Vista panorámica de Baena
La Comunidad de Regantes EDAR-Los Carrizales avanza en un proyecto pionero que permitirá aprovechar las aguas regeneradas de la depuradora de Baena para regar más de 311 hectáreas
Una inversión superior a los tres millones de euros transformará un recurso que hasta ahora terminaba en los cauces fluviales en una alternativa estratégica para el campo baenense
La reutilización de aguas regeneradas se perfila como una de las grandes soluciones para garantizar el futuro de la agricultura en un contexto marcado por la sequía y la creciente escasez de recursos hídricos. En Baena, esa apuesta tiene nombre propio: La Comunidad de Regantes EDAR-Los Carrizales, un ambicioso proyecto impulsado por agricultores de la zona que permitirá aprovechar las aguas depuradas procedentes de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) del municipio.
La iniciativa forma parte del conjunto de proyectos promovidos en Andalucía para fomentar el uso agrícola de aguas regeneradas y se encuentra actualmente en fase de ejecución, con las obras de la balsa de almacenamiento y las conducciones ya en marcha.
Seis proyectos en Córdoba
La comunidad de regantes de EDAR-Los Carrizales es una de las seis existentes en la provincia de Córdoba que han solicitado autorización para utilizar aguas regeneradas procedentes de depuradoras urbanas.
Junto a Los Carrizales de Baena figuran las comunidades de Miragenil, en Puente Genil; Lucena; Aguilar de Frontera-Montilla; Montoro y Camino del Rosario, en Espejo. En conjunto suman cerca de 3.400 hectáreas de regadío que podrían beneficiarse de este recurso alternativo.
La Junta de Andalucía impulsa estas actuaciones a través del Plan de Aguas Regeneradas para el Regadío en Andalucía (PARRA), con el objetivo de reutilizar hasta 20 hectómetros cúbicos de agua en la cuenca del Guadalquivir, el equivalente a la capacidad de un pequeño embalse.
Un proyecto que nació en 2017
El presidente de la Comunidad de Regantes EDAR-Los Carrizales, Domingo León Lozano, recuerda que el origen de esta iniciativa se remonta al año 2017, cuando la Junta de Andalucía abrió una convocatoria para el aprovechamiento de aguas residuales regeneradas.
«En el año 2017 la Junta publicó un decreto de aprovechamiento de aguas residuales en el que a toda Andalucía se le asignaban 20 hectómetros cúbicos para el aprovechamiento de las distintas aguas de las EDAR de cada uno de los pueblos», explica.
Aquella convocatoria obligó a los interesados a actuar con rapidez. Un grupo de agricultores y propietarios de fincas de la zona decidió entonces unirse para presentar una propuesta.
«Nos juntamos un grupillo de amigos y propietarios de fincas que estaban por esta zona y dijimos: ¿y si nosotros solicitamos esto? Buscamos una ingeniería que nos lo hiciera, hablamos con ella y empezamos todo el proceso», recuerda.
La solicitud fue presentada dentro del plazo establecido y, posteriormente, la comunidad resultó seleccionada entre los proyectos aprobados por la administración autonómica.
Nueve años de trámites administrativos
Sin embargo, el camino no ha sido sencillo. Desde la presentación inicial hasta el inicio de las obras han transcurrido casi nueve años marcados por informes, autorizaciones y trámites administrativos.
Tras la aprobación inicial, en 2019 se presentó el proyecto de ejecución definitivo. Posteriormente comenzó un largo recorrido por distintas administraciones.
Primero pasó por los organismos ambientales, un proceso que se prolongó durante varios años y que además coincidió con la pandemia, «Medio Ambiente estuvo cuatro o cinco años con el expediente. Después volvió a pasar por Confederación y otros organismos. Al final, en 2025 conseguimos la concesión definitiva», explica León.
Una vez obtenidos todos los permisos, llegó la licencia municipal de obras y el proyecto pudo comenzar finalmente su ejecución.
Cómo funcionará el sistema
El agua depurada procedente de la EDAR de Baena recibirá un tratamiento adicional antes de ser utilizada para el riego.
Según explica el presidente de la comunidad de regantes, se realizará una última fase de depuración y filtrado para garantizar las condiciones exigidas para el uso agrícola.
«La importancia de este proyecto es que al agua depurada se le hace una depuración más, se filtra y después se bombea hacia una balsa de almacenamiento», señala.
Desde la depuradora, el agua será impulsada hasta una gran balsa situada en la zona conocida como Prado de Mesa, junto al cruce de las carreteras de Doña Mencía y Nueva Carteya.
Una gran balsa de 300 millones de litros
La infraestructura principal del proyecto será precisamente esa balsa de regulación.
La instalación ocupará aproximadamente doce hectáreas de terreno y tendrá capacidad para almacenar unos 300 millones de litros de agua, una reserva fundamental para garantizar el suministro durante los meses de mayor demanda.
«Su objetivo es almacenar agua en invierno para que en verano el consumo o la extracción sea menor», explica Domingo León.
Actualmente las obras de esta infraestructura se encuentran ejecutadas en torno a un 30 %, «ahora mismo estamos aproximadamente al 30 % de ejecución de la balsa», indica.
Las lluvias registradas durante los últimos meses obligaron a paralizar temporalmente los trabajos, aunque las actuaciones ya se han retomado.
Tres frentes de obra simultáneos
El proyecto se desarrolla actualmente en varios frentes de actuación.
Por una parte, se ejecuta la construcción de la balsa de almacenamiento.
Paralelamente se instala la conducción principal que transportará el agua desde la depuradora hasta Prado de Mesa, «hay un equipo montando la tubería de impulsión que va desde la EDAR hasta Prado de Mesa siguiendo aproximadamente el trazado de la carretera de Fuente Guta», explica el presidente.
Además, otro grupo de trabajo se encarga de la red secundaria de distribución que llevará el agua regenerada hasta las distintas explotaciones agrícolas beneficiarias.
También está prevista la instalación de los sistemas de filtrado y bombeo necesarios para la puesta en servicio de toda la infraestructura.
Más de tres millones de euros de inversión
La inversión prevista supera los tres millones de euros, «inicialmente estamos hablando de unos 3,2 millones de euros», señala Domingo León. La cifra definitiva dependerá de la evolución de los trabajos y de posibles ajustes que puedan surgir durante la ejecución.
La comunidad de regantes está integrada por aproximadamente 29 socios directos y dará servicio a una superficie de 311,58 hectáreas, aunque el número real de beneficiarios es mayor debido a la existencia de comunidades de bienes y explotaciones compartidas.
El objetivo: regar en 2027
Los responsables del proyecto mantienen la esperanza de que la infraestructura pueda entrar en funcionamiento durante el próximo año, «nuestra idea es intentar que para mediados del verano del año que viene podamos estar regando», afirma León.
De cumplirse los plazos previstos, Baena dispondrá de una nueva fuente de agua para uso agrícola que permitirá reducir la presión sobre otros recursos hídricos y aumentar la seguridad de las explotaciones agrarias de la zona.
Una apuesta estratégica para el futuro
Los promotores consideran que el proyecto representa una apuesta de futuro para el sector agrícola.
En una provincia donde la disponibilidad de agua se ha convertido en uno de los principales desafíos para el campo, la reutilización de aguas regeneradas aparece como una alternativa cada vez más necesaria.
«Lo único que pasa es que esto es muy lento. Llevamos nueve años con el asunto y en el décimo, con mucha suerte, podremos regar», resume Domingo León.
Tras casi una década de trámites, autorizaciones y gestiones, Los Carrizales está cada vez más cerca de convertir en realidad una iniciativa llamada a marcar un antes y un después en la gestión del agua agrícola en Baena.
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