Antoñi Serrano Arias
Hablar con Antoñi Serrano Arias es recorrer la historia viva de la huerta de Albendín. Hortelana por tradición familiar, por vocación y por pasión, conoce cada rincón de la tierra que cultiva desde niña. Entre tomates, melocotones, sandías y el sonido inconfundible de las chicharras del verano, defiende una agricultura respetuosa con el medio ambiente, la venta directa y la importancia de conservar un modo de vida que forma parte del patrimonio de la pedanía. Con motivo de la próxima celebración de la XV Ruta de la Tapa y Mercadillo Hortelano, Antoñi abre las puertas de su huerta para reivindicar el trabajo de los hortelanos y el enorme valor de los productos locales.
El verano en la huerta tiene una banda sonora propia. Antes incluso de comenzar la entrevista, el sonido de las chicharras envuelve el ambiente, «ahora mismo lo que suena es la chicharra, lo típico del verano en la huerta, anuncian calor, temperaturas altas y humedad.»
Antoñi no recuerda una vida alejada del campo. Su historia comenzó siendo apenas una niña, «soy hortelana por nacimiento, era muy pequeña cuando mi padre compró la huerta. Recuerdo que el día de mi Primera Comunión salí de la iglesia y me vine para la huerta, desde entonces he estado aquí siempre.»
Fue su padre quien le enseñó todos los secretos del cultivo, «me enseñó a injertar, a labrar, a sembrar, a vendar los árboles, me enseñó absolutamente todo.»
Para Antoñi, trabajar la tierra no consiste únicamente en sembrar, «lo principal es que te guste, tienes que sembrar un tomate y estar pendiente de él todos los días, Ver si la hoja se seca, si le falta agua, si crece ben o no.»
Explica que conocer el calendario agrícola resulta fundamental, «si no respetas la época de siembra, esa planta no va a tirar adelante, cada cultivo tiene su momento.»
También considera imprescindible conocer el terreno, «no todas las plantas funcionan igual en todos los sitios, nosotros ya sabemos qué variedades se adaptan mejor a nuestra tierra y cuáles no.»
La tierra de Albendin.
La hortelana asegura que buena parte del éxito de los cultivos está bajo sus pies, «esta tierra es buenísima, antiguamente estaba muy bien abonada y sigue conservando todas esas propiedades.»
A ello se suma el agua procedente del pantano, «tiene una composición muy buena para la tierra, aporta minerales que ayudan muchísimo al cultivo.»
Uno de los aspectos que más defiende Antoñi es el cultivo sin productos agresivos, «nosotros no utilizamos herbicidas ni productos fitosanitarios fuertes, echamos mucho estiércol y trabajamos como se ha hecho toda la vida.»
En este sentido apunta que recupera antiguos remedios naturales, «utilizamos agua con ceniza, ortigas maceradas y trampas con agua azucarada para los insectos, son tratamientos naturales que funcionan muy bien.»
La diferencia, asegura, se aprecia en el propio cultivo, «aquí una mata está verde, otra amarilla y otra se seca, eso significa que no llevan productos químicos, todo es natural.»
Los productos del verano
En estas fechas la huerta ofrece una enorme variedad de frutas y hortalizas.
Melocotones, ciruelas, peras, manzanas, tomates de distintas variedades, cebollas, patatas, berenjenas, calabacines, ajos o pimientos llenan los bancales, «tenemos de todo porque me gusta tener mucha variedad”,
Especial orgullo siente por sus tomates, «el tomate rojo aquí sale espectacular gracias a la tierra y al agua que tenemos.»
La experiencia también obliga a modificar algunas costumbres.
Recuerda el caso de las patatas, «antes se sembraban sobre el 15 de agosto. Ahora esperamos unos días porque con tanto calor la patata se cuece en la tierra.»
El Mercadillo Hortelano, escaparate de la huerta de Albendín
Uno de los momentos más importantes del año para los productores locales es el Mercadillo Hortelano.
Antoñi explica que no se trata únicamente de vender, «el mercadillo significa que la gente conoce nuestros productos, conoce a los hortelanos y también conoce Albendín.»
Además, coincide con la Ruta de la Tapa, «las tapas tienen que llevar como base principal productos de la huerta, eso hace que la persona que venga disfrute mucho más.»
En el mercado también participan productores de otros sectores, «hay puestos de miel, quesos, sal, repostería y muchos productos artesanales, es un mercado muy completo.»
Una embajadora de Albendín
Mientras habla de la huerta, Antoñi también promociona con entusiasmo su pueblo, «Albendín es un pueblo muy acogedor, invito a que vengan, que nos visiten, vean la noria, las salinas, el parque, la iglesia, nuestras instalaciones deportivas, tenemos unos paseos preciosos.»
Está convencida de que quien visita la pedanía suele repetir, «la mayoría de la gente vuelve porque aquí se siente muy bien acogida.»
Las nuevas tecnologías y la huerta.
Aunque cultiva como aprendió de su padre, Antoñi ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, «tengo Instagram, Facebook y voy enseñando todo lo que recojo y lo que voy sembrando.»
Gracias a ello mantiene contacto directo con numerosos clientes, «la gente me escribe, les digo lo que tengo y vienen directamente a la huerta.»
Al respecto indicó que cuenta con la acreditación oficial de venta directa, «la Junta analizó mis productos, pasaron todos los controles y obtuve la autorización para vender directamente desde la huerta.»
Una de las pocas mujeres hortelanas
Durante la conversación surge una reflexión interesante.
Antoñi reconoce que todavía son pocas las mujeres que llevan una explotación hortícola por sí solas, «hay muchas mujeres que ayudan a sus maridos, pero llevar la huerta completamente como la llevo yo, aquí, por esta zona, no hay ninguna.»
Lejos de verlo como un obstáculo, asegura que la maquinaria ha facilitado mucho el trabajo, «tengo varias máquinas y yo las manejo todas, en la huerta hago todo tipo de trabajos: injerto, siembro, podo, labro…»
Al hablar del futuro, Antoñi lanzó un mensaje a los jóvenes, “deben estudiar, pero sin olvidar la agricultura, hay que tener una profesión, claro que sí, pero la huerta no debe abandonarse, aunque solo sea para el autoconsumo.»
Critica la creciente industrialización de muchos alimentos, «cada vez llegan productos con más tratamientos, todo tiene su tiempo y hay que respetarlo.»
Para ella «la huerta hay que vivirla, solo así aprendes a entenderla.»
Una invitación a conocer la huerta
Antes de despedirse, Antoñi invita a visitar Albendín y su huerta, «todo el que quiera venir será bien recibido, si necesita asesoramiento, semillas, un injerto o simplemente conocer cómo trabajamos, aquí estamos.»
Por último, anima a asistir al Mercadillo Hortelano, «los días 25 y 26 de julio estaremos desde las ocho y media de la mañana. Habrá productos recién cogidos, café, churros y muchas ganas de enseñar lo que hacemos.»
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