Miércoles Santo en Baena
Intenso Miércoles Santo con la estación de penitencia de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Huerto y San Diego, una de las más multitudinarias de la Semana Santa. Más de tres mil cofrades, el estruendo de los tambores y la escenificación del Prendimiento convirtieron la jornada en un espectáculo de fe colectiva que se prolongó durante más de tres horas y media.
La jornada del Miércoles Santo en Baena comenzó mucho antes de la salida procesional. Desde primeras horas de la mañana, el sonido inconfundible del tambor llenaba las calles con el tradicional “echar las cajas”, una costumbre profundamente arraigada. Según explica el investigador y cofrade Antonio Mesa, existen referencias documentadas de esta práctica desde 1888, cuando grupos de tamboristas comenzaron a reunirse para tocar en las calles, dando origen a una de las señas de identidad más potentes de la Semana Santa baenense.
Con ese ambiente ya encendido, la tarde avanzaba hacia la salida procesional desde el entorno del convento de San Francisco. A las seis en punto, con puntualidad, comenzaba a fluir el cortejo por las calles del municipio.
Una salida vibrante y llena de emoción
La primera en abrir el desfile fue la imagen de San Diego de Alcalá, profundamente vinculada al origen franciscano de la cofradía, fundada a finales del siglo XVI. Pero todas las miradas estaban puestas en la salida de Nuestro Padre Jesús del Huerto.
Cuando la Banda de Música interpretó el himno nacional, el paso comenzó a asomar por la puerta del templo en medio de una explosión de aplausos, vítores y emoción contenida. El momento alcanzó su punto álgido con el canto de una saeta, que rasgó el aire y silenció por instantes el bullicio para dar paso a una escena cargada de devoción.
Una auténtica marea de historia y tradición inundo a partir de ese momento las calles. Tras San Diego, la tensión dramática se reflejaba en el rostro de Jesús del Huerto, representando la angustia en Getsemaní. Le seguían imágenes de gran fuerza como Jesús de los Azotes, de sobrecogedora expresividad, y Jesús de la Ventana (Ecce Homo), una de las más queridas por los fieles.
Cerraba el desfile Nuestra Señora de los Dolores, envuelta en un respeto absoluto, en un ambiente de recogimiento que contrastaba con la intensidad sonora del resto del recorrido.
El alma de Baena en Semana Santa, el tambor
Uno de los elementos más impactantes de la procesión fue, sin duda, la presencia de las turbas de judíos de la cola blanca y la cola negra. Más de 3.000 tambores marcaron el ritmo de la noche con un sonido seco, constante y profundamente característico.
Ese estruendo, mezcla de piel y metal, no solo acompañaba el desfile, lo definía. Era el pulso de Baena, un lenguaje propio que envolvía cada rincón del recorrido y que convertía la procesión en una experiencia sensorial única.
El Prendimiento.
Si hubo un instante especialmente esperado, ese fue el vivido en la Plaza de la Constitución. Con el espacio completamente lleno de público, se escenificó el Prendimiento de Jesús, uno de los actos más representativos de la Semana Santa baenense.
Las figuras bíblicas rodearon el paso en una recreación perfectamente coordinada del momento de la traición. Sayones, judíos y figuras evangélicas dieron vida a un pasaje que trascendió lo escénico para convertirse en una vivencia colectiva. El silencio, la expectación y la intensidad emocional hicieron de este momento uno de los más impactantes de la jornada.
Participación masiva y fervor popular
La magnitud de la procesión quedó reflejada en las cifras: alrededor de 3.000 cofrades participaron activamente, entre ellos más de 1.100 hermanos adultos, numerosos niños, y las turbas de judíos.
El público también respondió de forma masiva, llenando calles clave como Amador de los Ríos o la propia Plaza de la Constitución, así como la salida y la recogida en San Francisco.
Durante algo más de tres horas y media, la cofradía recorrió Baena mostrando no solo su riqueza patrimonial y artística, sino también su profunda raíz histórica. Fundada por los franciscanos a finales del siglo XVI, esta hermandad sigue siendo hoy una de las grandes protagonistas de la Semana Santa local.
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