La Huerta de Albendín cobra vida con su mercado hortelano y la ruta de la tapa.

Vecinos y vecinas de la comarca se acercan todos los años al Mercado Hortelano de Albendin

Este fin de semana, la pedanía baenense de Albendín celebra dos iniciativas que ponen en valor su identidad agrícola y gastronómica: la ruta de la tapa y el mercado. Un espacio donde el sabor auténtico del campo se une con la tradición culinaria local. Eduardo Lara León, hortelano de toda la vida, nos habla de la riqueza de la huerta de Albendín y de las dificultades a las que se enfrentan los agricultores locales.

Albendín vive este fin de semana una de sus citas más esperadas del verano: el mercado hortelano, acompañado de la ya tradicional ruta de la tapa. Una propuesta que no solo dinamiza la vida social de la pedanía, sino que reivindica el valor del producto de cercanía y la cultura hortícola que tanto ha caracterizado a esta zona del Guadajoz.

Entre los protagonistas de esta feria agrícola está Eduardo Lara León, hortelano de vocación y de sangre, que nos ofrece una mirada honesta sobre el presente y pasado de la huerta pansiverde. “Desde que estaba en la barriga de mi madre soy hortelano”, afirma con naturalidad. Desde niño, recuerda salir con su burro a vender tomates, pimientos y berenjenas por los cortijos de la comarca.

Hoy, aunque la huerta sigue produciendo, la situación ha cambiado. “Las huertas se están perdiendo porque ya no podemos vender en las plazas sin ser autónomos”, lamenta. Esta burocracia y los costes que implica vender al por mayor hacen inviable para muchos agricultores mantener su actividad. “Antes sembraba 3.000 matas de tomate; ahora siembro para el gasto”, confiesa.

A pesar de ello, la calidad de los productos sigue siendo excepcional. Albendín cuenta con una tierra rica, abonada tradicionalmente con estiércol, y un agua de excelente calidad que, según Eduardo, “hace que los tomates sepan a gloria, como si ya llevaran sal”.

La variedad es amplia: tomates óptima, rosa, huevo de toro, los antiguos tomates de botella que se colgaban en las casas, y nuevas variedades en experimentación. La estrella, sin duda, es el tomate de Albendín, que atrae a clientes incluso desde municipios como Martos o Baena. “La gente viene a buscar tomates y pimientos, sobre todo”, dice orgulloso.

La iniciativa del mercado hortelano, por tanto, representa mucho más que un escaparate para el producto local, es una ventana abierta a la historia agrícola del pueblo y una forma de sostener un oficio que resiste. “Es una idea muy buena, porque la gente puede conocer lo nuestro”, añade Eduardo.

Este evento, junto con la ruta de la tapa, ofrece a vecinos y visitantes la oportunidad de disfrutar de la cocina local, elaborada con ingredientes que salen directamente del campo. Una celebración del sabor, del esfuerzo diario de los hortelanos y de la necesidad de mantener viva una tradición que forma parte esencial de la identidad de Albendín.

Albendín se convierte este fin de semana en punto de encuentro entre campo y mesa. Su mercado hortelano y ruta de la tapa no son solo fiestas gastronómicas, sino una reivindicación del producto local, del trabajo de sus hortelanos y de una forma de vida que lucha por perdurar.

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