El alcalde de Luque con el Grupo Albenzaide el día de la inauguración
La muestra reúne 29 obras de 25 artistas locales, en su mayoría mujeres, que dan vida al bodegón como expresión creativa. María Olmedo, directora del grupo, nos habla de la pasión, el proceso y la evolución artística de este colectivo que lleva más de una década compartiendo arte con la comarca.
“Estamos de nuevo en casa”, dice María Olmedo, directora del Grupo Albenzaide, mientras nos recibe en el Museo «Luque, Tierra de Fronteras», espacio que acoge desde hace años las creaciones de este colectivo artístico. “Para nosotras, este museo es un lugar fantástico porque nos permite exponer, compartir lo que hacemos durante todo el año”, añade.
Desde sus orígenes en 2012, este grupo ha sido mucho más que un taller de pintura. Ha sido una vía de encuentro, crecimiento personal y superación. “El arte es motivación, el día a día puede ser muy monótono, pero el arte te llena, te mueve por dentro, nos da vida”, afirma Olmedo.
El Grupo Albenzaide nació en el antiguo Hospital Jesús Nazareno de Luque. María, pintora de vocación, no tenía previsto formar un grupo, pero fue animada por otras mujeres del centro. “Una compañera me dijo: ‘María, tú que sabes pintar, ¿por qué no formas un grupo?’ Al principio dudé, pero otra se ofreció como primera alumna y trajo a su amiga, a su nieta… Y así empezó todo”, recuerda.
Aquel pequeño grupo de entusiastas ha crecido hasta formar un colectivo de unas 40 personas, 39 mujeres y un hombre, de edades comprendidas entre los 40 y más de 80 años. “El grupo se mantiene fiel desde sus inicios y eso es muy valioso”, destaca su directora.
El bodegón como género pictórico
La exposición actual está centrada en el bodegón como género pictórico. Una elección que no fue sencilla. “Al principio, muchas estaban reacias. Pero les dije: en el arte hay que tocar todas las teclas y apostamos por los bodegones”, explica María Olmedo.
El resultado es una colección titulada “Entre flores, frutos y tinajas: El bodegón”, compuesta por 29 cuadros de 25 artistas. Algunas alumnas han expuesto más de una obra. Los temas predominantes: jarrones, flores, copas de vino, frutas, cristal, y una fuerte carga emocional, “cada persona pone todo su empeño en que lo que pinta tenga vida”, asegura.
Proceso creativo: del boceto a la obra
Las obras, realizadas en óleo y acrílico sobre lienzo y tabla, reflejan un trabajo meticuloso y un aprendizaje compartido. “Primero buscamos el motivo, a veces se crea un bodegón real, se le hace una fotografía y se trabaja a partir de ahí. Luego viene el boceto a lápiz, la elección de los colores, la mezcla… algunas hasta usan la paletina de albañil para ciertas texturas”, explica la directora.
Uno de los aspectos más emocionantes del grupo es la conexión entre sus integrantes. “Las que empiezan están aprendiendo las mezclas, y yo estoy para ayudarlas. Pero hay quienes ya dominan. Si alguien quiere conseguir un color concreto, lo sacamos juntas. Aquí se aprende entre todas”, cuenta Olmedo.
El espíritu de colaboración es tan fuerte como la dedicación. “Aunque no tenemos subvenciones, el grupo se mantiene por sí mismo. Cada una compra sus materiales, su lienzo, sus pinceles, estamos a la espera de una posible ayuda local, pero de momento funcionamos por pasión”, reconoce.
Preguntada si se venden las obras, responde afirmativamente, “sí, se pueden adquirir, si alguien está interesado en una obra, solo tiene que decirlo, la propietaria decide si quiere venderla o no, pero claro que sí, están disponibles para el público”, confirma Olmedo.
En cuanto al futuro asegura ser muy prometedor, ya trabajan en su próxima exposición prevista para diciembre. Mientras tanto, María lanza una invitación a la comarca: “yo animo mucho a que la gente venga, el arte te llena, hay quien conecta con la música, la gastronomía, la pintura… cada uno con lo suyo, pero esto, lo que hacemos aquí, llega muy hondo”.
También hace una llamada para ampliar el grupo, especialmente a los hombres, “tenemos un hombre que empezó sin saber nada, y hoy ya tiene su cuadro en la exposición. ¡Y está evolucionando genial! A ver si se animan más”.
Más allá de lo artístico, el taller cumple una función terapéutica y social. “Este centro no puede caer. Aunque a veces no se pueda asistir por motivos personales, saber que está ahí es importante. Aquí, por unas horas, los problemas desaparecen. Solo estás tú, tu pincel y tu cuadro”, concluye Olmedo.
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