Autoridades y participantes en la inauguración del Mercado Medieval de Baena
La Plaza Palacio se transforma durante todo el fin de semana en un gran escenario de artesanía, tradición, gastronomía y espectáculos, con la Almedina y el castillo como protagonistas
Cuando el sol comienza a esconderse detrás de los olivares y la temperatura concede una tregua, la Almedina de Baena cambia de época. La Plaza Palacio se llena de puestos, artesanos, familias, música, dulces, productos de la tierra y personajes vestidos para la ocasión. El castillo contempla desde lo alto una escena que, durante tres días, devuelve al corazón histórico de Baena una imagen de otros tiempos.
No es solamente un mercado. Es también una manera de mirar Baena, de recorrer sus calles, contemplar sus paisajes y reencontrarse con un patrimonio que durante este fin de semana adquiere una nueva dimensión.
El Mercado Medieval vuelve a ocupar la Plaza Palacio y su entorno con una programación dirigida a todos los públicos y con un protagonismo especial de la artesanía local. El Ayuntamiento ha reforzado este año el número de puestos y vuelve a apostar por una cita que, desde su recuperación en 2023, quiere convertirse en una referencia del calendario del verano baenense.
Una cita que ya forma parte del verano de Baena
“Otro año más, a finales de agosto, con la puesta del sol de un viernes, llega este mercado medieval”, resume el concejal de Centro Histórico, David Bazuelo, que reivindica el carácter ya consolidado de esta actividad.
El edil destaca, además, que la celebración permite llevar visitantes hasta uno de los espacios más singulares del municipio.
“Muchísimos vecinos y vecinas de Baena y de nuestro entorno vienen a pasear por nuestra Almedina, vienen a esta zona del Castillo”.
Pero para que durante tres noches la Plaza Palacio parezca otra época hay detrás muchas horas de trabajo municipal. Jardineros, electricistas, albañiles, servicios municipales y trabajadores encargados del montaje participan en la preparación del recinto.
Bazuelo también quiso agradecer la presencia de los artesanos locales, “hay muchísima gente de Baena, muchísimos artesanos y personas de Baena que están aquí”.
La invitación queda abierta para todo el fin de semana, “que, durante este fin de semana, viernes, sábado y domingo, se paseen un rato por Almedina y disfruten de esta puesta de sol y de este fresquito que hace aquí arriba”.
Recuperar la vida de la Almedina
La alcaldesa de Baena, María Jesús Serrano, sitúa el Mercado Medieval dentro de una estrategia más amplia para recuperar la actividad del casco histórico, “desde que tomamos posesión en el año 2023 volvimos a recuperar este mercado medieval y nos propusimos consolidarlo para que el corazón de la Almedina se convirtiera este fin de semana en una calle del medievo”.
La elección del lugar no es casual. Baena reúne en su historia diferentes culturas y civilizaciones, una riqueza patrimonial que el Ayuntamiento quiere utilizar también como atractivo turístico, “Baena es íbera, Baena es romana, Baena tiene pasado árabe y también tiene pasado medieval cristiano”, recuerda Serrano.
Para la alcaldesa, ese patrimonio debe contribuir a generar actividad económica, “hay una necesidad y una apuesta de este equipo de gobierno por diversificar la economía en torno al turismo patrimonial, turismo cultural, a un turismo sostenible”.
La celebración tiene además un objetivo de barrio: devolver protagonismo a la Almedina y conseguir que sus vecinos y visitantes la disfruten, “dijimos que íbamos a dotar de vida a este centro histórico, al casco histórico y a la Almedina y no paramos de traer actividades al mismo”.
Para facilitar la llegada hasta la zona alta, el Ayuntamiento ha habilitado durante estos días un servicio de autobús desde la puerta de los Núñez de Prado, para personas mayores o con dificultades de accesibilidad, “no hay ninguna excusa para no subir a la Almedina, para ver la puesta de sol, para ver nuestro castillo”, señala Serrano.
Destacar también que, junto al patrimonio, también están presentes algunos de los productos que mejor representan a la tierra: aceite, vino, quesos y artesanía.
Un mercado que se construye desde cero
Cuando el visitante llega y encuentra la Plaza Palacio llena, puede tener la sensación de que todo estaba allí esperando. Pero la realidad es otra.
Óscar Rodríguez, miembro de la organización, conoce bien el proceso. Cada mercado comienza prácticamente desde cero porque cada localidad presenta unas condiciones diferentes, “cada pueblo es distinto, cada plaza es distinta y con cada mercado medieval empezamos siempre completamente de cero”.
En Baena, además, hay un elemento que condiciona y al mismo tiempo engrandece el montaje: las vistas, “tenemos un castillo precioso, unas vistas que son inmejorables y la verdad que la gente responde muchísimo”.
La plaza se convierte así en un gran balcón sobre el paisaje de olivos y montes y cuando el sol empieza a caer, el escenario adquiere buena parte de su encanto.
Para Rodríguez, las puestas de sol de este lugar constituyen uno de los grandes atractivos del mercado, “las vistas que tenemos alrededor, la cantidad de olivos, de montes, de las puestas de sol que hay aquí, no las vas a encontrar casi en ningún lugar de España”.
Le presencia de la artesanía.
El mercado reúne puestos llegados desde diferentes lugares, pero con una presencia destacada de la artesanía local. En total, según se desde la organización, son 18 puestos de artesanía de Baena, además de la taberna local.
Cerámica, madera, cuero y diferentes oficios tradicionales forman parte de una oferta que busca que cada puesto tenga su propia personalidad.
En este sentido, se incide una de las cuestiones que más preocupan a quienes organizan este tipo de acontecimientos: que lo medieval no se convierta simplemente en una estética.
Rodríguez lo resume de esta forma, “un mercado medieval no debe tener todos los puestos vendiendo lo mismo”.
La esencia, apunta, está en encontrar productos diferentes y, sobre todo, elaborados realmente por artesanos.
Por eso la plaza se convierte estos días en una pequeña muestra de oficios, creatividad y formas de trabajar que difícilmente encuentran otro espacio para mostrarse.
La Edad Media también se explica jugando
El mercado tiene también una mirada especial hacia los niños. En el campamento medieval pueden acercarse a las armas y a determinadas formas de combate de aquella época, pero también descubrir que muchas de las imágenes que han recibido a través del cine poco tienen que ver con la realidad histórica, “el tema de las armas, por ejemplo, no refleja la realidad de lo que fue y aparece en las películas”, detalla Rodríguez.
La programación infantil se completa con talleres diferentes a lo largo del fin de semana, de manera que los pequeños puedan volver y encontrarse con nuevas actividades.
Y mientras ellos descubren, juegan y participan, los mayores tienen su propio espacio: pasear entre los puestos, sentarse a comer, conversar y disfrutar de una noche de verano en uno de los lugares más singulares de Baena.
Cuando la oscuridad gana terreno, el mercado cambia de ritmo. La música tradicional, los malabaristas y los artistas recorren la plaza hasta que llega uno de los momentos más esperados, “siempre procuramos rematar la noche con un espectáculo de fuego”.
Las llamas, los malabares y las espadas ardientes ponen el punto espectacular a unas jornadas que concentran buena parte de su programación desde las ocho de la tarde hasta pasada la medianoche.
Entre los elementos destinados a los niños aparece también el huitoma, una atracción sencilla que funciona sin electricidad y que recupera el espíritu de los antiguos juegos de feria, “no tiene ningún tipo de motor, nada más que una manivela y con la manivela la fuerza humana gira”, señala Rodríguez.
Hasta ocho niños pueden disfrutar simultáneamente de esta atracción. Es, en cierto modo, una vuelta a una forma de jugar más sencilla, alejada de la tecnología y basada en algo tan elemental como empujar, girar y compartir.
Artesanos que forman parte de la historia del mercado
Entre los puestos hay también historias personales. Una de ellas es la de Carmeli Piernagorda, artista y artesana de Baena, que conoce esta cita prácticamente desde sus primeros pasos.
Recuerda aquellos primeros mercados en el entorno del Arco de la Villa, cuando los puestos estaban mucho más juntos y el espacio resultaba más reducido. Con el tiempo, la actividad creció y la Plaza Palacio se convirtió en su actual escenario.
Este año, Carmeli valora especialmente la distribución, “me gusta cómo está planteado porque todos los puestos están visibles”.
Desde su puesto ofrece los tradicionales abanicos e imanes con motivos locales. Pero son los abanicos los que están encontrando una mayor respuesta entre el público.
Su presencia en el mercado es también una muestra de que la artesanía no termina cuando se monta el puesto. Carmeli continúa creando y pintando durante la propia celebración, convirtiendo el trabajo artesanal en parte del espectáculo cotidiano del mercado.
El sabor más dulce de la Plaza Palacio
Hay otros puestos que atraen al visitante por el olor antes incluso de que pueda verlos para que se puedan degustar los productos típicos de este tipo de fiestas y de la tierra o el de otros lugares como es el caso de las garrapiñadas y los dulces artesanales.
Carmen, llegada desde Aguilar de la Frontera, participa en diferentes ferias y mercados y considera que Baena cuenta con uno de los escenarios más atractivos, “el mercado de Baena me parece precioso, es uno de los más bonitos”.
Almendras, pistachos, macadamias, pipas y otros productos pasan por el azúcar para convertirse en dulces elaborados en el propio puesto.
Es la parte más golosa de una plaza en la que la gastronomía se convierte también en una forma de viajar al pasado.
El paisaje de Albendín convertido en sal
Desde Albendín llega otro producto con una fuerte identidad propia: la sal.
Rafael Espartero Castilla presenta diferentes variedades procedentes de las salinas y explica al visitante que detrás de un producto aparentemente cotidiano existe todo un mundo de matices.
Flor de sal, sal virgen, escamas o sal piramidal tienen diferentes características y usos”.
Las salinas se han convertido también en un atractivo para quienes quieren conocer de cerca cómo se obtiene este producto. Las visitas permiten descubrir un paisaje y un proceso de producción que, como explica Rafael, despiertan la misma curiosidad que una visita a una almazara.
Así, el mercado sirve también para acercar al visitante una parte del territorio que quizá no conocía.
Un puesto que habla de solidaridad
Entre la artesanía y la gastronomía aparece también una historia diferente: la solidaridad.
Pilar Bujalance representa a las Dominicas Seglares, que participan en el Mercado Medieval con un puesto destinado a recaudar fondos para ayudar a las religiosas del convento de Madre de Dios, “es una cita que todos los años esperamos con muchísima ilusión, porque esta parte de Baena necesita también este tipo de actividades que le dan vida al barrio”.
En el puesto pueden encontrarse cuadros, camisetas, rosarios, medallas y diferentes objetos cedidos por colaboradores. También productos relacionados directamente con las propias religiosas, entre ellos su conocido bizcocho y la limonada.
Pero el puesto tiene un significado que va más allá de la venta. Pilar recuerda la estrecha relación entre el convento y Baena y reivindica la presencia de las monjas en la vida de la localidad.
Por eso su mensaje final es una llamada a no olvidar ese vínculo, “no las olvidéis, que nos hacen falta ellas a nosotros mucho y nosotros a ellas”.
Tres noches para encontrarse
Y quizá sea precisamente ahí donde el Mercado Medieval encuentra su verdadero sentido.
No solamente en los puestos ni en las actividades. Tampoco únicamente en las armas, los disfraces, la música o el fuego. Su fuerza está en conseguir que durante unas horas la gente vuelva a encontrarse en la calle, en un espacio patrimonial que forma parte de la identidad de Baena.
Es la artesana que espera al visitante, el dulce que se elabora delante del público, la sal que llega desde las salinas de Albendín, los productos de Baena convertidos en recuerdos. el bizcocho de las monjas, los niños descubriendo antiguos juegos y las familias compartiendo una mesa mientras cae la noche.
Pero, sobre todo, una plaza que deja de ser solamente un lugar de paso para convertirse en escenario.
Óscar Rodríguez lo resume con una invitación que sirve también como cierre, “que se animen a venir y que se animen a conocer Baena, tanto si está el mercado como si no, porque es un pueblo que sorprende”.
La Almedina ya está preparada. El castillo espera. Los puestos comienzan a iluminarse y el paisaje se pierde poco a poco en la penumbra.
El día se marcha sobre los olivares y comienza la noche medieval.
Durante tres días, Baena vuelve a caminar por su historia y lo hace desde uno de sus lugares más historia y emblemáticos, una Plaza Palacio que, entre artesanía, tradición, gastronomía, música y fuego, vuelve a demostrar que el patrimonio no solo se conserva, también se vive.
La Almedina ya está preparada, el castillo espera, el sol cae sobre los olivares y la noche empieza a encenderse, Baena vuelve, por unos días, a caminar por la Edad Media.
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