Albendín abre sus brazos a sus emigrantes.

Manuel Párraga en la Verbena del Emigrante de Albendin

La pedanía celebra los días 14 y 15 de agosto una fiesta que nació para reencontrar a quienes tuvieron que marcharse y que hoy se ha convertido en uno de los grandes puntos de encuentro del verano, con actividades para todas las edades.

La Verbena del Emigrante de Albendín vuelve a convertir durante estos días a la pedanía en un gran punto de encuentro. Una celebración que mantiene intacto el espíritu con el que nació: recibir a quienes tuvieron que marcharse, facilitar el reencuentro con familiares y amigos y hacer que quienes regresan durante el verano vuelvan a sentirse parte de su pueblo.

El 14 y el 15 de agosto son, por ello, mucho más que dos jornadas festivas. Son días de regreso. De casas que vuelven a abrir sus puertas, de calles que recuperan a vecinos que viven durante buena parte del año a cientos de kilómetros y de familias que hacen coincidir sus vacaciones con unas fechas especialmente señaladas en el calendario de Albendín.

La programación vuelve a apostar, además, por una fiesta para todas las generaciones. Los más pequeños tienen su espacio con el tobogán acuático y el castillo hinchable; la noche incorpora flamenco y música; la Peña Flamenca La Tarumba se hace cargo este año de la barra y el 15 de agosto la celebración se encuentra también con una de las tradiciones religiosas más arraigadas de la pedanía: la salida procesional de María Santísima de Albendín.

Una fiesta para quienes vuelven a casa

Antonio González, conocido como “Joseillo”, miembro de la junta directiva de la Peña Flamenca La Tarumba, define con sencillez lo que representa esta celebración, “esta es la fiesta del emigrante, ahora se trata de disfrutar de los amigos y de la familia que nos visitan en estas fechas”.

Ese reencuentro es el verdadero corazón de la Verbena. Personas que durante el año viven en Cataluña, Aragón, País Vasco, Valencia, Madrid, Sevilla, Málaga y otros muchos puntos de España regresan a Albendín para pasar unos días junto a los suyos.

Algunos vuelven durante las vacaciones. Otros hacen coincidir su regreso con las fiestas. Y para muchos, la visita a Albendín forma parte de una relación que se ha transmitido también a hijos y nietos nacidos lejos de la pedanía.

Aquí tienen su casa, sus raíces, sus amigos”, señala Joseillo, que expresa también la forma en la que Albendín quiere recibir a quienes regresan, “nosotros estamos aquí con los brazos abiertos, esperando a que venga todo aquel que lo desee, aquí como siempre tienen su casa”.

Es una filosofía que convierte la fiesta en algo más que una programación de verano. La Verbena del Emigrante funciona como un punto de encuentro entre quienes permanecen durante todo el año y aquellos que, aunque construyeron su vida lejos, siguen teniendo en Albendín sus raíces.

La apuesta por mantener viva la tradición pasa también por conseguir que las nuevas generaciones hagan suya la celebración.

Por eso la tarde del día 14 tuvo como protagonistas al tobogán acuático y el castillo hinchable, una propuesta especialmente pensada para los más pequeños, aunque también los mayores se animan a disfrutar de una actividad que busca combatir las altas temperaturas y llenar de diversión la Plaza de Andalucía.

Sergio Arévalo Cruz, responsable de Arcruz Alquileres, explica que el tobogán cuenta con una rampa de unos 50 metros y que la respuesta del público vuelve a ser muy positiva. Es, en sus palabras, “una actividad muy refrescante, muy divertida para los niños, y para los que no lo son, siempre es muy bien recibida por la gente en general”.

La instalación utiliza además un sistema de circuito cerrado para reducir el consumo de agua durante las cuatro horas de funcionamiento, “utilizamos un circuito cerrado de agua para gastar poca agua durante las cuatro horas que estamos, tanto en el tobogán como en el castillo que tenemos aquí”.

La imagen de los niños disfrutando de la tarde mientras las familias comparten conversación en torno a la fiesta representa precisamente una de las claves de esta Verbena, conservar una celebración tradicional sin dejar de incorporar propuestas capaces de atraer a los más jóvenes.

La Tarumba pone también su trabajo al servicio de la fiesta

Este año la Peña Flamenca La Tarumba asume la gestión de la barra de la Verbena. Una colaboración que tiene una doble finalidad: participar activamente en la celebración y obtener unos ingresos que permitan a la entidad continuar desarrollando su actividad cultural durante el resto del año.

Mantener una peña cultural no resulta sencillo. La Tarumba desarrolla actividades, participa en convivencias y romerías, organiza propuestas vinculadas a la cultura flamenca y forma parte del circuito provincial de peñas de Córdoba.

Por eso, como explica Joseillo, “la barra nos va a permitir tener unos ingresos extra, se trata fundamentalmente de mantenernos, con eso nos damos por satisfechos”.

La peña cuenta con alrededor de 130 socios y mantiene una trayectoria de varias décadas. Una actividad que pretende asegurar que el flamenco y las tradiciones culturales continúen teniendo su espacio en Albendín.

Y esa voluntad de conservar las cosas que forman parte de la identidad de la pedanía se resume en una frase especialmente significativa de Joseillo, “cada fiesta que perdamos o cada cosa que se pierda en un pueblo es ir para atrás”.

La noche flamenca de Albendin

La noche incorpora uno de los grandes elementos de identidad de la verbena, el flamenco.

La Peña Flamenca La Tarumba alcanza ya las 44 ediciones de su Festival Flamenco, una trayectoria que habla de la importancia que esta manifestación cultural tiene en la pedanía.

La edición de este año ha contado con Miguel de Tena y Manuel Párraga, además de cantadores locales y otras intervenciones que completaron una noche concebida también como espacio de convivencia.

Joseillo incide en que “yo creo que el cartel para el pueblo que tenemos, para la peña que tenemos, creo que está bastante, bastante bien”.

La noche flamenca se convierte así en uno de los momentos centrales de la Verbena y en un ejemplo de cómo una tradición puede mantenerse durante décadas y continuar formando parte de las fiestas que reúnen a los emigrantes con sus familias.

Cayetano Gálvez, nunca rompió con sus raíces

Cayetano Gálvez, emigrante residente desde hace décadas en Barcelona, es el fiel reflejo de tantos andaluces que tuvieron que marcharse durante los años de la emigración en busca de unas mejores condiciones de vida, “en la década de los 70 emigramos a Barcelona con mis padres, somos nosotros nueve hermanos”, recuerda.

La causa fue fundamentalmente económica, “porque no había en Andalucía mucho trabajo, y el trabajo que había era malo, malo, mal pagado, no había, no tenías ningún derecho, no había vacaciones, no había nada”.

Con apenas 15 años pudo comprobar la enorme diferencia entre las condiciones laborales que había dejado atrás y las que encontró en Cataluña, “me fui con 15 años, lo que yo ganaba aquí en un mes, cuando me fui allí lo ganaba en una semana, entonces ganaba cuatro veces más de lo que me pagaban aquí”.

La marcha, sin embargo, nunca significó la ruptura con Andalucía ni con Albendín.

Con el paso de los años, la pedanía se convirtió en su lugar de regreso, de vacaciones y de encuentro familiar. Una relación que también ha alcanzado a sus hijos y nietos.

Cayetano encuentra una de las principales razones de ese vínculo en el tamaño y, sobre todo, en la forma de relacionarse de la gente de Albendín, “aquí hay 1.300, 1.400 habitantes, aquí todos los vecinos se conocen, somos como una familia”.

Y hay algo todavía más importante: sentirse querido, “si tú en un sitio te reciben como si fuera tu casa, yo creo que la gente eso lo valora”, señala. Una sensación que, en su opinión, explica por qué muchas personas siguen regresando año tras año.

Porque se puede encontrar diversión en muchos lugares, pero no necesariamente el mismo sentimiento de pertenencia.

La Verbena del Emigrante nació precisamente para alimentar ese vínculo y hoy sigue desempeñando esa función, por eso considera que “esta fiesta no se tiene que perder”.

Una celebración que ha cambiado con el tiempo

La Verbena del Emigrante no siempre tuvo el mismo escenario ni el mismo formato.

El alcalde pedáneo de Albendín, José Andrés García Malagón, recuerda que sus orígenes están ligados a una celebración más pequeña, vinculada especialmente al flamenco, que llegó a celebrarse en distintos puntos de la pedanía antes de trasladarse a la actual Plaza de Andalucía.

Con el paso de los años, la llegada cada vez mayor de emigrantes durante el verano hizo que la celebración creciera hasta convertirse en uno de los grandes encuentros del calendario de Albendín.

La fiesta fue ganando actividades y público, pero sin perder su esencia. Hoy mantiene la combinación de propuestas infantiles, música, flamenco y convivencia que ha permitido consolidarla.

Y, sobre todo, mantiene el destinatario principal de la celebración: quienes se marcharon y continúan regresando.

El alcalde insiste en que “esta verbena es para ellos, para los emigrantes y es de recibo el hacerle este pequeño homenaje a toda esa gente que se fue y que sigue volviendo, y que también son parte de nuestro pueblo, de nuestra historia y de nuestro presente”.

El 15 de agosto, la cita con María Santísima de Albendín

La programación de la Verbena se encuentra este sábado con una de las tradiciones religiosas más importantes de la pedanía.

A las 20:00 horas tendrá lugar la Eucaristía y, una vez finalizada, saldrá en procesión María Santísima de Albendín, patrona de la localidad, acompañada por la Banda Municipal de Noguerones.

La salida del 15 de agosto conserva un carácter especialmente tradicional y de recogimiento. La hermana Mayor de la Hermandad, Conchi Povedano, explica que se trata de una celebración que hunde sus raíces en una antigua acción de gracias, “el día 15 de agosto es una procesión que ya viene de antiguo, y es para dar las gracias por una infección que hubo en la pedanía”.

Desde entonces, la tradición se ha mantenido como una jornada de promesas y devoción. Una procesión que, según destaca Povedano, se vive “con mucho recogimiento y de promesas, muy silenciosa y, sobre todo, con el corazón abierto a Nuestra Madre”.

La imagen lucirá este año el manto verde y numerosos elementos entregados por los fieles como muestra de agradecimiento y devoción.

La procesión volverá también a acercarse a las personas mayores y enfermas que no pueden acompañar el recorrido, reforzando ese carácter cercano que forma parte de la relación entre la patrona y los vecinos de Albendín.

El 15 de agosto volverá a ser, por tanto, una jornada en la que tradición, fe y reencuentro se dan la mano.

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