El obispo de Córdoba llama a recuperar la paz frente al aumento de los conflictos y la violencia

Monseñor Jesús Fernández

El obispo de la Diócesis de Córdoba, Jesús Fernández, ha difundido una carta pastoral en la que reflexiona sobre la pérdida de la paz en el mundo actual y advierte del aumento de la violencia, la polarización y el gasto militar. El prelado invita a la conversión personal, el diálogo y la educación como caminos para reconstruir la convivencia. 

El obispo de la Diócesis de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha hecho pública su última carta pastoral bajo el título “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14, 27), en la que lanza una profunda reflexión sobre la situación actual del mundo, marcada, según advierte, por el conflicto, la tensión y la pérdida del sentido de la paz.

Partiendo de las palabras de Jesucristo antes de su arresto, el prelado recuerda que la paz es uno de los grandes dones del cristianismo. “La paz de Cristo es una paz desarmada”, subraya, en línea con el mensaje del Papa, insistiendo en que los creyentes están llamados a ser testigos de ese modelo no violento.

En su análisis, el obispo pone el foco en la realidad internacional y social. “Mirando el panorama mundial descubrimos que, lamentablemente, no predomina la paz sino el conflicto”, afirma, aludiendo a guerras actuales y a un clima de creciente confrontación también en el ámbito político y social. A ello suma el impacto de las tensiones familiares y el aumento de problemas de salud mental.

La carta también advierte sobre el incremento del gasto militar y el papel de nuevas tecnologías en los conflictos. En este sentido, señala que “la relación entre los pueblos se está apoyando en el miedo y en el dominio por la fuerza”, lo que, a su juicio, agrava la inestabilidad global.

Ante este escenario, el obispo de Córdoba apuesta por un cambio que debe comenzar en lo personal. “El desarme integral debe comenzar por la conversión del corazón”, recoge, recordando enseñanzas de la Iglesia que invitan a superar el miedo, la desconfianza y el odio.

Asimismo, destaca el papel clave de la educación y de los jóvenes en la construcción de una sociedad más justa. “Deben reaccionar ante la injusticia y defender los derechos de los demás con el mismo vigor con el que defienden los suyos”, señala, insistiendo en la necesidad de frenar las “seducciones del materialismo, del odio y de los prejuicios”.

Finalmente, el obispo lanza un mensaje directo al ámbito político, reclamando más diálogo y diplomacia. En sus palabras, es necesario “defender el derecho internacional” y no permanecer impasibles ante las vulneraciones de derechos humanos.

La carta concluye con una llamada a recuperar la paz como un don que debe cuidarse y cultivarse desde todos los ámbitos de la sociedad, comenzando por el interior de cada persona

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