por hombres que recorrían las calles acompañando sus cantos con guitarras, bandurrias, laúdes, acordeón, flautas y campanilla.

Además ell propio Higueras señalaba recientemente que el grupo lleva ya “cuarenta y cuatro o cuarenta y cinco años” en esta última etapa de recuperación, después de los distintos momentos de mayor o menor actividad que atravesó la tradición.

La continuidad no ha sido siempre fácil. Pero precisamente ahí reside parte del valor de los Auroros: en haber conseguido mantener una costumbre que ha tenido que adaptarse a los cambios sociales sin perder su esencia.

Las coplas, el alma de la madrugada

Si hay un elemento que distingue las fiestas de la Aurora es la música. No se trata simplemente de acompañar una procesión: el canto es parte esencial del ritual.

El repertorio de los Auroros de Luque conserva decenas de coplas tradicionales. En informaciones publicadas en años anteriores, Manuel Higueras hablaba de más de 50 coplas, Son composiciones transmitidas de generación en generación, en las que se mezclan la alabanza a la Virgen, la religiosidad popular y la propia memoria de los pueblos.

“La música es la misma, pero la letra cambia, lo que cambia es la letra de cada copla”, detallaba Higueras a Cancionero, destacando precisamente una de las características de este repertorio.

Y junto a las voces aparecen los instrumentos que proporcionan a los cantos esa sonoridad tan reconocible: guitarra, bandurria, acordeón, flauta y la inseparable campanilla.

En este sentido, los Auroros de Luque forman parte de una tradición musical común a numerosos municipios de la Subbética. Pero, como ya se ha dicho en muchas ocasiones, aunque las letras puedan ser compartidas entre distintos pueblos, cada localidad aporta su propio son.

La madrugada vuelve a convertirse en protagonista

La jornada central de este año comenzó antes incluso de que amaneciera.

A las 4:30 de la madrugada, los Auroros realizaron su tradicional pasacalles, recorriendo las calles de Luque para anunciar la jornada y animar a los vecinos a incorporarse posteriormente a la procesión.

Después, a las 6:00 de la mañana, la imagen de Nuestra Señora de la Aurora salió de su ermita, situada en la calle Carrera, en el conocido entorno de Las Cuatro Esquinas.

El recorrido llevó a la Virgen por las calles del municipio hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, incluyendo un momento especialmente emotivo al acercarse a la residencia de mayores para que sus residentes pudieran contemplar la imagen.

La música no paro de sonar durante toda la procesión

“Desde que entran hasta que salen están cantando”, apuntaba Manuel Higueras al describir la particularidad de una celebración en la que la música no desaparece prácticamente en ningún momento.

Y es que los cantos acompañan tanto la salida como el recorrido, la entrada de la Virgen en el templo y posteriormente el regreso de la imagen a su ermita.

Una procesión cada vez más participativa

Uno de los cambios más significativos experimentados por esta celebración en los últimos años ha sido la incorporación creciente de mujeres a la procesión y a las tareas vinculadas a la Hermandad.

Desde hace ya algunos años se ha podido ver el protagonismo femenino y la participación de mujeres tanto como colaboradoras como costaleras, contribuyendo a dar mayor vistosidad al cortejo.

En esta edición de 2026, esa participación ha vuelto a ser especialmente visible, confirmando que la conservación de una tradición no implica necesariamente mantenerla inmóvil, sino permitir que nuevas generaciones y nuevos protagonistas encuentren su lugar en ella.

La propia Hermandad reconoce, no obstante, uno de sus principales retos: asegurar el relevo generacional, “lo que pedimos es que la juventud se vaya animando y que se venga”, señalaba Manuel Higueras.

Es precisamente en esa llamada a los jóvenes donde se encuentra uno de los grandes desafíos de los Auroros de Luque. La tradición ha sobrevivido gracias a quienes durante décadas han madrugado, cantado y enseñado las coplas a los que llegaban detrás.

De Luque a la Subbética: una tradición compartida

Los Auroros no son una manifestación aislada de Luque. El canto de la Aurora forma parte de una tradición extendida por buena parte de la Subbética.

La Junta de Andalucía ha señalado, al declarar Bien de Interés Cultural los Cantos de la Aurora de Priego de Córdoba, que esta tradición tiene presencia también en municipios como Luque, y que todos ellos son continuadores de una tradición musical y religiosa con varios siglos de historia.

Esa relación se refleja también en los contactos entre las distintas agrupaciones. A lo largo de los años, los Auroros de Luque han recibido o visitado a grupos de municipios como Monturque, Zuheros, Rute, Benamejí, Castro del Río o Priego de Córdoba.

Este año estaba prevista la presencia de un grupo de Monturque, aunque finalmente no pudo acudir. También se ha mantenido históricamente una estrecha relación con los Auroros de Zuheros, cuya propia situación generacional atraviesa dificultades.

La ausencia de otros grupos, sin embargo, no ha impedido que la tradición luqueña haya vuelto a sonar con voz propia.

La Virgen vuelve a su ermita

El punto culminante de la jornada ha sido la llegada a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde se celebró la solemne Eucaristía oficiada por el párroco David Ruiz Rosa.

La misa constituye mucho más que el final de la procesión. Es la culminación religiosa de una madrugada que comenzó varias horas antes y en la que los Auroros han sido protagonistas con sus cantos.

La solemne función religiosa

La jornada ha tenido además un significado especial al coincidir con la llegada del nuevo párroco, David Ruiz Rosa, quien ha participado por primera vez en esta celebración y ha querido centrar su mensaje en la figura de María y en su papel como anunciadora de Cristo.

Los actos religiosos han estado precedidos por un triduo preparatorio, desarrollado durante los días anteriores. La primera jornada estuvo presidida por David Ruiz Rosa, mientras que las dos siguientes celebraciones estuvieron a cargo del sacerdote José Antonio Tejero.

Durante estos días de preparación se ha puesto de manifiesto, una vez más, la importancia que tienen las tradiciones religiosas para la comunidad luqueña, especialmente aquellas vinculadas a devociones profundamente arraigadas y transmitidas de generación en generación.

La Aurora, un amanecer que anuncia a Cristo

En la celebración religiosa, David Ruiz Rosa ha querido detenerse especialmente en el significado de la Aurora, estableciendo una conexión entre el amanecer y el anuncio de la Resurrección.

El sacerdote ha recordado que el domingo constituye para los cristianos la Pascua semanal, una celebración que remite al gran domingo de Pascua, al amanecer, a la tumba vacía y al anuncio de que Cristo ha resucitado.

En este contexto adquiere un significado especial la advocación de la Virgen de la Aurora.

La Aurora representa ese amanecer que anuncia la llegada de la luz y, desde la perspectiva cristiana, María aparece como aquella que conduce hacia Cristo, que es la verdadera luz.

«María nos trae a Cristo», ha señalado David Ruiz Rosa durante su homilía, al tiempo que ha presentado a Jesucristo como «el sol, que no conoce ocaso».

De esta manera, la celebración de la Virgen de la Aurora se convierte también en una invitación a mirar más allá de la propia tradición y descubrir el significado profundo que encierra esta devoción mariana.

El nuevo párroco ha puesto igualmente en valor la importancia de las tradiciones religiosas que permanecen arraigadas en los pueblos.

Celebraciones como la de la Virgen de la Aurora, ha venido a señalar, forman parte de la identidad de una comunidad y constituyen una herencia que se transmite de generación en generación.

La fiesta de la Aurora permite así unir dos dimensiones inseparables: la conservación de una tradición profundamente vinculada a la historia y a la identidad de Luque y, al mismo tiempo, la vivencia de la fe cristiana que da sentido a dicha tradición.

La celebración ha sido, por tanto, una nueva oportunidad para que los vecinos se reencuentren alrededor de la imagen y de una devoción que continúa formando parte esencial de la vida religiosa y cultural de la localidad.

Una celebración que mira hacia la esperanza

El mensaje pronunciado durante la solemne función religiosa ha estado marcado también por la esperanza.

La imagen de la Aurora, vinculada al amanecer y a la llegada de la luz, conecta directamente con el anuncio cristiano de la Resurrección. Cada domingo, ha recordado el sacerdote, la Iglesia vuelve a proclamar que Cristo ha resucitado.

Y es precisamente María, bajo la advocación de la Aurora, quien señala el camino hacia Él.

Así, la celebración de la Virgen de la Aurora no se limita a recordar una tradición, sino que se convierte en un anuncio de fe: el anuncio de Cristo resucitado y de la esperanza que representa para los creyentes.

Luque ha vuelto a vivir una jornada especial, en la que la devoción a la Virgen de la Aurora, la tradición y el mensaje de la Pascua han vuelto a encontrarse en torno a una celebración con muchos años de historia.

Una vez finalizada la Eucaristía, la imagen regresó a su ermita, cerrando el recorrido y poniendo fin a la jornada grande de las fiestas.

La imagen de la Virgen, que fue restaurada hace algunos años, vuelve así a ocupar su lugar habitual hasta la próxima celebración.

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