La XX Feria de la Tapa Cofrade y la XXI Cata del Vino miran al futuro con nuevas propuestas.

Ambiente en el Centro de Congresos

La cita reúne hasta el domingo a 16 hermandades y cuadrillas en el Centro de Congresos, con una amplia variedad de tapas, los vinos de Bodegas Jesús Nazareno y un ambiente que vuelve a convertir el encuentro en uno de los grandes puntos de convivencia del calendario baenense

La XX Feria de la Tapa Cofrade y la XXI Cata del Vino de Bodegas Jesús Nazareno avanzan en su vigésima edición como una propuesta plenamente consolidada, pero también abierta a la renovación. Durante estos días, el Centro de Congresos y Exposiciones de Baena se transforma en un espacio de encuentro en torno a la gastronomía, el vino y, sobre todo, a la convivencia entre cofrades, familias, vecinos y visitantes.

Dieciséis hermandades y cuadrillas participan este año en una feria que mantiene la esencia con la que nació, pero que cada edición incorpora nuevos sabores, elaboraciones y formas de presentar sus tapas. Desde propuestas que llevan varios años entre las preferidas del público hasta nuevas creaciones que buscan hacerse un hueco, la oferta vuelve a ser uno de los principales atractivos de la cita.

El ambiente se percibe desde las primeras horas. Cocinas y barras se convierten en pequeños puntos de trabajo colectivo en los que se mezclan la preparación de los alimentos, los pedidos, las conversaciones y los momentos de descanso. Quienes participan reconocen que son jornadas intensas, especialmente cuando llega las horas puntas, pero también destacan la oportunidad de compartir unos momentos con otros hermanos y de disfrutar de una experiencia que se ha convertido ya en una tradición.

Una feria que también se degusta

Entre las propuestas de esta edición aparecen tapas que conservan el respaldo conseguido durante años y otras que buscan sorprender al público.

Unas vuelven a apostar por una de sus elaboraciones más reconocibles, mientras que otras incorporan novedades. Hay propuestas con carne, hamburguesas, crepes, pizzas y elaboraciones más singulares, en una oferta que permite recorrer buena parte de los puestos y descubrir que cada hermandad imprime su propio carácter a la cocina.

En algunos casos, la apuesta por una tapa consolidada responde precisamente a la buena acogida del público. En otros, la renovación llega después de comprobar que existe margen para introducir nuevos sabores.

Así ocurre con la propuesta de una de las hermandades, que ha incorporado un taco elaborado con pan de pita, carne aliñada, lechuga, tomate, queso y salsa. La previsión inicial ronda entre las 400 y 500 unidades, aunque la experiencia de anteriores ediciones demuestra que la demanda puede hacer variar considerablemente las cantidades preparadas.

También hay quien ha encontrado en la hamburguesa una fórmula que funciona, introduciendo variedades como la que combina queso de cabra y cebolla caramelizada o quienes mantienen una apuesta más tradicional porque el público ya identifica la tapa y acude expresamente a buscarla.

La variedad se completa con propuestas como el pan bao relleno de carne, salsa y alioli, la denominada “chapa-pizza”, los crepes dulces y salados o elaboraciones que se mantienen desde hace varias ediciones porque continúan teniendo una respuesta positiva.

La cocina como lugar de convivencia

Uno de los aspectos que más se repite entre quienes trabajan en los distintos puestos es la importancia del ambiente.

Hay turnos de seis o siete personas, grupos que se organizan durante horas y equipos que deben responder rápidamente cuando aumenta la afluencia. Pero, entre pedido y pedido, también hay tiempo para compartir, conversar y acercarse a otros puestos.

La feria genera así una dinámica propia. Cuando el trabajo en una barra lo permite, algunos participantes aprovechan para recorrer otros stands, probar sus tapas y saludar a los integrantes de las demás hermandades.

Esa convivencia se ha convertido en una de las señas de identidad de la Feria de la Tapa. El trabajo conjunto durante los días de celebración permite que las hermandades compartan una experiencia irrepetible y que con los años se recuerda.

El público vuelve a marcar el ritmo

Quienes acuden a la feria coinciden en destacar el ambiente que se genera en el Centro de Congresos. Familias, grupos de amigos y visitantes recorren los diferentes puestos en busca de tapas, mientras la música y las actividades programadas contribuyen a crear un ambiente festivo.

Para muchos asistentes, la Feria de la Tapa se ha convertido en una cita habitual. Algunos regresan cada año para probar las mismas elaboraciones; otros prefieren recorrer los diferentes puestos y descubrir las novedades.

Entre los visitantes también aparece una percepción compartida: después de veinte ediciones, la feria forma parte ya de la agenda de Baena y tiene capacidad para atraer a personas de fuera de la localidad.

La sensación que trasladan quienes participan y quienes acuden es la de encontrarse ante una cita que ha superado la condición de actividad puntual para convertirse en un encuentro gastronómico y cofrade con identidad propia.

Una cata que amplía la experiencia

Junto a las tapas, la XXI Cata del Vino de Bodegas Jesús Nazareno aporta el segundo elemento esencial de la celebración.

Los vinos de la cooperativa acompañan durante estos días a las diferentes propuestas gastronómicas, incorporándose también este año el vermut a la oferta. La combinación permite que el visitante pueda descubrir diferentes referencias de la bodega mientras recorre las propuestas culinarias de las hermandades.

La cata mantiene así su vinculación con una feria que busca poner en valor dos elementos estrechamente relacionados con la identidad gastronómica de Baena: la cocina y los vinos de la tierra.

Veinte años después, la mirada está puesta en el futuro

La celebración de la vigésima edición invita también a pensar en el futuro. Entre quienes participan aparece la idea de que una feria consolidada no debe quedarse inmóvil.

La mejora de la organización, la incorporación de nuevas tapas, la renovación de las propuestas gastronómicas y la búsqueda de fórmulas que permitan atraer a más público aparecen como algunos de los aspectos sobre los que continuar trabajando.

También se plantea la posibilidad de revisar determinados elementos de la celebración, como las fechas, para evitar coincidencias con otros acontecimientos y favorecer una mayor asistencia. Algunas voces consideran que trasladarla a otros momentos del calendario podría abrir nuevas posibilidades, aunque se trata de una cuestión que queda planteada para ser estudiada en próximas ediciones.

La experiencia de estos veinte años demuestra, en cualquier caso, que la feria ha sabido adaptarse. Ha cambiado de ubicación, ha incorporado nuevas propuestas y ha ido modificando algunos elementos de su formato sin perder el carácter de encuentro entre hermandades.

Y precisamente ahí parece estar una de las claves de su continuidad: mantener lo que funciona y, al mismo tiempo, seguir buscando aquello que pueda hacer crecer la feria.

La XX Feria de la Tapa Cofrade y la XXI Cata del Vino afrontan estos días con una propuesta entre tradición y renovación. Las tapas continúan siendo las grandes protagonistas, los vinos de Bodegas Jesús Nazareno completan la experiencia y el público vuelve a tener la última palabra, recorriendo los distintos puestos y convirtiendo el Centro de Congresos en un punto de encuentro.

Veinte ediciones después, la Feria de la Tapa Cofrade sigue teniendo por delante el mismo reto que cualquier iniciativa que aspira a permanecer: conservar su esencia, escuchar a quienes participan y encontrar nuevas razones para que el público quiera volver el próximo año.

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