Coro Santa Cecilia
Cuando todavía no había amanecido, las calles de la barriada de San Antón, punto de encuentro del Coro Santa Cecilia, recuperaron el sonido de las coplas del Rosario de la Aurora, una manifestación de religiosidad popular que, vinculada a los cultos en honor a Nuestra Madre y Patrona la Virgen de Guadalupe, en los últimos años, mantiene viva la tradición.
La convocatoria partió a las 7:30 de la mañana desde el barrio de San Antón para ir posteriormente por otras calles del casco antiguo. Una treintena de personas participaron en esta cita incluida en la programación de la Cofradía de Nuestra Madre y Patrona la Virgen de Guadalupe, y que ha contado musicalmente con el Coro Santa Cecilia como se ha indicado anteriormente
Guitarras, bandurrias y, especialmente, el característico sonido de la campanilla fueron marcando el paso de los participantes mientras las coplas marianas se sucedían por las calles todavía en silencio. El ambiente pausado propio de estas primeras horas del día permitió recuperar una estampa que durante décadas estuvo vinculada a la tradición de los auroros.
El recorrido concluyó en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, donde se vivió uno de los momentos más emotivos de la mañana. Antes de la primera misa del día, los participantes ofrecieron un pequeño recital de coplas en la capilla de la Patrona.
La tradición mantiene además un significado muy concreto dentro del recorrido. Los participantes no solo rezan y cantan por las calles, sino que reservan para la llegada al templo unas coplas especialmente dedicadas a la Virgen..
Y es precisamente ese encuentro final ante la imagen de la Patrona el que convierte el recorrido en algo más que una marcha musical por las calles de Baena. Tras el trayecto, el recorrido, las voces se concentran en la capilla para ofrecer a la Virgen las últimas coplas antes de que comience la celebración eucarística.
El Rosario de la Aurora hunde sus raíces en una antigua costumbre religiosa. Los llamados auroros recorrían las calles durante la madrugada para despertar a los vecinos e invitarlos a incorporarse al rezo del Rosario y posteriormente a la primera misa del día, conocida precisamente como misa de la aurora.
En Baena, esta tradición encuentra una de sus expresiones más características durante los cultos dedicados a la Virgen de Guadalupe. El silencio de la madrugada, el sonido de los instrumentos de cuerda y el tintineo de la campanilla crean una atmósfera especialmente reconocible.
La guitarra o la bandurria forman parte del acompañamiento tradicional de estos cantos, mientras la campanilla marca el ritmo y anuncia el paso de los participantes por las calles.
Música y religiosidad popular
La recuperación del Rosario de la Aurora supone también reivindicar una parte del patrimonio inmaterial de Baena. Las coplas transmitidas y recuperadas permiten mantener viva una forma de expresión religiosa que durante generaciones estuvo estrechamente ligada a la vida cotidiana de los barrios y a las celebraciones marianas.
Para José Miguel García, hermano mayor de la cofradía, este encuentro tiene además un componente profundamente emocional, “es nuestra manera de decirle a la Virgen que estamos aquí, con ella, desde que amanece y además en su día”.
Con esa filosofía, el grupo llegaba alrededor de las nueve de la mañana a la Parroquia de Guadalupe, donde las coplas volvieron a sonar ante la Patrona. Un último canto antes de la misa y el cierre de un recorrido que pretende mantener vivo el espíritu de los antiguos rosarios de aurora.
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