La imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor recorre Luque

Nuestra Señora del Mayor Dolor en la calla Alta de luque

La Hermandad de Nuestra Señora del Mayor Dolor completa su estación de penitencia del Sábado de Gloria tras cuatro horas de intensa emoción, marcada por el protagonismo de las mujeres, el crecimiento patrimonial y el inicio de una nueva etapa.

La estación de penitencia, que partía a las 18:00 horas desde la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, ha recorrido durante cerca de cuatro horas las calles del municipio, culminando un itinerario cargado de esfuerzo y emoción compartida.

La procesión, que avanzó por enclaves tradicionales como Plaza Alta, Pósito, Velasar, El Prado o Carrera, volvió a reunir a fieles y vecinos que acompañaron a la Virgen en una tarde donde el sentimiento se hizo palpable en cada levantá. La procesión, dejó tras de sí una la imagen de consolidación de una hermandad que, desde sus orígenes humildes, ha sabido crecer gracias al trabajo constante de sus miembros.

Fundada en 1994 prácticamente desde cero, la Hermandad del Mayor Dolor ha experimentado una evolución notable. Su primera salida procesional tuvo lugar en 1999, y desde entonces el crecimiento ha sido progresivo, tanto en patrimonio como en número de hermanos. Hoy, la hermandad cuenta con cerca de 300 integrantes, aunque llegó a rozar los 400, reflejo de una base social sólida que, pese a altibajos, se mantiene activa.

Una de las voces más autorizadas para entender esta trayectoria es la de Conchi Cobo Ramírez, una de las fundadoras de la hermandad y durante 25 años camarera y vestidora de la Virgen. Su testimonio resume el espíritu de una hermandad levantada a base de esfuerzo: “empezamos sin nada, absolutamente nada, todo lo que tiene la Virgen hoy se ha conseguido poco a poco, con rifas, mercadillos y mucho trabajo. Aquí, como se suele decir, las mujeres han sido fundamentales”.

La imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor, de origen anterior a la hermandad, ya presente en el antiguo hospital de Jesús Nazareno, ha sido objeto de diversas restauraciones a lo largo del tiempo. “Estaba en muy malas condiciones cuando la trajimos. El primer arreglo lo hicimos nosotras mismas, como pudimos. Luego ya intervinieron profesionales”, recuerda Conchi Cobo, quien describe la labor de vestir a la Virgen como “un sentimiento que no se puede explicar, algo que se vive desde dentro”.

En la actualidad, la imagen luce un cuidado ajuar y los elementos tradicionales que configuran su iconografía. El relevo en la vestimenta ha sido asumido por un joven vestidor que, según la propia fundadora, “la deja preciosa”, garantizando así la continuidad de una tarea clave en la estética procesional.

Uno de los aspectos más destacados de esta hermandad es el protagonismo femenino bajo el paso. La hermandad, compuesta íntegramente por mujeres, ha vuelto a demostrar su fortaleza y compromiso en una estación de penitencia exigente. Así lo explica la capataz, Macarena Córdoba Cobo, “ser costalera es algo que no se puede explicar. Cuando estás debajo, piensas en muchas cosas, en la Virgen, en los tuyos, y eso te da fuerzas para seguir, aunque el paso pese mucho”.

El esfuerzo físico es evidente. El paso, que anteriormente era portado por hombres, requiere hoy de relevos constantes entre las 68 mujeres que la componen, aunque solo 45 pueden cargar simultáneamente. Momentos como la salida, con milimétrica precisión, o el tramo final del recorrido suponen los mayores desafíos, en una procesión donde la fe se mezcla con la pasión.

La Semana Santa de este año ha estado marcada también por el relevo en la dirección de la hermandad. Ana María Cobo Ramírez ha presidido por última vez la procesión como hermana mayor, manifestando sentirse “feliz y orgullosa” tras años de dedicación. No obstante, continuará vinculada a la junta directiva como vocal, garantizando así una transición estable.

El testigo lo recoge Beatriz Higuera, nueva hermana mayor elegida por unanimidad. Joven y profundamente vinculada a la hermandad desde su infancia, asume el cargo con ilusión y responsabilidad, “para mí es un orgullo, he crecido aquí y quiero seguir trabajando para engrandecer la hermandad y mantener el número de hermanos”.

Entre los retos de futuro, destacan la finalización de proyectos patrimoniales y la consolidación económica. La reciente adquisición de la candelería, valorada en torno a 9.000 o 10.000 euros, ha supuesto un importante esfuerzo. A ello se suman mejoras ya realizadas en el paso de palio, como bambalinas, manto bordado o varales plateados, que configuran un conjunto cada vez más completo.

La Hermandad del Mayor Dolor mira así al futuro sin olvidar su pasado. Lo hace apoyada en una base humana comprometida, en la que conviven experiencia y juventud, tradición y renovación. La procesión de este Sábado de Gloria, no solo ha sido una manifestación de fe, sino también el reflejo de una comunidad que sigue construyendo, año tras año, su propia historia.

En las calles de Luque, el paso de la Virgen ha dejado testimonio de esfuerzo, de emoción y de un legado que continúa avanzando con paso firme

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