Del imaginario simbólico a la experiencia sonora: el Barroco musical en diálogo con el patrimonio arquitectónico

Autoridades, organizadores y grupo en la sede de la Agrupación de Cpfradías

La Fundación Centro de Documentación Juan Alfonso de Baena organiza un acto cultural en el que convergen historia, arquitectura y música en un espacio de alto valor patrimonial: la Casa de la Condesa de Baena. Este enclave, representativo de la arquitectura aristocrática de la Edad Moderna, se convierte en escenario de una propuesta artística que trasciende lo meramente musical para situarse en el ámbito de la reconstrucción histórica y estética.

El concierto corre a cargo de Nihil Ensemble, formación especializada en la interpretación de música antigua con criterios historicistas. Su labor se orienta hacia la recuperación de repertorios que permiten reconstruir los paisajes sonoros de siglos anteriores, estableciendo un diálogo entre pasado y presente. Integrado por Abigail Horro, Juanjo Monroy y Luis Vives Balaguer, el grupo centra su investigación en las conexiones culturales entre España y América, evidenciando la permeabilidad de las tradiciones musicales a ambos lados del Atlántico.

El programa, titulado De la Bruja al Zarambeque, propone un recorrido simbólico que articula un tránsito desde lo místico hacia lo festivo. La figura de la bruja remite a imaginarios vinculados a la superstición y lo oscuro, mientras que el zarambeque encarna lo popular y lo cotidiano. Este contraste no solo responde a una oposición estética, sino que refleja la coexistencia de diversas esferas culturales en el Barroco español.

El zarambeque, en particular, es una danza de origen afroamericano que se populariza en la España de los siglos XVII y XVIII. Su ritmo, lleno de síncopas, y su forma de bailarse, más libre y expresiva, chocan con las normas sociales del momento, que la ven como atrevida o poco decorosa. Además, se pensaba que este tipo de músicas y bailes podían alejar a las personas de Dios, ya que fomentaban el deleite corporal y lo festivo. Por este motivo, la Iglesia se mostraba contraria a estas prácticas, no tanto por su contenido en sí, sino porque cuestionaban las reglas de comportamiento y moral pública de la época.

En este contexto, el programa musical se configura como un itinerario que pone en relación la música culta de ámbito catedralicio con las manifestaciones del folclore urbano, incorporando además elementos derivados de creencias populares propias de la Edad Moderna. Se ofrece así una visión integradora que permite comprender la complejidad del panorama sonoro barroco.

El espacio que acoge el concierto refuerza esta lectura histórica. La Casa de la Condesa de Baena, actual sede-museo de la Agrupación de Cofradías, se presenta como un exponente significativo del barroco civil local. Su estructura, organizada en torno a un patio porticado, responde a las funciones simbólicas y sociales de la élite del siglo XVIII. Las intervenciones de restauración, entre ellas la dirigida por el arquitecto Mateo Gayá Prado, han permitido preservar su valor patrimonial y adaptar el inmueble a usos culturales contemporáneos.

Más allá de su dimensión arquitectónica, el edificio custodia un importante legado de arte sacro y tradición devocional, constituyéndose como un espacio donde confluyen lo material y lo inmaterial. Esta condición otorga al recinto una especial densidad simbólica, que transforma cualquier manifestación artística en una experiencia cargada de significación histórica.

El concierto establece, en este sentido, un diálogo entre la piedra y el sonido. La interpretación de música renacentista y barroca en un espacio de características acústicas afines a su contexto original permite recrear las condiciones para las que estas obras fueron concebidas. Instrumentos de cuerda pulsada y percusión ligera encuentran en este entorno una resonancia que favorece la reconstrucción de la experiencia estética del pasado.

De este modo, la Casa de la Condesa deja de ser un simple espacio patrimonial para convertirse en un lugar vivo y lleno de significado. La música actúa como un elemento dinamizador que nos transporta en el tiempo, permitiéndonos revivir tanto la solemnidad de la vida nobiliaria como la vitalidad y riqueza de las expresiones populares.

El recorrido musical culmina en el zarambeque, cuyo ritmo irrumpe como símbolo de la capacidad del arte para trascender el tiempo. La propuesta de Nihil Ensemble no solo recupera un repertorio, sino que restituye un contexto cultural, permitiendo al espectador habitar, aunque sea de forma efímera, el universo sensorial del Siglo de Oro.

Así, si la arquitectura se ha descrito a menudo como “música congelada”, este concierto propone el camino inverso: la música devuelve a la piedra su vibración original y reactiva la dimensión sonora para la que fue concebida. Se crea, de este modo, una experiencia en la que historia, arte y espacio se unen en una misma reinterpretación cultural.

Manuel Cortés García

Director de la Fundación Centro de Documentación Juan Alfonso de Baena.

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