Participantes en la Vendimia Flamenca 2026
La localidad cordobesa vuelve a convertirse en punto de encuentro para los aficionados al flamenco con un cartel protagonizado por Alfredo Tejada, La Yiya, Rocío Segura y Paula Rodríguez, en una noche que también estuvo marcada por el homenaje a Juan Ortega Chacón por su trayectoria y compromiso con la divulgación del arte flamenco
Celebrada la 54ª edición de la Vendimia Flamenca, una cita que han conseguido sobrevivir al paso del tiempo hasta convertirse en parte inseparable de la identidad cultural de la localidad. Más de medio siglo después de aquella primera edición, el festival mantiene intacta su vocación de reunir sobre un mismo escenario a artistas de diferentes generaciones y sensibilidades, ante un público conocedor, exigente y profundamente vinculado al arte jondo.
El cartel de esta edición reunió al cante a Alfredo Tejada, La Yiya y Rocío Segura, acompañados respectivamente por las guitarras de Antonio de la Luz y Rafael Trenas. El baile corrió a cargo de Paula Rodríguez y su cuadro flamenco, mientras que la presentación volvió a estar en manos de Juan Ortega Chacón, una figura estrechamente ligada desde hace años a la Vendimia Flamenca y a la divulgación del flamenco en Andalucía.
La noche tuvo, además, un significado especial por el reconocimiento tributado a Ortega, cuya trayectoria como presentador, historiador, conferenciante y estudioso del flamenco fue puesta en valor por el Ayuntamiento de Doña Mencía.
Un festival que forma parte de la historia del flamenco
Hablar de la Vendimia Flamenca es hablar de una tradición que ha acompañado durante décadas la vida cultural de Doña Mencía. Así lo resumía su presentador, Juan Ortega, antes del comienzo de la velada, al recordar que la cita «no solo» es un clásico, sino «un evento esperado a lo largo de todo el año por la afición flamenca».
Ortega conoce bien esa historia porque, además de haber ejercido durante años como conductor del festival, vivió algunas de aquellas primeras noches como aficionado.
Entre sus recuerdos aparece incluso una actuación de Camarón, convertida con el paso de los años en una de esas historias que forman parte de la memoria sentimental de los grandes festivales.
Para Ortega, aquellos años estuvieron marcados por una manera diferente de vivir el flamenco, por noches largas y por una afición que fue recuperando el gusto por los estilos más tradicionales.
El presentador considera que la historia de la Vendimia Flamenca no puede entenderse como un fenómeno exclusivamente local, sino como parte de un movimiento mucho más amplio que contribuyó a recuperar y consolidar los festivales flamencos.
Un cartel «muy interesante»
Sobre el cartel de esta 54ª edición, Juan Ortega destacaba especialmente la personalidad de los artistas convocados.
De Alfredo Tejada resaltaba que es un cantaor «finísimo», capaz de desenvolverse con solvencia en diferentes estilos y con una especial sensibilidad hacia determinados cantes.
También ponía en valor la trayectoria de Rocío Segura, a quien definía como una cantaora de voz «enérgica y poderosa, imponente», destacando su capacidad para interpretar tanto los llamados cantes de Levante como los de Poniente.
Y la gran incógnita para Ortega estaba en el baile. La presencia de Paula Rodríguez suponía, en sus palabras, una auténtica sorpresa, especialmente por su trayectoria y por la formación artística que ha ido acumulando.
El presentador avanzaba así una actuación destinada a aportar un contrapunto al cante, «va a ser una sorpresa.»
La bailaora, además, llegaba acompañada de un cuadro flamenco en el que participaban músicos de reconocida trayectoria.
Rocío Segura, 30 años de cante y un mismo compromiso
Una de las protagonistas de la noche fue Rocío Segura, que afrontaba su participación en Doña Mencía después de tres décadas sobre los escenarios.
La cantaora almeriense recordaba que comenzó profesionalmente siendo muy joven y que su primera actuación tuvo lugar en el Auditorio Maestro Padilla de Almería, acompañada a la guitarra por Juan Carmona «Habichuela».
Treinta años después, su balance es claramente positivo, «ha habido de todo, pero el 90% ha sido positivo. Así que lo volvería a hacer de nuevo si volviera atrás.»
Segura entiende que el flamenco no necesita romper con su pasado para evolucionar. A su juicio, cada artista debe aportar su propia personalidad sin perder de vista el legado recibido, «creo que ya está todo inventado y que aportando cada uno su granito de arena podemos seguir evolucionando para bien.»
La cantaora afrontaba la noche con ganas de disfrutar y de entregar al público todo lo que lleva dentro, «desde que empiezo hasta que termino intento darlo siempre todo lo que tengo.»
En cuanto a su repertorio, mantenía una parte de misterio. Explicaba que no siempre decide definitivamente los cantes antes de subir al escenario, aunque sí tenía claro que estarían presentes sus raíces almerienses y el taranto.
La Vendimia Flamenca suponía además una nueva oportunidad para continuar celebrando sus treinta años de trayectoria artística, una conmemoración que ya había llevado a escenarios como Madrid y Valencia.
La Yiya, «con morirme cantando tengo suficiente»
Otra de las grandes protagonistas fue La Yiya, artista que lleva más de tres décadas vinculada al cante y que mantiene intacta su pasión por los escenarios.
La cantaora explicaba incluso el origen de su nombre artístico, vinculado a su abuelo, «la Yiya es por mi abuelo, a mi abuelo le decían el Yiyi y, en honor a su mote, me puse La Yiya.»
Con 42 años y 35 de trayectoria artística, su principal objetivo continúa siendo cantar, «yo, con morirme cantando tengo suficiente.»
Una frase que resume perfectamente una forma de entender el flamenco como vocación y como manera de vivir.
La artista reconocía que el mundo del flamenco atraviesa, como cualquier actividad artística, momentos mejores y peores, pero subrayaba la necesidad de mantenerse en la lucha, «los que somos luchadores, somos aficionados al flamenco, estamos ahí siempre de lucha.»
La Yiya también hablaba de esa sensación que experimenta cualquier artista antes de enfrentarse a un escenario, «los flamencos decimos el gatito en el estómago.»
Para ella, ese respeto ante el público nunca desaparece, porque considera que el espectador es una pieza fundamental del espectáculo.
Aunque es especialmente reconocida por la seguirilla, reivindica la importancia de todos los palos y recuerda una máxima que resume su filosofía, «no hay ni cante grande ni cante chico, sino el propio cantaor es el que lo hace grande o chico.»
La artista trabaja además en un nuevo proyecto discográfico, su tercer disco, aunque reconoce que todavía no existe una fecha concreta para comenzar su grabación.
Alfredo Tejada, «venimos aquí a entregar el alma y el corazón»
También Alfredo Tejada, cantaor malagueño con una larga trayectoria profesional y una importante experiencia tanto dentro como fuera de España atendió a Cancionero.
Tejada llegaba a Doña Mencía con emoción y con el propósito de conectar con un público al que todavía no había tenido ocasión de conocer directamente en este festival.
Su objetivo para la noche era sencillo, pero ambicioso, «venimos aquí a entregar el alma y el corazón y que sea una noche muy bonita, muy flamenca.»
El cantaor acumula alrededor de 25 años de trayectoria profesional y recuerda sus comienzos en las peñas y su posterior paso por compañías de baile.
Su carrera también tiene una importante dimensión internacional. De hecho, anunciaba una gira por México y explicaba que lleva muchos años trabajando fuera de España.
Sobre la recepción internacional del flamenco, Tejada se mostraba especialmente satisfecho, «la gente lo respeta mucho, se le quiere mucho al flamenco y hay mucha admiración, mucho respeto y mucho amor.»
Incluso considera que en determinados lugares existe una valoración del flamenco que puede sorprender al propio aficionado español.
Para Tejada, la conexión con el público no se construye mediante una estrategia calculada. El artista debe disfrutar, sentir y dejar que esa emoción llegue al espectador, «pienso mucho en disfrutar yo, intentar sentirme bien y que después el aficionado le llegue.»
Paula Rodríguez, el baile como emoción y madurez
El baile tuvo como protagonista a Paula Rodríguez, bailaora procedente de Santander, formada principalmente en Madrid y que ha encontrado en Andalucía y especialmente en Córdoba un espacio importante para su evolución artística.
La artista confesaba sentirse «súper contenta» de participar en la Vendimia,, «es un sitio espectacular, precioso”.
Rodríguez comenzó a bailar con tan solo cuatro años y ha desarrollado una carrera marcada por diferentes etapas de aprendizaje. Entre sus grandes referentes destaca Merche Esmeralda, a quien considera una maestra e inspiración.
Para esta ocasión había preparado una propuesta basada en el taranto y, especialmente, en uno de sus estilos favoritos, «voy a hacer un poquito por taranto y luego voy a hacer lo que más me gusta a mí, que es bailar por alegrías, con la bata de cola y el mantón.»
La bailaora explicaba además que se encuentra en una etapa de mayor madurez artística.
Paula Rodríguez también reivindicaba una evolución en el formato de los festivales flamencos. A su juicio, cada vez se está cuidando más al artista y evitando programas excesivamente largos.
Y es que, según explicaba, antiguamente algunos festivales se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, haciendo muy difícil para los artistas mantener la concentración y la energía necesarias.
Rafael Trenas, memoria viva a través de la guitarra
La guitarra estuvo representada por uno de los grandes conocedores de la historia flamenca de la comarca: Rafael Trenas.
La vinculación de Rafael Trenas con Doña Mencía se remonta muchos años atrás, él mismo define la localidad con una expresión cargada de afecto: «Doña Mencía es mi segunda casa.»
Trenas ha acompañado a numerosos nombres históricos del flamenco y recuerda con emoción haber compartido escenario con artistas de diferentes generaciones, «le he tocado a los más grandes.»
En su extensa trayectoria aparecen nombres como Curro Malena, Chano Lobato, El Polaco, Carmen de la Jara, José Mercé y muchos otros.
Incluso tuvo la oportunidad de acompañar a Camarón en una circunstancia excepcional en la que tuvo que sustituir a Tomatito.
Reivindica la importancia de los festivales de la zona, que considera especialmente vinculados a la cultura flamenca, «aquí es que la gente es flamenca de por sí.»
El guitarrista lamentaba, no obstante, la desaparición de numerosas citas flamencas y peñas durante los últimos años, especialmente tras la pandemia.
Su mensaje es mantener estos festivales significa conservar una parte fundamental del patrimonio cultural andaluz.
En la trastienda del flamenco
En la noche también tuvo protagonismo Juan José Jiménez, vinculado al acompañamiento de la bailaora Paula Rodríguez.
Jiménez explicaba que el acompañamiento flamenco exige una permanente capacidad de adaptación entre cantaor, guitarrista, percusión y bailaora.
También describía el ambiente que se vive entre bastidores durante una cita de estas características, «un ambiente muy cordial, muy bonito.»
Una convivencia que, en su opinión, resulta fundamental para que el público pueda disfrutar de una noche especial.
Juan Ortega, una vida dedicada a divulgar el flamenco
La 54ª Vendimia Flamenca tuvo además un momento especialmente emotivo: el homenaje a Juan Ortega Chacón.
El reconocimiento fue presentado por el concejal de Cultura, Vicente Cantero, quien puso en valor la estrecha relación de Ortega con la Vendimia y con Doña Mencía.
Cantero recordó que Juan Ortega lleva ejerciendo como presentador de la Vendimia Flamenca de manera ininterrumpida desde 2019, aunque su relación con el festival y con la localidad se remonta mucho más atrás.
Durante su intervención definió al homenajeado como mucho más que un conductor de espectáculos, «Juan no es simplemente una persona que presenta un festival. Juan conoce el flamenco, lo estudia, lo vive y, sobre todo, sabe transmitirlo.»
También destacó su trayectoria como profesor de Historia, historiador, conferenciante, articulista y flamencólogo, así como sus reconocimientos y su trabajo durante décadas en favor de la difusión del flamenco y la saeta.
Pero quizá uno de los aspectos más emotivos del discurso fue la referencia a los vínculos personales que Ortega ha ido construyendo con Doña Mencía, «Juan dejó de ser solamente alguien que venía hablando de flamenco para convertirse en alguien querido y cercano para muchas personas de nuestro pueblo.»
El Ayuntamiento quiso agradecerle no solamente sus conocimientos, sino también su amistad y su compromiso con la localidad, «gracias por tantos años de dedicación al flamenco. Gracias por tu generosidad, por tu conocimiento y por esa manera tan tuya de acercarnos a los artistas.»
Como recuerdo, el alcalde, Salvador Cubero, hizo entrega a Juan Ortega de una escultura con el nombre de Doña Mencía, diseñada y elaborada por el artista menciano Javier Flores.
Juan Ortega, «en el flamenco encontré una forma de vida»
Ortega respondió al homenaje recordando sus vínculos con el flamenco desde la infancia.
El presentador explicó que su acercamiento al flamenco comenzó desde muy joven y recordó sus primeros contactos con grandes figuras de la cultura flamenca, «en el flamenco encontré una forma de vida cuando era un niño.»
Su intervención fue también un reconocimiento a la cultura popular, a la historia y a la identidad andaluza.
Ortega reivindicó el concepto de «humanista» entendido no como una cuestión de élites, sino como una manera de acercarse al pueblo y a sus tradiciones.
En su discurso apareció también la relación histórica entre Puente Genil y Doña Mencía, dos localidades con numerosos vínculos culturales, sociales y sentimentales.
Recordó sus primeras visitas a la localidad, cuando los caminos eran muy diferentes a los actuales y cuando la Vendimia Flamenca comenzaba a construir su propia historia.
Y cerró su intervención con una declaración de afecto hacia ambos pueblos, «mientras este humilde servidor, admirador de la cultura y del arte de Andalucía, que lo considero su seña de identidad, pueda, el camino de Puente Genil a Doña Mencía y de Doña Mencía a Puente Genil jamás criará hierba.»
54 ediciones después, la Vendimia Flamenca continúa escribiendo su historia. Y lo hace, como siempre, al compás del cante, la guitarra, el baile y la memoria de quienes han convertido a Doña Mencía en una de las referencias flamencas de la provincia de Córdoba
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