Autoridades, miembros de la junta de gobierno y participantes en la actividad
La sede de la Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Baena fue escenario el pasado 25 de abril de un emotivo y participativo acto incluido en el centenario de la reorganización de la hermandad de la Magdalena, donde María del Carmen y Ana Valenzuela ofrecieron una profunda mirada “por y para la Magdalena”, dando a conocer su testimonio, parte de su historia y una cuidada exposición del ajuar de la imagen.
El mundo cofradiero baenense continúa inmerso en la conmemoración de una efeméride de significativa importancia para su Semana Santa: el centenario de la reorganización de la hermandad de la Magdalena perteneciente a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Dentro de este programa de actos, la sede de la Agrupación de Cofradías acogió una cita que destacó por su contenido y su carga emocional, la charla “Por y para la Magdalena. Entre encajes, flores y fe”, acompañada de una exposición del ajuar de la imagen titular.
El acto, celebrado en la tarde del sábado, 25 de abril, reunió a numerosos asistentes que pudieron conocer de primera mano la labor que desempeñan las camareras de la Magdalena. María del Carmen y Ana Valenzuela ofrecieron un testimonio breve, directo, sencillo y profundamente humano que convirtió la cita en “toda una pequeña exaltación al trabajo que vienen llevando a cabo las camareras”.
“Lo que hemos intentado transmitir es cómo vivimos nosotros la tarea de ser camarera, qué sentimiento y cómo lo vivimos prácticamente todo el año”, explicó María del Carmen Valenzuela. Sus palabras reflejaron una dedicación constante, que trasciende lo meramente estético para adentrarse en lo emocional y lo espiritual, “hemos intentado transmitir cómo hemos llegado a asumir esa responsabilidad, desde pequeña, mi padre fue poniendo su granito de arena, transmitiéndonos el amor por la cofradía y el amor por las tradiciones”.
Ese legado familiar es, según explicó, uno de los pilares de su compromiso actual. A ello se suma el trabajo conjunto que realizan dentro del ámbito doméstico, “no podemos llevarlo a cabo sin la labor tan importante también de mi madre, es la que está detrás de cada pespunte, de cada costura”, mientras ellas se encargan de la parte creativa, “idear proyectos, ver cómo se puede engrandecer aún más la imagen”.
La planificación, la constancia y la sensibilidad artística marcan el día a día de esta labor, “con bastante tiempo pensamos lo que va a llevar cuando llegue la siguiente ocasión, cuando llegue la cuaresma”, indicó, subrayando que la dedicación es permanente, “estamos todo el año pensando en la imagen, en cómo va a estar en el camarín, en su día, cómo vaya a salir en procesión”.
Ana Valenzuela fue la encargada de dar a conocer las distintas vestimentas de la imagen, así como del ajuar y su evolución, “cuando abrimos el armario de la Magdalena, también se nota la evolución, cada prenda ha tenido su significado y su sentido”, afirmó, estableciendo un paralelismo con la propia vida cotidiana.
Por otra parte, la exposición instalada en la sede permitió contemplar una selección de piezas que forman parte de ese patrimonio. Aunque se trataba de “una pequeña muestra”, incluía elementos de gran valor artístico y devocional, “las diademas son muy bonitas, el cáliz es una auténtica belleza”, detalló María del Carmen, recordando que “el ajuar se custodia por parte de las camareras”.
Ana Valenzuela profundizó en el significado de ese patrimonio, destacando que cada pieza encierra una historia, “el valor histórico es muy importante, pero siempre va unido al sentimental, porque cada camarera, lo realiza con un sentimiento, una emoción distinta”. Entre las vestimentas expuestas, señaló una especialmente significativa, “la más antigua que nos consta data del año 1960”, aunque también mencionó otra anterior que no ha sido exhibida “para seguir conservándola dentro en las mejores condiciones posibles”.
El crecimiento del ajuar a lo largo del tiempo responde tanto a iniciativas propias como a la implicación de los hermanos, “se reciben donaciones, broches, pendientes, anillos, pañuelos”, explicó, destacando que “pañuelos tiene un gran número” poniendo de manifiesto el cariño colectivo que rodea a la imagen.
El acto también dejó espacio para la expectación, especialmente al hablar de una nueva vestimenta que verá la luz en los actos centrales del centenario. Sin revelar detalles, Ana Valenzuela mantuvo la sorpresa, “no queremos revelarlo, ya se verá cuando llegue”, en referencia a la salida extraordinaria prevista para el 14 de septiembre.
Ambas camareras coincidieron en señalar el carácter único de este aniversario, “mucha gratitud, alegría y satisfacción porque me siento privilegiada de poder haber participado”, expresó Ana. En la misma línea, María del Carmen reconoció la dimensión de este momento, “ser camarera en el centenario es algo muy especial”.
El acto contó además con la presencia del primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Baena, Francisco Vizcaíno, quien no ocultó su emoción, “ha sido un acto emotivo, me genera muchas sensaciones, mucha emoción, mucha gratitud”. Desde su experiencia dentro de la hermandad, ya que fue cuadrillero de la misma, puso en valor “el trabajo silencioso, el cuidado, el cariño y la delicadeza de las camareras” que define su labor, subrayando su importancia en la conservación de la tradición cofrade.
Vizcaíno recordó también vivencias personales vinculadas a la imagen, destacando esos momentos de “intimidad y recogimiento” que forman parte esencial de la Semana Santa, y reivindicó el reconocimiento de quienes trabajan “de forma desinteresada” durante todo el año.
Por último, el presidente de la Agrupación de Cofradías, Juan Carlos Roldán, valoró muy positivamente el acto y el trabajo que realizan las camareras, “me ha parecido un acto muy interesante, conozco muy de cerca el trabajo de las camareras, ya que mi esposa es la camarera de la Magdalena del Domingo de Resurrección”, destacando la relevancia de estos encuentros dentro del programa conmemorativo y “la importancia de dar a conocer esos sentimientos por parte de las dos camareras, es un trabajo que realizan en silencio, que hacen con el corazón y donde luego se fijan muchas miradas, reconocer, por lo tanto, el mérito que tienen”.
En definitiva, la cita permitió conocer el rico patrimonio material de la hermandad de la Magdalena, y poner rostro y voz a una labor muchas veces invisible. Un trabajo constante, minucioso y lleno de devoción que, en palabras de sus protagonistas, se realiza siempre “por y para la Magdalena”, entre encajes, flores y fe.
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