El Nazareno de Albendín: El silencioso y delicado trabajo detrás de una procesión

Jesús Nazareno de Albendin en procesión

Tres camareras, varios hermanos y muchas horas de esfuerzo se esconden tras la emoción de ver a Nuestro Padre Jesús Nazareno recorriendo las calles de Albendín. La imagen salió en procesión este domingo, 14 de septiembre, tras la eucaristía de las 20:00 h. Hablamos con una de sus camareras. Toñi Arias, y con el hermano mayor de la cofradía, Francisco Javier Marín anrtes, para conocer todo lo que no se ve.

Cada año, el pueblo de Albendín espera con emoción el Día de Jesús, pero pocos saben el esfuerzo que hay detrás de esa imagen que procesiona majestuosa, impecable, casi viva. Nuestro Padre Jesús Nazareno no se prepara solo: lo hacen manos devotas, con décadas de experiencia y fe.

Toñi Arias, una de las camareras de la imagen, lo resume con una frase que lo dice todo: “Eso que lleva la sangre. Eso no se puede explicar.”

Toñi lleva más de 55 años cuidando, vistiendo y mimando a la imagen. “Empecé con siete años y tengo sesenta y dos, y sigo. Si Dios quiere, seguiré”, nos cuenta desvelándonos además que este año lucirá la túnica blanca. Esta elección no es casual: “El día de Jesús puede ir de blanco, y el Viernes Santo, tiene que ir con la túnica morada”, explica.

Vestir a Jesús no es cuestión de minutos. “Entre una hora y dos nos puede llevar”, dice. Es un proceso meticuloso que requiere coordinación y mimo. Por eso no lo hace sola: trabaja junto a Purificación García y Encarnación Garcia, las otras dos camareras, en absoluto recogimiento. “Cuando lo vestimos, estamos las tres solas. Nadie más. Se cierra la puerta.

Y es que vestir al Nazareno no es solo colocar una túnica. Implica mover las articulaciones, retirar las potencias que lleva en la cabeza, preparar cada pliegue y detalle. También coordinar el adorno floral, que varía cada año y cuyo diseño es, literalmente, una sorpresa. “No sé de qué color es el adorno floral”, confiesa Toñi.

El traslado de la imagen a las andas.

Una vez vestido, comienza el siguiente paso: subir al Nazareno a sus andas. Una tarea que Francisco Javier Marín, hermano mayor de la cofradía, conoce bien.
“Hace falta cinco o seis personas para subirlo. Hay que colocarlo bien, anclarlo con tornillos a la peana para que no se mueva. Lleva su tiempo, pero hay que hacerlo con seguridad”, detalla.

Las actuales andas son relativamente recientes. “Llevan con nosotros unos tres o cuatro años. Las anteriores necesitaban una gran restauración, y decidimos que era mejor apostar por unas nuevas”, explica Marín.

Todo se hace con el objetivo de que la imagen esté perfecta en su salida. “Queremos que Jesús salga lo más bonito posible, acorde con la túnica y con el adorno floral”, dice el hermano mayor. La cofradía se encarga de adquirir las flores, mientras que las camareras se ocupan de su colocación.

Las túnicas de Jesús Nazareno

Jesús Nazareno no tiene una sola túnica. Tiene varias, y cada una con su propia historia. “Tiene bordadas, lisas, blanca, morada, roja y una muy antigua”, enumera Marín. Por su parte, Toñi nos aporta un dato “antes Jesús llevaba peluca”, pelo real de la propia Toñi. “Era mi pelo. Mi padre lo tenía guardado. Se usó para la imagen y, aunque ya no la tenemos, aún conservo una foto”, recuerda.

Después de todo ese trabajo silencioso y devoto, llega el momento más esperado: ver salir la imagen por la puerta de la iglesia de Santa María de Albendín. Un instante que, según Francisco Javier Marín, “da un pellizquillo. Aunque lo veas cada día en la iglesia, cuando sale así de bonito, con todos los hermanos alrededor, el cuerpo se te remueve por dentro”.

Y es que tras cada procesión hay una historia invisible: la de las manos que visten, que alzan, que sujetan, que adornan. La de quienes cuidan cada detalle con amor y responsabilidad. La de quienes, sin salir en la foto, hacen posible que una imagen cargada de fe camine por las calles de su pueblo, como cada año.

Este domingo 14 de septiembre, tras la eucaristía de las 20:00 h, el Nazareno volvió a salir. Lo vimos en procesión solemne, radiante. Pero ahora, al mirarlo, sabemos también que cada pliegue, cada flor, cada detalle ha sido preparado con paciencia, con mimo, con pasión de quienes lo preparan con mucha devoción.

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