Belén Ariza en un momento de su actuación de la Vendimia Flamenca
La bailaora baenense Belén Ariza vive un momento de plenitud artística. Con una agenda llena de actuaciones y un proyecto en borrador inspirado en la historia de su pueblo natal, la artista ha subido al escenario de la 53ª Vendimia Flamenca de Doña Mencía, donde volvió a dejar claro por qué su baile es tan solicitado en el panorama flamenco actual.
Baena late en cada paso de Belén Ariza. Y no solo porque allí naciera su vocación flamenca, sino porque ahora, en plena madurez artística, la bailaora prepara un ambicioso proyecto que promete fusionar baile e historia local. “Quiero llevar a escena una obra basada en la historia de Baena, con personajes y lugares emblemáticos. Es un reto, pero lo tengo claro: quiero realzar el patrimonio cultural de mi pueblo a través del flamenco”, confiesa Ariza con pasión.
Aunque el proyecto aún no tiene fecha de estreno, Belén ya trabaja en su estructura narrativa y coreográfica, y confiesa que solo necesita “una fecha para obligarme a ponerlo en marcha con todo”. No sería la primera vez que lleva su arte al Teatro Liceo de Baena, pero sí la más íntima y ambiciosa, uniendo sus raíces con su evolución personal como bailaora.
El año está siendo frenético para ella. Desde su participación en espectáculos con artistas como Lucía Guarnido, pasando por festivales en Adamuz, Lopera o Castillo de Locubín o sus habituales apariciones en las cuevas del Sacromonte granadino, y próximamente en Cañete de las Torres, Ariza no ha dejado de bailar. “Este año ha sido increíble, hemos estado en muchísimos sitios. Cada semana he tenido tablao, y eso, en estos tiempos, es un regalo”, señala.
Pero más allá de los escenarios, lo que marca la diferencia en su arte es la madurez. “Antes era una chiquilla loca, ahora siento que bailo con más conciencia, que transmito desde otro lugar. Siento más las letras, escucho más el cante, hay más peso y profundidad”, explica. La maternidad —es madre de tres hijos— también ha influido en esa transformación, dándole una visión más amplia del equilibrio entre la vida y el arte: “El tiempo es más limitado, pero el baile es parte de mí, y tiene que seguir conmigo mientras pueda”.
Esta plenitud artística se hizo evidente en su reciente participación en la 53ª edición de la Vendimia Flamenca de Doña Mencía, donde compartió cartel con grandes nombres como José Valencia, El Perrete o Esther Merino. Ariza no ocultó la emoción de volver a un festival tan emblemático: “Hay mucha responsabilidad por el nivel de artistas que hay aquí, pero sobre todo mucha ilusión. Mi objetivo siempre es disfrutar, para hacer disfrutar”.
Arropada por un equipo de altura, con José Fernández hijo a la guitarra, Antonio Heredia y Alejandro Gambimba al cante, y Antonio “El Conejo” a la percusión, Belén Ariza volvió a demostrar que el flamenco no es solo técnica, sino verdad. Su actuación fue muy ovacionada, confirmando que su baile —maduro, valiente y profundamente emocional— ocupa un lugar merecido en el presente del arte jondo.
Con la vista puesta en nuevos escenarios, y con su pueblo como epicentro de un proyecto que une historia y baile, Belén Ariza se reafirma como una de las bailadoras imprescindibles del flamenco actual. Y Doña Mencía fue, una vez más, el espejo donde esa verdad volvió a brillar.
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