Llega de la Virgen y despedida a los participantes
La última edición de la romería no solo ha dejado imágenes de devoción y convivencia, sino también reflexiones sobre su crecimiento y los posibles cambios que podrían marcar su evolución en los próximos años. La hermandad, consolidada y en expansión, comienza a plantear nuevos escenarios sin renunciar a la esencia
La romería de la Virgen Blanca de la Alegría volvió a demostrar su capacidad de convocatoria en una jornada muy completa que arrancó a las ocho de la mañana y se prolongó hasta cerca de las diez de la noche, dibujando un día intenso
Desde primera hora, el ambiente ya era especial. A las ocho en punto se producía la salida de la imagen tras un momento de recogimiento con el rezo inicial, en el que estuvo presente el párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Jesús Joaquín Corredor Caballero, quien también oficiaría posteriormente la misa en el recinto romero a las doce del mediodía.
Fue en ese instante inicial cuando José Antonio López Tarifa cantó por primera vez una composición propia a la Virgen. Su cante, cargado de sentimiento marcó el tono de una jornada donde la música y la devoción caminaron de la mano.
El acompañamiento musical tuvo un papel protagonista durante todo el día, especialmente con la presencia del Coro de la Virgen de la Cabeza de Luque, que puso voz tanto a la salida como al regreso de la imagen, reforzando ese carácter festivo y espiritual que define la romería.
El camino hasta el paraje del Puente de Piedra se convirtió, una vez más, en un espacio de encuentro. Cantes, palmas, sevillanas y momentos de convivencia se sucedieron durante el recorrido, en el que también participaron jinetes y carruajes. Destacó la implicación de la Peña Caballista La Pirueta de Baena, cuyos caballistas y coches de caballos acompañaron a la Virgen tanto en la ida como en el regreso, aportando un toque tradicional y vistoso al cortejo.
Ya en el recinto romero, la jornada continuó con la celebración de la eucaristía, oficiada por el párroco, y con un ambiente de convivencia que reunió a unas 150 personar, según fuentes de la organización. Concursos, música y gastronomía completaron una programación pensada para todos los públicos.
Antonio Castro Bujalance “ha sido una romería muy positiva”.
El hermano mayor, Antonio Castro Bujalance, valoraba muy positivamente el desarrollo de la romería, “ha sido una romería muy participativa, sin incidentes y con una misa muy bonita”, señalaba, destacando además el crecimiento de la hermandad y la implicación de los romeros.
Castro Bujalance, hizo balance de una romería “muy positiva”, pero también abrió la puerta a posibles cambios de cara al futuro, fruto del crecimiento que está experimentando esta celebración.
Entre las ideas que empiezan a surgir dentro de la hermandad, Castro Bujalance mencionó la posibilidad de replantear la ubicación del encuentro romero. Aunque el paraje del Puente de Piedra sigue siendo un lugar emblemático, no se descarta estudiar alternativas que faciliten la logística y acerquen aún más la romería a la participación popular.
En este sentido, se llegó a plantear como opción la gran explanada de la antigua parada del ferrocarril, un espacio amplio y accesible situado prácticamente en el inicio de la Vía Verde de Baena. Un enclave que, según se comentó, podría ofrecer mejores condiciones en cuanto a servicios, accesibilidad y cercanía al núcleo urbano, aunque por el momento no existe una decisión firme y la idea deberá ser debatida en el seno de la hermandad.
“Es algo que se comentó, incluso en tono de broma al principio, pero luego vimos que no éramos los únicos que lo pensábamos”, venía a explicar el hermano mayor, dejando claro que cualquier cambio se estudiará con cautela y siempre buscando el consenso.
Más allá de las cuestiones organizativas, Antonio Castro también quiso destacar el contenido espiritual de la jornada, poniendo en valor el mensaje transmitido durante la eucaristía por el párroco, Jesús Joaquín Corredor Caballero. Un mensaje centrado en la unión, la convivencia y el amor a la Virgen, independientemente de la advocación, como eje común de todos los devotos.
“Se nos recordó que lo importante es el amor a la Virgen y lo que representa para cada uno de nosotros”, vino a resumir el hermano mayor, subrayando ese componente de fe que sostiene la romería más allá del aspecto festivo.
Por otro lado, Castro Bujalance también avanzó un aspecto relevante de cara al futuro inmediato de la hermandad: la celebración de elecciones el próximo año. Un proceso que permitirá renovar o revalidar la junta directiva y que podría marcar el rumbo organizativo en los próximos ejercicios.
“Habrá elecciones y será el momento de que otras personas, si así lo desean, puedan dar un paso adelante y seguir trabajando por la romería”, apuntó, en una clara llamada a la implicación y a la continuidad del proyecto colectivo.
Mientras tanto, la hermandad continúa centrada en sus objetivos actuales, como la finalización del pago del retablo y el mantenimiento de una programación que cada año gana en participación y calidad.
La romería de la Virgen Blanca de la Alegría se encuentra, así, en un momento de madurez: fiel a su historia, pero abierta a evolucionar. Un equilibrio que será clave para garantizar que esta tradición siga creciendo sin perder su identidad.
María José Casado, la Romería de la Virgen Blanca de la Alegría mira al futuro sin perder sus raíces
Si hay una voz autorizada para hablar de la evolución de esta romería es la de María José Casado, testigo directo desde prácticamente sus inicios y una de las personas que mejor conoce el recorrido que ha seguido esta celebración hasta convertirse en lo que es hoy.
Casado no duda en subrayar el cambio experimentado a lo largo de los años, “ha cambiado muchísimo”, asegura, recordando que en sus comienzos se trataba de una iniciativa más modesta impulsada por una comisión organizadora, poniendo en valor el esfuerzo de quienes sentaron las bases de la romería.
Ese trabajo previo, unido al impulso de la actual junta directiva, al frente desde 2021, ha permitido dar un salto cualitativo importante, “se ha hecho una cosa digna, formal, elegante”, destaca, incidiendo en que hoy la romería cuenta ya con una estructura sólida como hermandad oficialmente constituida.
Para María José Casado, la romería representa ante todo un espacio de convivencia, “es un día de encuentro de familias, de amigos, de gente que viene a compartir”, explica, insistiendo en que ese carácter participativo es una de sus grandes señas de identidad.
No obstante, también lanza una reflexión de cara al futuro, la necesidad de una mayor implicación del conjunto del municipio, “a la romería le falta el pueblo de Baena”, afirma, animando a vecinos y vecinas a sumarse a una celebración que considera de todos.
En esa línea, plantea incluso la posibilidad de ampliar su duración, “a mí me gustaría que fueran tres días”, apunta, sugiriendo un formato más amplio que permita disfrutar con mayor intensidad de todas las actividades y momentos que ofrece la romería.
Aun así, se muestra satisfecha con el modelo actual, “tal y como está me encanta”, reconoce, defendiendo el equilibrio alcanzado entre tradición, organización y ambiente festivo.
En cuanto a posibles cambios, también hace referencia a la ubicación. Aunque se han planteado alternativas, Casado lo tiene claro por ahora, el enclave actual sigue siendo idóneo, “de momento este sitio es ideal”, señala, apostando por mantener un espacio que ya forma parte de la identidad de la romería.
Su testimonio refleja, en definitiva, el sentir de muchos romeros, orgullo por el camino recorrido, reconocimiento al trabajo colectivo y una mirada puesta en el futuro con ganas de seguir creciendo.
José Antonio López Tarifa “para mí lo tiene todo, cada momento tiene su matiz”
Dentro del amplio mosaico humano que da vida a la romería de la Virgen Blanca de la Alegría, hay nombres que representan la esencia misma de esta celebración. Uno de ellos es el de José Antonio López Tarifa, figura importante desde los inicios y testigo directo de la evolución de esta tradición.
Presente desde los primeros pasos de la romería, López Tarifa ha formado parte activa de su organización durante décadas, acumulando vivencias, recuerdos y momentos que, como él mismo reconoce, “son innumerables”. Desde las primeras salidas hasta la consolidación actual de la hermandad, su trayectoria está ligada al crecimiento de una celebración que hoy forma parte del alma de Baena.
Entre esos recuerdos, destacan especialmente los instantes más simbólicos: la salida de la imagen, el camino compartido entre cantes y alegría, la llegada al recinto romero o la convivencia entre hermanos, “para mí lo tiene todo, cada momento tiene su matiz”, explica, reflejando una emoción serena pero profunda.
En la edición de este año, José Antonio López Tarifa protagonizó uno de los momentos más especiales al interpretar una canción dedicada a la Virgen Blanca de la Alegría. Una copla muy especial, ya que se trata de una composición propia, trabajada durante semanas “con el corazón y con el alma”, según sus propias palabras.
Además, quiso tener el gesto con Cancionero, compartiendo en primicia el contenido de la letra y cantándola expresamente de una forma más íntima, distinto al vivido ante el público. Un detalle que pone de manifiesto no solo su implicación, sino también su sensibilidad y compromiso con la difusión de esta tradición.
La letra, cargada de imágenes y sentimiento, refleja la emoción que se vive en torno a la Virgen: el tiempo que parece detenerse, la belleza de la imagen, la conexión entre devotos y tradición. Una creación que nace de la experiencia acumulada durante años y del vínculo personal que mantiene con la romería.
Su testimonio, como el de tantos otros, confirma que la romería de la Virgen Blanca de la Alegría no se entiende sin las personas que la han construido desde dentro. Personas como José Antonio López Tarifa, que han dedicado tiempo, esfuerzo y pasión para que hoy esta celebración siga creciendo y emocionando generación tras generación.
Una romería que sigue creciendo, que se apoya en el esfuerzo de su hermandad
El regreso, ya al caer la tarde, mantuvo el mismo ambiente festivo del inicio. Antes de la entrada en el templo, se vivió otro instante cargado de simbolismo: la despedida de los caballistas y participantes del camino, seguida de un nuevo canto del coro a la Virgen, que puso el broche musical a una jornada inolvidable.
Finalmente, cerca de las diez de la noche, la imagen regresaba a su templo, cerrando así un día completo en el que Baena volvió a demostrar su capacidad para mantener vivas sus tradiciones.
Una romería que sigue creciendo, que se apoya en el esfuerzo de su hermandad y en la implicación de colectivos y vecinos, y que continúa consolidándose como una de las citas más queridas del calendario local.
Porque, como se escuchó durante todo el día entre cantes y vítores, “¡Viva la Virgen Blanca, viva la Virgen Blanca de la alegría!”
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