Alfredo Picazo estrena en Baena un innovador concierto a oscuras, «hay música que está hecha para escucharse con los ojos cerrados»

Picazo en el Teatro Liceo de Baena

El Teatro Liceo acogió el estreno de «Más allá de las líneas complejas de una ensoñación», una propuesta inmersiva, incluida en la VII edición del Corazón del Cancionero, creada por Alfredo Picazo y Juan de la Piedra en la que el público vivió una experiencia sensorial con antifaz para centrar toda la atención en la música y las emociones.

El Teatro Liceo de Baena fue el escenario elegido para el estreno de una propuesta poco habitual. Bajo el título «Más allá de las líneas complejas de una ensoñación», el creador baenense Alfredo Picasso, junto a su socio Juan de la Piedra, presentó un concierto experimental en el que el público recibió un antifaz a la entrada para disfrutar de la música completamente a oscuras.

Una experiencia inmersiva en la que la vista desaparece para dejar todo el protagonismo a las letras, los acordes y las emociones, «la intención es que la gente viva este concierto con los ojos completamente tapados y todo el teatro sea bañado por la oscuridad«, explicó Alfredo Picasso minutos antes del inicio del espectáculo.

Una idea nacida en un estudio de Madrid

El artista recordó que el proyecto surgió de una forma totalmente espontánea durante una sesión de trabajo, «este concierto surge en una sesión de estudio en Madrid, donde a Juan se le ocurrió hacer una escucha a oscuras de una de las canciones que habíamos producido, nos dimos cuenta de que era una experiencia muy atractiva.»

Desde entonces tuvieron claro que determinadas composiciones necesitaban ser escuchadas de una forma diferente, «el siempre repetía, ‘esto tenemos que apagar las luces para escucharlo’, y creo que no le falta razón, hay música para escuchar a oscuras y la música que traemos hoy está hecha para eso.»

Un viaje sonoro

Lejos de tratarse de un concierto convencional, Picazo lo define como un recorrido emocional, «nos vamos a ver en una experiencia un tanto inmersiva porque es un concierto poco común.»

La representación comienza con una narradora que guía al espectador durante toda la experiencia, «empieza con una especie de guía que nos va llevando hasta el punto álgido de la escucha y, a partir de ahí, vamos recorriendo diferentes propuestas musicales que favorecen la ensoñación, el despertar o volver a quedarse tranquilo.»

Según explicó, el espectáculo juega continuamente con los estados de ánimo, «hay mucho juego con la dinámica y con las emociones.»

¿Por qué escuchar un concierto con antifaz?

Para Alfredo Picazo, la respuesta es sencilla, «porque hay que concentrarse en la letra, en lo que los acordes te mueven, en lo que la música te transmite.»

Durante aproximadamente una hora, el público permanece prácticamente aislado del entorno visual para dejarse llevar únicamente por el sonido.

Letras nacidas de experiencias personales

Además de compositor y productor audiovisual, Alfredo Picazo mostró otra faceta menos conocida: la de escritor.

Durante el concierto también se interpretaron varios temas de la cantante Beatriz Montero, cuya producción ha realizado junto a Juan de la Piedra.

Dos de esas canciones contienen letras escritas por el propio Alfredo, «ella me explicó qué quería expresar y cuáles eran sus inquietudes. A partir de ahí me puse manos a la obra.»

Reconoce que muchas de esas composiciones tienen mucho de autobiográficas, «hay amor, desamor, olvido, pasión, noches de desenfreno… Hay un poco de todo.»

Añade, «la gran mayoría reflejan mi vida, cuando escribo para otra persona intento ponerme en su piel.»

Un proyecto preparado durante dos meses

El concierto ha requerido cerca de dos meses de preparación, «he estado adaptando el repertorio porque muchas de las canciones estaban guardadas en un cajón y eran un campo de experimentación.»

De hecho, aseguró que muchas de esas composiciones volverán a permanecer inéditas, «Baena va a ser el único sitio donde se pueda escuchar este repertorio, cuando termine el concierto volverá al cajón.»

Cuando se le preguntó qué esperaba del público, Alfredo apuntó «ojalá salga diciendo que se ha quedado con ganas de más.»

Aunque también reconoce que la experiencia dejará huella, «creo que saldrán un poco aturdidos porque hay mucha dinámica, mucha potencia, mucho silencio y mucho para pensar.»

El ordenador, el auténtico corazón del espectáculo

Su compañero Juan de la Piedra explicó que detrás de una puesta en escena aparentemente sencilla existe un enorme trabajo técnico, «el ordenador es la matriz, sin ese ordenador no hay espectáculo.»

Desde él se controla absolutamente todo, «ahí programamos cada cambio de volumen, las voces, los sintetizadores, los instrumentos, si no hubiera electricidad este espectáculo no podría existir.»

Una escenografía minimalista

El escenario apenas muestra un telón negro, una máquina de escribir, un micrófono y una tenue iluminación.

Una decisión totalmente intencionada, «no queríamos que la escenografía fuera la protagonista, lo importante es la música.»

Según Juan de la Piedra, el verdadero escenario está en la imaginación del espectador, «es una música con la que ves. Mientras escuchas eres capaz de imaginar.»

Una amistad convertida en proyecto artístico

Alfredo Picazo y Juan de la Piedra se conocieron estudiando en Madrid y desde 2019 trabajan juntos al frente de una productora audiovisual.

Además de producir música para otros artistas, desarrollan proyectos propios relacionados con la creación audiovisual y la organización de eventos.

Actualmente trabajan en nuevos álbumes musicales y diferentes proyectos para empresas e instituciones.

¿Habrá nuevas representaciones?

Aunque el estreno tuvo lugar en Baena, ambos reconocen que les gustaría llevar esta experiencia a otros lugares, «nos encantaría representarla en Madrid y también en Sevilla.»

No obstante, explican que todo dependerá de que existan apoyos para hacer posible un formato tan complejo, «logísticamente es complicado y requiere financiación.»

Aun así, Juan de la Piedra dejó abierta la puerta a futuras representaciones, «esto acaba de empezar, queremos seguir haciendo espectáculos sensoriales donde el espectador forme parte de la obra.»

Mientras tanto, el estreno de «Más allá de las líneas complejas de una ensoñación» convirtió a Baena en el primer municipio en acoger una propuesta artística que rompe con el formato tradicional del concierto para invitar al público a escuchar, imaginar y sentir desde la oscuridad absoluta.

Beatriz Montero, «Me siento más cómoda en el escenario que fuera de él»

La cantante Beatriz Montero destacó el carácter colectivo del proyecto y la conexión artística que existe entre los tres creadores.

Explicó que las canciones nacen de un trabajo conjunto en el estudio, donde cada uno aporta una parte fundamental del proceso creativo, «todos los temas son de los tres, es verdad que las letras son cien por cien de Alfredo y mucha parte melódica también, pero Juan tiene muchísimo que ver con todo, él es la parte musical. Al final es una simbiosis entre los tres.»

Según relató, habitualmente llega al estudio con una idea inicial sobre el estilo o el sentimiento que quiere transmitir y, a partir de ahí, el proyecto va tomando forma, «yo suelo venir con una idea de si quiero hacer un tema pop o una balada. Después les explico de qué quiero hablar o qué sentimiento quiero expresar.»

Montero reconoció que la escritura no es su mayor fortaleza y valoró especialmente la capacidad de Alfredo Picazo para convertir sus ideas en letras, «no tengo el don de la palabra, soy demasiado directa. Alfredo sabe ordenar muy bien lo que tengo en la mente y expresarlo de una manera mucho más bonita de lo que yo sabría.»

Durante la conversación también interpretó, a modo de adelanto, un pequeño fragmento de dos de las canciones que formarían parte del concierto.

Una experiencia para desconectar

La artista aseguró que el uso del antifaz convierte el espectáculo en una propuesta diferente y profundamente inmersiva, «creo que ha sido un gran acierto que el público pueda ponerse un antifaz y desconectar para centrarse únicamente en las letras y en las melodías.»

Aunque forma parte del elenco artístico, explicó que la idea del concierto nació íntegramente de Alfredo Picazo y Juan de la Piedra, «a mí me surgió hace poco, durante una reunión en la que estábamos organizando la portada del álbum. Alfredo me preguntó si quería venir a Baena y aquí estoy. Pero es un espectáculo cien por cien de los chicos.»

El escenario como refugio

Beatriz Montero confesó además que se siente más cómoda sobre un escenario que fuera de él, «me siento mucho más cómoda cantando que hablando. Cuando estoy delante del micrófono me olvido de todo y me meto completamente en la canción.»

Como curiosidad, recordó cuál fue la primera canción que marcó su infancia: «Al final», de Enrique Bunbury, una melodía que, según contó emocionada, cantaba mientras bailaba subida a los pies de su padre cuando apenas tenía dos años.

Antes de despedirse quiso enviar un mensaje de apoyo a sus compañeros de escenario deseándoles, con el tradicional lenguaje del mundo del espectáculo, «mucha mierda» para el estreno de esta innovadora propuesta sensorial.

Comparte esta noticia: