Francisco Lozano profundiza en la historia de la Hermandad de San Juan en el centenario de su reorganización

Fotografía de la Hermandad de San Juan de finales de los años ochenta

El investigador y gran conocer de las Semana Santa baenense firma un artículo histórico incluido en la revista conmemorativa de los cien años de la reorganización de la Hermandad de San Juan, perteneciente a la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, Santo Cristo del Calvario y Soledad de María Santísima, en el que aporta contexto, análisis artístico y datos documentales sobre una de las imágenes y devociones más singulares de la Semana Santa de Baena.

Con motivo del centenario de la reorganización de la Hermandad de San Juan, Francisco Lozano ha elaborado un artículo de carácter histórico que forma parte de la revista conmemorativa editada para esta efeméride. El propio autor aclara que su participación se centra exclusivamente en este trabajo de investigación, señalando que “yo en realidad me dedico a hacer este artículo, no tengo nada que ver con la revista”, cuya elaboración ha corrido a cargo de otras personas, entre ellas Maribel González, a quien reconoce su implicación.

El artículo se adentra en la historia de la Hermandad de San Juan dentro de la Cofradía del Dulce Nombre, comenzando por los orígenes de la imagen. Según explica Lozano, el trabajo “tiene un artículo histórico” que arranca con lo más antiguo que se conoce sobre San Juan en la cofradía, deteniéndose en las dos imágenes que ha tenido la hermandad. La primera de ellas, encargada pocos años después de la fundación de la cofradía, costó 14 ducados, “una buena cantidad de dinero ya en aquella época”, aunque fue sustituida en 1706 por una nueva talla.

Sobre esta segunda imagen, tradicionalmente atribuida a Pedro de Mena, Lozano expone las dudas existentes, ya que el escultor falleció en 1688, mientras que la imagen llegó a la cofradía en 1706. Aunque en el testamento de Mena se menciona el encargo de un San Juan, el autor subraya que “prácticamente no había empezado a hacerla”. El encargo quedó en suspenso hasta que, años después, ya en el siglo XVIII, fue retomado por un hermano del primer hermano mayor, lo que lleva a Lozano a plantear con fundamento la autoría de José de Mora, destacado escultor barroco.

El artículo compara rasgos concretos, cejas, pómulos, barba incipiente, bigote y forma del rostro, con otras obras atribuidas a este escultor, como un Cristo conservado en la cripta de Úbeda, lo que refuerza la hipótesis. “Es que se parece tremendamente a la imagen de San Juan nuestra”, afirma, añadiendo que restauradores y especialistas comparten esta atribución.

En cuanto a la propia hermandad, Lozano destaca que es la única que ha existido de forma continuada dentro de la cofradía, al margen de otras realidades devocionales. Recuerda que, históricamente, la Cofradía del Dulce Nombre no contó con hermandades estructuradas hasta el siglo XX, salvo el caso de la Virgen de la Soledad, que siempre tuvo personas encargadas de su cuidado. Tras la marcha de los dominicos del convento de Guadalupe, “prácticamente ahí ya empezó a tener hermandades la hermandad de San Juan”.

El autor subraya también la especial relevancia que la imagen de San Juan ha tenido en Baena, a diferencia de otras localidades donde suele ocupar un papel secundario. “Creo que hay que destacar la importancia que tiene la imagen de San Juan, porque es una imagen buenísima”, señala, apuntando además a la influencia de antiguas hermandades y gremios vinculados a esta advocación, como la existente en la Vera Cruz en el siglo XVIII, que contó con una notable presencia de comunidades religiosas en los entierros de sus hermanos.

Sobre la cronología, Lozano sitúa las primeras referencias documentales de la hermandad a comienzos del siglo XIX, en torno a 1830, cuando ya aparecen hermanos encargados específicamente de portar a San Juan. La hermandad atravesó un periodo de decadencia a finales del siglo XIX, pero se reorganizó definitivamente en 1926, fecha que da origen a la celebración del centenario actual. “Ahí surge la hermandad de San Juan ya ininterrumpidamente, tal como hoy la conocemos”, explica.

En cuanto a las fuentes, el autor reconoce las limitaciones documentales propias de la hermandad, recurriendo principalmente a los libros históricos de la cofradía y a testimonios orales. En este sentido, identifica dos grandes etapas en estos cien años: una primera muy ligada a la familia Pérez Lucena, y una segunda, a partir de la década de 1980, marcada por una mayor apertura y el impulso de hermanas mayores como Pilar Pozo y María González.

Francisco Lozano anima finalmente a los lectores a acercarse a la revista y conocer en profundidad la historia de la Hermandad de San Juan, destacando la importancia de estos trabajos para “conocer un poco de dónde venimos y de dónde somos”, una labor que sigue alimentando la memoria y el patrimonio de la Semana Santa de Baena.

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