La Almedina de Baena se engalana y se viste de color para la Virgen del Carmen

Vecinos de la Almedina preparando la alfombra de serrín

La Asociación de Vecinos de la Almedina de Baena ultima los preparativos para la celebración de la Fiesta de la Virgen del Carmen. Durante la noche del 15 al 16 de julio, decenas de vecinos volverán a confeccionar la tradicional alfombra multicolor de serrín de cerca de cien metros de longitud, una labor artesanal que requiere horas de trabajo.

En la víspera de la Virgen del Carmen, cuando el calor del verano comienza a dar una tregua y cae la noche sobre la Almedina de Baena, empieza la difícil y complicada tarea de adornar el Llano de Santa Marina. Cubos, moldes, tiza, escobas, regaderas y sacos de serrín teñido de vivos colores llenan las inmediaciones de la iglesia de Santa Marina. Es el inicio de una tradición que se ha convertido en una de las imágenes más representativas de la festividad de la Virgen del Carmen.

Al frente de los preparativos se encuentra, un año más, la presidenta de la Asociación de Vecinos de la Almedina, Conchi Sánchez Bujalance, que reconoce que el trabajo comenzó mucho antes de la víspera de la fiesta, «ya llevamos unos días de mucho trajeteo. lo fuerte empezará esta tarde, sobre las ocho y media o las nueve, pero el trabajo viene de varios días atrás.»

Sesenta sacos de serrín para una obra efímera

La espectacular alfombra multicolor volverá a cubrir aproximadamente un centenar de metros de la calle que discurre junto a la iglesia de Santa Marina.

Este año habrá incluso más material que en ediciones anteriores, «tenemos bastante serrín, este año han venido unos poquitos más que otros años, habrá aproximadamente unos 60 sacos.»

El serrín, teñido en cuatro colores —rojo, azul, verde y amarillo—, llega cada año desde Valenzuela, «le agradecemos al Ayuntamiento de Valenzuela que todos los años nos facilite el serrín, nosotros trabajamos con los colores que ellos nos envían.»

Uno de los secretos mejor guardados de la noche es el diseño de la alfombra.

Cada edición presenta una composición distinta, diseñada por Jesús Morales, miembro de la junta directiva de la asociación, «todos los años hay un dibujo diferente. Jesús Morales se encarga de hacer los diseños y luego entre todos los vecinos se dibuja sobre el suelo.»

Primero se perfila el diseño con tiza y después comienza el delicado trabajo de rellenar cada espacio con el color correspondiente, «primero marcan el dibujo con tiza y después cada uno va poniendo el color que le corresponde, ya los vecinos saben perfectamente qué parte tienen que rellenar.»

Si hay un enemigo de la alfombra de serrín, ese es el viento, por eso los vecinos miran constantemente al cielo antes de comenzar, «esperemos que esta noche el aire nos deje trabajar, hay años que hemos terminado a las cuatro de la mañana y otros en los que nos han dado las seis y media porque el viento no nos dejaba avanzar.»

La solución pasa por ir humedeciendo constantemente el serrín, «vamos regando para que no se vuele si se levanta el aire.»

Aunque la elaboración del dibujo recae principalmente en los hombres del barrio, la decoración de la calle es tarea de las mujeres de la asociación, «los adornos los hacemos las mujeres de la directiva, cada una pone su granito de arena con lo que sabe hacer.»

Este año, reconoce Conchi Sánchez, los adornos serán algo más sencillos, «estamos más mayores y ya nos viene un poco largo hacer algunas cosas. Hemos preparado una decoración más sencilla, aunque creemos que quedará bonita.»

Veinte años manteniendo viva la tradición

La alfombra de serrín lleva realizándose en la Almedina desde hace casi dos décadas, «llevamos por lo menos entre dieciocho y veinte años haciéndola. La idea surgió con una junta directiva anterior y nosotros hemos seguido manteniendo esa tradición.»

Sin embargo, la presidenta de la asociación reconoce que el relevo generacional comienza a preocupar, «esto es un trabajo muy duro. Ya nos vamos haciendo mayores y, como no lo coja la gente joven, llegará un momento en que será muy complicado seguir haciéndolo.»

Por eso lanza una invitación abierta a toda la ciudad, «invito a todo el pueblo de Baena a que suba y eche una mano, así irán aprendiendo y podrán continuar con esta tradición cuando nosotros estemos ya jubilados.»

Mucho trabajo y también convivencia

La noche de la alfombra supone muchas horas de esfuerzo, pero también momentos de convivencia entre vecinos, «aunque se trabaja mucho, también se pasa muy bien, hay algún berrinche, claro, pero son pasajeros. Lo importante es que estamos todos unidos pasando un buen rato.»

Para muchos, la jornada prácticamente no termina, «yo me levanto por la mañana y ya no paro hasta el día siguiente, entre preparar la alfombra, abrir la iglesia y organizar todo, cuando llega la noche ya llevamos casi veinticuatro horas en marcha.»

La Virgen del Carmen, centro de la celebración

Tras la intensa noche de trabajo llegará el momento de disfrutar de la obra terminada.

A primera hora de la mañana se abrirán las puertas de la iglesia de Santa Marina para recibir a los numerosos fieles que cada año visitan a la Virgen del Carmen.

A las nueve de la mañana se celebrará la Eucaristía, presidida por el párroco Juan Laguna Navarro, y posteriormente tendrá lugar el tradicional desayuno popular con churros y chocolate en el patio del colegio.

La iglesia permanecerá abierta durante toda la mañana para facilitar las visitas.

La jornada culminará por la noche con la solemne procesión de la Virgen del Carmen.

Tras la misa vespertina, la imagen recorrerá el itinerario habitual por las calles del casco histórico, «invito a todo el pueblo de Baena a venir a ver a la Virgen y a acompañarla alumbrando durante la procesión.»

La imagen volverá a lucir cuidadosamente preparada por su camarera, «la Virgen estará, como todos los años, muy limpita, muy guapa y muy bien adornada.»

La confección de la alfombra de serrín se ha convertido en uno de los símbolos del barrio de la Almedina.

Durante unas pocas horas, el serrín teñido de colores se transforma en una auténtica obra de arte efímera que desaparecerá al paso de la procesión. Sin embargo, detrás de ella permanecerán muchas horas de trabajo, semanas de preparación y la ilusión de un barrio que sigue demostrando que las tradiciones sobreviven gracias a las personas que las hacen posibles.

Como resume Conchi Sánchez Bujalance, con una mezcla de cansancio e ilusión, «se trabaja muchísimo, pero merece la pena, lo único que queremos es que la gente venga, disfrute y comparta con nosotros unas horas en el barrio y que esta tradición siga viva durante muchos años más”.

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