Bomberos apagando un incendio
Desde el Parque Comarcal de Baena, los bomberos afrontan largas jornadas con múltiples intervenciones, desde incendios forestales hasta accidentes de tráfico. Apelan a la responsabilidad ciudadana como pieza clave para evitar emergencias.
En pleno verano, mientras las altas temperaturas multiplican el riesgo de incendios, los bomberos del Parque Comarcal de Baena —integrado en el Consorcio Provincial de Córdoba— mantienen una actividad constante que va mucho más allá de apagar fuegos. Intervenciones en accidentes, rescates, formación continua, revisión de material, vigilancia preventiva y coordinación con otros cuerpos de seguridad son solo parte de las tareas que realizan durante turnos de 24 horas.
«Entramos a las nueve de la mañana y nunca sabemos lo que nos vamos a encontrar. Cada jornada es distinta y puede cambiar en segundos», explica Antonio Caballero, bombero del parque. El trabajo comienza con el relevo, la revisión minuciosa de vehículos y equipos, prácticas formativas y simulacros. “Nuestro material debe estar siempre operativo. La seguridad de todos depende de ello”, añade.
En este periodo estival, los incendios forestales y de pastos se disparan, especialmente tras una primavera muy lluviosa que ha favorecido una vegetación ahora seca y altamente inflamable. A esto se suman los frecuentes accidentes de tráfico, habituales durante todo el año, pero más intensos en épocas de desplazamientos masivos. En invierno, aumentan los incendios en viviendas, muchas veces provocados por braseros, chimeneas o sistemas de calefacción en mal estado.
Pese a la vocación y entrega del cuerpo, Caballero advierte de la escasez de recursos humanos y materiales: “Normalmente trabajamos con tres bomberos por turno, y solo en verano se nos refuerza con un cuarto. En muchas intervenciones somos pocos, así que dependemos del apoyo de parques vecinos o de compañeros fuera de servicio”.
El parque de Baena no solo atiende a esta localidad, sino también a Castro del Río, Zuheros, Albendín, Valenzuela, Doña Mencía, Nueva Carteya y otras poblaciones de la comarca, lo que multiplica su responsabilidad y kilometraje de actuación. “Somos comarcales, no locales. Por eso es fundamental tener una red coordinada y suficiente en toda la provincia”.
Entre las actuaciones más destacadas en los últimos meses figuran intervenciones en incendios agrícolas, rescates en viviendas, auxilio en siniestros viales y labores de apoyo en grandes emergencias. Además, el cuerpo realiza tareas preventivas y de reconocimiento del entorno urbano y rural, para conocer accesos, evaluar riesgos y estar preparados ante cualquier eventualidad.
La colaboración ciudadana, subraya Caballero, es clave para prevenir tragedias. “Evitar imprudencias, respetar las normas, mantener las viviendas en condiciones seguras y saber cómo actuar ante un fuego puede marcar la diferencia. Y sobre todo, no obstaculizar nuestras salidas o intervenciones”.
Finalmente, el bombero insiste en que este trabajo, aunque vocacional, requiere una inversión constante en formación, medios y personal.
“La mano del hombre está detrás de la mayoría de los incendios”
Caballero advierte sobre el elevado número de fuegos provocados directa o indirectamente por acciones humanas. Las altas temperaturas agravan la situación, y pide colaboración ciudadana para evitar catástrofes difíciles de reparar.
En un verano especialmente virulento en cuanto a incendios, el 90% de los fuegos tienen un denominador común: la acción humana. Así lo asegura Antonio, quien apunta a una combinación de negligencias, descuidos, accidentes y actos intencionados, como la causa principal de los siniestros forestales que están arrasando con miles de hectáreas en todo el país.
«Las altas temperaturas no causan los incendios por sí solas, pero sí favorecen su propagación a gran velocidad, sobre todo cuando la vegetación está seca y deshidratada», explica Caballero. En este contexto, una colilla mal apagada, una quema no autorizada o un simple descuido pueden ser el detonante de una tragedia natural de grandes dimensiones.
El bombero insiste en que, aunque algunos incendios puedan deberse a causas naturales, como rayos o reflejos en cristales, la mayoría tienen origen humano, y recuerda que los daños en el entorno natural no se reparan como una vivienda o un coche. “Un monte arrasado por el fuego tardará décadas en recuperarse, si es que lo consigue”, lamenta.
Ante esta situación, Caballero lanza un mensaje claro: la prevención y la alerta temprana son fundamentales. «Si alguien ve un conato de incendio, debe llamar inmediatamente al 112. No hay que tener miedo, no se piden datos personales, y es la forma más rápida de activar todos los recursos disponibles», afirma. Además, insiste en respetar las prohibiciones de uso del fuego, no dejar residuos en el campo y extremar las precauciones en cualquier entorno natural.
Incide en que desde el Parque Comarcal de Baena no solo atendemos a Baena, sino también a otras localidades: “Nos gustaría estar en el minuto cero en cada aviso, pero hay veces que estamos atendiendo otro incendio o las distancias son largas. Aun así, hacemos todo lo posible por llegar y actuar lo más rápido que podemos”,
Para Caballero, la responsabilidad es compartida: “Nosotros estamos aquí, pero la ciudadanía también debe implicarse. Solo así podremos evitar que este verano siga dejando un paisaje negro, tanto en la tierra como en el ánimo de todos”.
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