El Cristo del Perdón recorre la Almedina de Baena en una estación de penitencia marcada el silencio

Salia de la cofradía de la Parroquia de Santa María la Mayor

La Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón (Silencio), presidida por su hermano mayor Julián Muñoz Bujalance, completa su Vía Crucis en la madrugada del Viernes Santo entre recogimiento absoluto, tradición centenaria y una atmósfera única en el casco histórico de Baena.

La madrugada del Viernes Santo ha vuelto a confirmar por qué la Semana Santa de Baena es una de las más singulares de Andalucía. A partir de la 01:00 horas, cuando la noche alcanza su punto más profundo, la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón (Silencio) ha realizado su estación de penitencia en un Vía Crucis que deja tras de sí una estampa de sobrecogedora intensidad espiritual.

Presidida por su hermano mayor, Julián Muñoz Bujalance, quien afronta su cuarta Semana Santa en el cargo tras más de 27 años vinculado a la hermandad, la cofradía partía con el objetivo de mantener la esencia de una de las procesiones más austeras y recogidas de la Semana Santa baenense, y así ha sido.

La salida tuvo lugar desde la Iglesia de Santa María la Mayor, tras las palabras del consiliario, Juan Laguna Navarro, que marcaron el inicio espiritual del Vía Crucis. La Puerta del Ángel se convirtió, una vez más, en el umbral simbólico entre el templo y la noche, acogiendo la primera estación de un recorrido que se adentra en la histórica Almedina.

Desde ese instante, el silencio se impuso como norma y lenguaje. Un silencio absoluto, profundo, que envolvía cada rincón del casco antiguo, donde las luces permanecían apagadas y solo los faroles de vela ofrecían una iluminación tenue y vacilante. En ese ambiente casi irreal, la imagen del Cristo del Perdón avanzaba lentamente, sostenida directamente en la cruz por cuatro cofrades, sin trono ni artificios, en una de las representaciones más puras de la penitencia.

La estación de penitencia, formado por hermanos que caminaban en fila de a uno, portando cruces de madera o faroles, ofrecía una estampa de gran sobriedad. El sonido de las cadenas arrastradas por algunos penitentes, símbolo de promesa y sacrificio, se mezclaba con el golpe seco y grave de una tambora tocando a duelo. Cada sonido, por mínimo que fuera, adquiría una dimensión casi litúrgica en medio del silencio.

Uno de los momentos más impactantes de la madrugada se vivió en el tramo inicial hacia la Plaza Palacio, junto al convento de las Madres Dominicas de Madre de Dios. Allí tuvo lugar el tradicional cruce con la única cuadrilla de judíos arrepentidos “Enlutados”. El contraste fue inmediato: el silencio sepulcral se vio rasgado por el redoble intenso de los tambores, generando una tensión sonora que estremeció a los presentes y subrayó la singularidad de la Semana Santa baenense.

El recorrido por la Almedina, con sus calles estrechas, empinadas y cargadas de historia, favorece el recogimiento y la introspección. Cada estación del Vía Crucis se convierte en un alto en el camino para la oración, en un diálogo íntimo entre el cofrade y el misterio que se representa. La primera y la última estación se celebran en el interior del templo, cerrando un círculo que une lo espiritual con lo físico, lo interior con lo exterior.

La cofradía, fundada en 1962 y con sede canónica en la Iglesia de Santa María la Mayor, cuenta actualmente con alrededor de 260 hermanos, de los cuales unos 170 participan activamente. La presencia de jóvenes en sus filas es un elemento clave para su continuidad, garantizando que esta forma de entender la Semana Santa, basada en la austeridad, el silencio y la oración, perdure en el tiempo.

Los preparativos de la estación de penitencia comienzan horas antes en el entorno del castillo de Baena, donde se realiza el reparto de cadenas y faroles. Desde allí, los hermanos se dirigen en formación hacia el templo, anticipando ya el ambiente de recogimiento que marcará toda la madrugada.

Durante la Cuaresma, la cofradía desarrolla un intenso programa de actos, entre los que destaca la misa de regla, celebrada el primer sábado tras el Miércoles de Ceniza. En ella se entroniza la imagen en el altar mayor y se realiza el ejercicio de las Cinco Llagas, un Vía Crucis interior que prepara espiritualmente a los hermanos para la Semana Santa.

En el ámbito patrimonial, la hermandad continúa avanzando con proyectos que buscan preservar la imagen titular.

La estación de penitencia de este año, desarrollada sin incidencias y bajo condiciones favorables, ha vuelto a poner de manifiesto la fortaleza de una tradición que se mantiene fiel a sus raíces. En un tiempo donde el espectáculo gana terreno, la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón reivindica el valor del silencio como forma de expresión.

Cuando las últimas luces se apagan y el cortejo regresa al templo, queda en el ambiente una sensación difícil de describir: la de haber asistido a algo más que una procesión.

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