“Somos hijos de una misma madre y me tiemblan las piernas cuando me coloco ante ella”, dijo a Cancionero el sacerdote baenense Eugenio Bujalance, a propósito de las fiestas de la patrona de Baena en la iglesia de Guadalupe, cuya novena predica.
El párroco lleva la medalla impuesta ayer de la Virgen “como un regalo, el mayor de los títulos, es más que un símbolo”.
También se presentó el proyecto del simpecado de Guadalupe. Una tradición desde el siglo XVI que defendía el dogma de la Inmaculada Concepción, tradición del “sin pecado concebida” refiriéndose a la Virgen.
Villafranca y Lucena (Parroquia del Carmen y capellán de las Carmelitas), han sido los destinos pastorales de Eugenio Bujalance en cuatro años, desde que se formó como sacerdote. “Que me recuerden como un cura que les quiso mucho y di lo mejor de mí”, les dice a los fieles de Villafranca, en su despedida para afrontar este curso el destino lucentino.
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