Inaugurada la exposición “La poética del espacio urbano en la obra de Pepe Cañete”

Duque, Cañete, Carrasco y Melendo

El artista baenense presenta en la Fundación Cajasol de Córdoba La poética del espacio urbano en la obra de Pepe Cañete, una exposición de 46 obras nacida de siete años de investigación y en la que arquitectura, figura humana, color, tinta y papel dialogan para construir una mirada personal sobre la ciudadad

Hay ciudades que se recorren y ciudades que se recuerdan. Hay calles que se contemplan y otras que permanecen en la memoria. Hay muros que únicamente delimitan un espacio y otros que conservan, superpuestas, las huellas de quienes estuvieron allí. En ese territorio entre lo visible y lo vivido se mueve la pintura de Pepe Cañete, el artista baenense que presenta en la Fundación Cajasol de Córdoba La poética del espacio urbano en la obra de Pepe Cañete, una exposición que reúne 46 obras y que podrá visitarse hasta el próximo 10 de octubre.

La muestra, comisariada por Damián E. Bretones, es mucho más que una colección de paisajes urbanos. Es el resultado de una investigación pictórica iniciada en 2019 y desarrollada a través de diferentes etapas en las que Cañete ha ido experimentando con la tinta, el papel, el color, las manchas, las transparencias, las texturas y la incorporación de materiales procedentes de su propio universo biográfico.

El punto de partida es la ciudad, pero el destino es mucho más amplio: el ser humano, la memoria, el paso del tiempo, la transformación y la propia naturaleza de la pintura.

Siete años buscando una ciudad que no existe dos veces

Pepe Cañete lleva trabajando en este proyecto desde 2019. No comenzó con la intención de realizar una exposición cerrada, sino con el propósito de investigar. Ese matiz es importante para comprender la muestra.

El artista trabaja por series porque entiende que una serie permite investigar, equivocarse, formular hipótesis, modificar caminos y alcanzar finalmente unos resultados. Cada cuadro forma parte de una conversación con los anteriores, “dentro de una serie tienes los pasos, los orígenes, las hipótesis y luego los resultados”, explica.

La ciudad siempre había sido para Cañete un asunto de interés desde el punto de vista histórico y artístico. El reto consistía en llevarla a su pintura y la respuesta no ha sido reproducirla fielmente, sino transformarla.

De las manchas negras al color

La pandemia atravesó el proceso creativo y dejó una huella que todavía puede reconocerse en la exposición.

Durante aquel periodo aparecieron las manchas negras de tinta.

Esas manchas fueron creciendo, ocupando espacios y convirtiéndose poco a poco en un lenguaje propio. Después llegó el color y con él una nueva etapa de experimentación.

La tinta comenzó a relacionarse con diferentes tipos de papel. El soporte dejó de ser un elemento secundario para convertirse en parte fundamental de la obra.

Cañete buscaba un papel que permitiera que la tinta penetrara, que no fuera estucado ni brillante, para conseguir transparencia.

El objetivo era alcanzar algo que una superficie plana convencional difícilmente puede ofrecer: profundidad, estratos, huellas y textura.

El cuadro como un muro de la ciudad

Quizá una de las claves para comprender la exposición se encuentre en la forma en que Cañete construye y destruye sus propias superficies.

Pega, despega, superpone, rasga, oculta y vuelve a mostrar. La imagen aparece y desaparece parcialmente. Los materiales conservan las marcas de lo ocurrido antes.

La analogía con una pared urbana resulta inevitable. En cualquier muro de una ciudad se acumulan carteles, pintadas, capas de pintura, grietas, inscripciones y restos de anuncios que ya nadie recuerda. Un cartel tapa a otro; después alguien lo arranca y aparece debajo una imagen antigua. La superficie se convierte en archivo. En la obra de Cañete ocurre algo parecido.

Domingo Argudo, licenciado en Bellas Artes, destacó precisamente esta forma de trabajar después de recorrer la exposición. Para él, el artista ha jugado con la tinta y el papel, con el “pegar, despegar” y con la eliminación de fragmentos para dejar visible la materia de diferentes momentos.

Es una manera de convertir el cuadro en una especie de memoria estratificada.

La ciudad no son solamente edificios

El proyecto de Cañete comienza hablando de la ciudad, pero rápidamente se pregunta por quienes la habitan. Ese es uno de los aspectos que más destaca Damián E. Bretones en su texto de comisariado.

La ciudad está hecha de edificios, calles, plazas e infraestructuras, pero también de personas, acontecimientos, recuerdos y ausencias. Está hecha de tiempo. La pintura de Cañete se sitúa precisamente en ese punto.

La figura humana aparece vinculada a la materia. No es un elemento añadido a posteriori, sino parte de un mismo territorio pictórico, «intento que la figura humana esté en conexión con las manchas, con las texturas, con la materia, para que sean una sola», explica el artista.

De ahí nace una de las constantes de la exposición: la convivencia entre figuración y abstracción.

Entre la figuración y la abstracción

Cañete no quiere elegir entre representar y sugerir. Sus cuadros pueden contener una figura reconocible, una arquitectura, un tren o un puente, pero esos elementos aparecen atravesados por manchas, transparencias y gestos abstractos.

El espectador puede reconocer algo concreto y, al mismo tiempo, perderse en una superficie que no necesita ser descifrada.

La distancia modifica la percepción. Desde lejos puede reconocerse una arquitectura o una figura. Al aproximarse, la pintura revela otra realidad: incisiones, capas, papeles, tintas y texturas.

Es entonces cuando el cuadro deja de ser únicamente aquello que representa y empieza a mostrar cómo ha sido construido.

2026, la ciudad se abre

La última etapa de la investigación, correspondiente a este mismo año 2026, ha supuesto para Cañete una ampliación de su concepto de ciudad.

El artista sentía que todavía podía avanzar. Aparecen entonces edificios, monumentos, puentes, trenes y otros elementos urbanos. Pero también aparecen el agua, la fauna, la vegetación y las fuentes. La ciudad deja de ser exclusivamente arquitectura.

Una de las obras más recientes lleva al lienzo una interpretación imaginaria del Guadalquivir a su paso por Córdoba. Cielo y tierra, aves y agua se mezclan en una visión que no pretende reproducir literalmente el paisaje. Es una Córdoba imaginada. Una Córdoba transformada por la memoria y por la pintura.

El color como emoción

Si hay un elemento que atraviesa buena parte de la trayectoria de Cañete es el color. El artista lo considera fundamental.

La tinta es la protagonista de esta investigación, aunque también aparecen acuarelas y otros materiales. La combinación de diferentes tintas y soportes genera resultados distintos en cada pieza.

No hay una repetición exacta. Cada cuadro se convierte en un nuevo experimento y esa búsqueda permanente responde a una manera de entender la creación artística: cuando una fórmula ya está agotada, hay que buscar otra, «no puedo estar haciendo lo mismo, no repito», explica Cañete.

Pepe Cañete “quiero que la obra emocione”

Por encima de cualquier explicación teórica, el artista tiene una petición para quienes visiten la muestra: que la pintura les provoque algo, «quiero que les motive, que les apasione», señala.

La palabra que más le interesa es emoción, No quiere imponer al espectador una interpretación cerrada, en definitiva, quiere que cada persona pueda encontrar algo diferente en sus obras.

El color, la composición abstracta y las figuras reconocibles funcionan como puertas de entrada a una experiencia personal. La pintura propone, el espectador completa.

Ana Melendo, “La investigación” como hilo conductor

La catedrática de la Universidad de Córdoba Ana Melendo conoce la trayectoria de Cañete y considera que esta exposición supone una nueva línea dentro de su producción.

Recuerda que en trabajos anteriores el objeto tenía un protagonismo mayor, mientras que ahora el artista se adentra en otro tipo de experimentación, pero existe algo que permanece: la investigación.

Melendo define a Cañete como un investigador incansable de los materiales y de las técnicas.

En su opinión, esa capacidad para experimentar constituye uno de los elementos que dan coherencia a una trayectoria en constante transformación.

También valora especialmente el trabajo desarrollado por Damián E. Bretones como comisario de la exposición.

Damián Bretones y la pregunta de cómo habitamos

Aunque Bretones no pudo asistir físicamente a la inauguración por motivos laborales, su intervención estuvo presente a través de Ana Melendo.

Su texto sitúa el proyecto alrededor de una pregunta: qué significa habitar un lugar. La respuesta no se encuentra únicamente en la arquitectura. Habitar significa también recordar, recorrer, experimentar, dejar huellas y convivir.

En ese sentido, la ciudad que aparece en las obras de Cañete no es una ciudad inmóvil. Es una ciudad que cambia continuamente y  esa transformación se refleja en la propia superficie pictórica.

Juan Cantabrana, una pintura “muy personal”

Juan Cantabrana, conocedor de la trayectoria del artista, valoró especialmente la libertad de la pintura de Cañete.

Considera que se trata de una obra muy personal, reconocible a distancia y capaz de combinar figuración y libertad expresiva.

Entre las piezas que más le llamaron la atención situó una relacionada con el ferrocarril, destacando especialmente la libertad del tren y la conexión de la obra con determinadas tradiciones de la pintura moderna.

Su valoración resume uno de los aspectos esenciales de la muestra: Cañete puede partir de un elemento perfectamente reconocible para convertirlo en otra cosa.

Gabriel Duque, “Pepe refleja su vida en la pintura”

El diputado de Cultura de la Diputación de Córdoba, Gabriel Duque, puso el acento en la enorme creatividad del artista.

Recordó que Cañete no solo desarrolla una actividad pictórica, sino que mantiene una intensa relación con la gestión cultural y con diferentes proyectos vinculados al arte.

Para Duque, esa inquietud explica también la evolución de su pintura, «Pepe es un autor que refleja su vida en la pintura», afirmó y en esta exposición esa vida aparece transformada en ciudad, materia, recuerdos y experimentación.

Javier Flores destaca “la dualidad entre materia y pintura, abstracción y figuración”

Javier Flores, artista de Doña Mencía, presente en la inauguración, aportó una mirada especialmente personal. Su relación con Cañete está vinculada también a la memoria de Baena y a la antigua papelería familiar.

Flores recuerda aquellos años en los que acudía a comprar sus libros de texto y otros materiales a la papelería de la familia Cañete.

Aquel espacio, repleto de objetos, constituye una parte importante del universo material que posteriormente ha alimentado la creación artística de Pepe Cañete.

Flores considera que la exposición cordobesa supone un paso hacia una pintura más centrada en el espacio urbano y destaca especialmente la dualidad entre materia y pintura, abstracción y figuración.

También reivindica la importancia de que el arte contemporáneo tenga presencia en el mundo rural y señala el papel que Baena está desempeñando en ese ámbito.

Domingo Argudo, capas que cuentan historias

La mirada de Domingo Argudo coincide en destacar el carácter experimental de la exposición.

Para el licenciado en Bellas Artes, Cañete ha conseguido buscar la materia y la textura sin abandonar la figuración que forma parte de su lenguaje.

El papel adquiere una especial importancia. Las diferentes capas recuerdan a esos muros urbanos en los que se van acumulando carteles y huellas hasta construir una historia nueva.

La comparación ayuda a entender una exposición en la que el paso del tiempo no solo se representa: se materializa sobre el propio cuadro.

Juan Manuel Carrasco Guerrero, delegado de la Fundación Cajasol en Córdoba

La exposición cuenta además con una dimensión de accesibilidad especialmente cuidada.

Juan Manuel Carrasco Guerrero, delegado de la Fundación Cajasol en Córdoba, destacó durante la inauguración la edición de un catálogo y de una guía de lectura fácil, dentro del compromiso de la institución por acercar la cultura a todos los públicos.

La muestra incorpora también actividades y visitas, con el propósito de que pueda ser disfrutada por grupos diversos.

La inclusión no aparece, así como un elemento añadido, sino como parte de la concepción general del proyecto.

El arte, en palabras de Cañete, debe ser «para todo y para todos».

El respaldo de Córdoba y Baena

La apertura de la exposición reunió a numerosos aficionados al arte, artistas, representantes institucionales, amigos y familiares del creador.

La presencia de personas vinculadas a Baena puso también de manifiesto la dimensión territorial de una exposición que permite al artista trasladar a Córdoba el resultado de una investigación desarrollada durante años.

La Fundación Cajasol se convierte durante un mes en el espacio donde confluyen la trayectoria personal de Cañete, su investigación sobre la ciudad y las miradas de quienes conocen su trabajo.

La muestra en otras ciudades.

El propio artista reconoce que todavía no está decidido el futuro de la muestra una vez concluya su estancia en Córdoba.

Exponer supone mucho tiempo y trabajo, y Cañete ha sido tradicionalmente partidario de cerrar cada proyecto después de su presentación.

Pero esta vez contempla la posibilidad de que La poética del espacio urbano pueda viajar a otros lugares, incluso Baena podría ser algún día una de las paradas, aunque por ahora existen otros proyectos y exposiciones programadas.

El interés despertado por las obras también puede contribuir a que la serie continúe su recorrido.

Una ciudad hecha de huellas

Al final, la exposición de Pepe Cañete no pretende decirle al visitante cómo debe mirar una ciudad, le invita a detenerse, a mirar primero desde lejos y después acercarse, a reconocer una figura y perderla entre las manchas, a identificar una arquitectura y descubrir debajo de ella otras capas, a contemplar un tren, un puente o el Guadalquivir y entender que aquello que se está viendo no es solamente un paisaje, es una experiencia, es memoria, es materia es tiempo y también es pintura.

La exposición se puede visitar del 10 de septiembre al 10 de octubre de 2026 en el siguiente horario, de lunes a sábado, de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas. Domingos y festivos, cerrado

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