Última visita pastoral del obispo de la diócesis de Córdoba, monseñor Jesús Fernández González a Baena

Obispo en Baena. Entrega de un obsequio en Santa María la Mayor

Durante varios días el prelado ha mantenido encuentros con comunidades religiosas, grupos parroquiales, cofradías y fieles de las distintas parroquias de la localidad, culminando su estancia con una solemne eucaristía en la parroquia de Santa María la Mayor.

La ciudad de Baena ha acogido en los últimos días la visita pastoral del obispo de la diócesis de Córdoba, monseñor Jesús Fernández González, una estancia que ha permitido al prelado conocer de cerca la realidad pastoral, social y religiosa del municipio a través de numerosos encuentros con fieles, comunidades religiosas, cofradías y responsables parroquiales.

Durante la jornada final de su visita, el obispo recorrió diversos espacios vinculados a la vida religiosa de la localidad. Entre ellos se encuentran el Convento de Madre de Dios, donde mantuvo un encuentro con la comunidad religiosa, y la Residencia Divino Maestro, donde pudo compartir unos momentos con los residentes y el personal del centro.

Posteriormente, monseñor Fernández González mantuvo un encuentro con los grupos parroquiales en el Centro Interparroquial “San José”, donde pudo dialogar con representantes de distintos grupos pastorales vinculados a la parroquia de Santa María la Mayor, escuchando de primera mano el trabajo que se viene desarrollando.

La visita continuó en la iglesia de Santa Marina, sede canónica de la Ilustre Archicofradía de la Vera Cruz y Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, donde el obispo mantuvo un contacto directo con responsables de la misma.

Más tarde se desplazó a la parroquia de Santa María la Mayor, donde también se reunió con las hermandades y cofradías que tienen allí su sede canónica. La jornada concluyó con la celebración de una misa pontifical, concelebrada con el párroco de la parroquia, Juan Laguna Navarro, quien además ejerce como consiliario de las cofradías anteriormente citadas.

La fe como luz frente a las “cegueras” del mundo

El obispo de la diócesis de Córdoba, monseñor Jesús Fernández González, centró su homilía en el evangelio del cuarto domingo de Cuaresma, que narra la curación del ciego de nacimiento, una lectura que utilizó para reflexionar sobre el significado de la fe como luz para la vida del ser humano.

El prelado comenzó dirigiéndose a los fieles presentes y a quienes seguían la celebración a través de los medios de comunicación, agradeciendo el acompañamiento durante los días de visita pastoral, “queridos hermanos y hermanas, niños, jóvenes, adultos, mayores y también enfermos que nos seguís a través de los medios de comunicación, a todos os agradecemos vuestro servicio y vuestro acompañamiento a lo largo de esta visita pastoral que ya estamos terminando”.

A continuación, explicó que el evangelio plantea una cuestión profundamente humana: la capacidad de ver y comprender la realidad, “acabamos de escuchar la Palabra de Dios en este cuarto domingo de Cuaresma, una palabra que nos habla de la vista, o de la falta de vista, es decir, de la ceguera”.

Para ilustrar esta idea, el obispo recordó el conocido mito de la caverna de Platón, donde se explica cómo muchas veces los seres humanos solo perciben una parte de la realidad, “recordamos el mito de la caverna de Platón, donde se dice que los seres humanos vemos sombras de la realidad y no la realidad misma. Algo parecido ocurre muchas veces en nuestra vida: vemos solo una parte, pero no lo profundo”.

El prelado subrayó que la Biblia habla de esta limitación humana y presenta a Jesucristo como quien puede curar esa ceguera, “el Evangelio nos presenta a Jesús como aquel que es capaz de curar esa ceguera. Él mismo se presenta diciendo: ‘Yo soy la luz del mundo’”.

En este sentido recordó el episodio del ciego de nacimiento, que al encontrarse con Jesús recupera la vista y descubre también la fe, “aquel hombre, cuando se encuentra con Jesús, comienza a ver. Pero no solo recupera la vista física, sino que descubre también la fe”.

Dios mira con otros ojos

El obispo relacionó este mensaje con la primera lectura del día, en la que el profeta Samuel es enviado por Dios a elegir al futuro rey de Israel entre los hijos de Jesé.

Samuel, explicó el obispo, se fija en los hermanos mayores, los más fuertes o aparentes, pero Dios le indica que ninguno de ellos es el elegido, “faltaba uno, el más pequeño, el que estaba cuidando las ovejas. Ese era David. Dios no eligió al más fuerte ni al más poderoso, eligió al más pequeño”.

Con este ejemplo quiso subrayar que la mirada de Dios es distinta de la mirada humana, “nosotros seguramente habríamos elegido al más fuerte o al más capacitado. Pero Dios mira el corazón”.

Monseñor Fernández explicó que la ceguera de la que habla el evangelio no es solo física, sino también espiritual, “no hablamos solamente de la ceguera de los ojos, existe también una ceguera del alma, una ceguera de la mente y una ceguera del espíritu”.

En su reflexión señaló que muchas veces esa ceguera procede de las propias pasiones humanas, “podemos hablar de la ceguera de la ira, de la avaricia, de quien se queda ciego por el dinero, por el poder o por la envidia”.

También puede surgir, añadió, de determinadas actitudes sociales o culturales, “a veces nos volvemos ciegos porque solo vemos las cosas desde un determinado punto de vista: desde el consumismo, desde prejuicios culturales o incluso desde el racismo”.

Todo ello, indicó, impide reconocer la dignidad de las personas, “cuando miramos así, dejamos de ver lo más importante, que es la dignidad del ser humano”.

Frente a esas cegueras, el obispo recordó que el Evangelio presenta a Jesucristo como la luz que ilumina la vida, “el domingo pasado el Evangelio nos hablaba de Jesús como agua viva en el encuentro con la samaritana, hoy aparece como luz. Él mismo dice: ‘Yo soy la luz del mundo’”.

Según explicó, el encuentro con Cristo transforma la vida de la persona, “aquel ciego termina el Evangelio postrándose ante Jesús. Descubre a alguien que no quiere aprovecharse de él, sino ayudarle”.

En la parte final de su homilía, el obispo recordó que los cristianos han recibido esa luz en el bautismo, “los primeros cristianos llamaban al bautismo ‘iluminación’, y a los bautizados se les llamaba ‘los iluminados’, porque recibían la luz de Cristo”.

Por ello recordó el gesto simbólico que se realiza en la celebración bautismal, “cuando fuimos bautizados se entregó una vela encendida a nuestros padres y padrinos. Esa vela representa la luz de Cristo que recibimos”.

Gracias a esa luz, explicó, el cristiano puede descubrir el sentido profundo de la vida, “se nos abren los ojos del alma para ver la grandeza de la vida, la grandeza del ser humano y la grandeza de Dios”.

El obispo invitó finalmente a los fieles a preguntarse por la salud de su fe, “podemos preguntarnos cómo están nuestros ojos de la fe, cómo cuidamos esa luz que hemos recibido”.

Recordó también las palabras de san Pablo, quien exhorta a los cristianos a vivir de acuerdo con esa luz, “San Pablo nos dice: caminad como hijos de la luz. Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz”.

Por ello animó a los fieles a vivir la fe con coherencia, “seremos coherentes con nuestra fe si vivimos la bondad, si vivimos la justicia y si vivimos de acuerdo con la verdad”.

Una Iglesia que camina unida

En la parte final de su intervención, el obispo agradeció el cariño recibido durante los días de visita pastoral y destacó la importancia de la comunidad cristiana, “he compartido ratos con vosotros, con los niños en los colegios, con muchos grupos parroquiales y también con las cofradías”.

El prelado subrayó que formar parte de la Iglesia es motivo de alegría, “la alegría de formar parte de la Iglesia no nos la puede quitar nadie, porque formamos parte de una gran familia extendida por todo el mundo”.

Finalmente animó a los fieles a vivir la fe de manera comunitaria, participando activamente en la vida parroquial, “mi invitación es que vivamos la alegría de ser cristianos juntos, participando en la parroquia y en los grupos, construyendo entre todos una Iglesia cada día más comunitaria”.

Agradecimiento de la comunidad parroquial.

Al término de la eucaristía tomó la palabra el párroco Juan Laguna Navarro para dirigirse al obispo de la diócesis y agradecer su presencia durante la visita pastoral.

En su intervención comenzó señalando la importancia del momento vivido por la comunidad parroquial, “con inmensa alegría nos hemos reunido aquí para hacer realidad algo muy sencillo pero muy profundo: dar gracias a Dios porque somos cristianos y porque vivimos en un pueblo de profundas raíces cristianas”.

El sacerdote destacó la unidad de la Iglesia local y el papel que desempeña la fe en la vida de la comunidad, “como habrá podido comprobar nuestro señor obispo durante todo el tiempo que lleva con nosotros, la Iglesia diocesana está unida y Cristo es el centro último de nuestra fe”.

A continuación, realizó una breve referencia histórica a la propia parroquia de Santa María la Mayor, recordando su relevancia a lo largo de los siglos, “corría el año 1240 cuando Fernando III el Santo, tras la conquista de Córdoba, entraba en estas tierras y la antigua mezquita mayor fue consagrada bajo la advocación de Santa María la Mayor”. Posteriormente, explicó, distintas familias nobles contribuyeron al desarrollo y enriquecimiento del templo, convirtiéndolo en un referente de la vida religiosa de la ciudad.

El párroco subrayó también el orgullo que siente por la comunidad parroquial que representa, “tengo el honor de poder presentar hoy ante usted una comunidad parroquial de la que me siento profundamente orgulloso como párroco”, indicó, reconociendo el trabajo de tantas personas que colaboran en la vida de la parroquia.

“Sin ellos, bajo ningún concepto ni circunstancia podría haber conseguido lo que juntos hemos logrado”, afirmó, añadiendo que “si alguien tiene que dar las gracias soy yo a todos ellos, por soportarme los primeros y por hacer posible tantas cosas”.

Durante su intervención, resaltó especialmente el papel de los jóvenes en la vida parroquial. Según explicó, muchos de ellos participan activamente en diferentes grupos y actividades, convirtiéndose en auténticos transmisores de la fe, “jóvenes, en definitiva, evangelizadores de otros jóvenes. Ellos, y me sabrán perdonar que lo diga con tanta claridad, son mi orgullo y mi corazón”.

El sacerdote también puso en valor el compromiso social de la comunidad cristiana de Baena “he podido mostrarle una comunidad parroquial sensible a las necesidades de las personas más desfavorecidas, que intenta paliar las injusticias sociales sin importar fronteras ni límites”.

Asimismo, incidió en la preocupación pastoral por el matrimonio y la familia, “es una comunidad que está preocupada por los matrimonios y por la familia, porque entiende que sin esa célula fundamental la sociedad humana no puede tener vida”.

Insistió en la necesidad de seguir defendiendo el valor de la familia según la visión cristiana, “no descartamos nunca el propósito de invitar y ofrecer la riqueza del matrimonio y de la familia tal y como Dios la ha querido”.

Otro de los aspectos que señaló fue la importancia de las hermandades y cofradías en la transmisión de la fe, “es una comunidad parroquial que sabe conservar en su fe y en su vida, también a través de sus hermandades y cofradías, las esencias de la tradición cristiana”.

No obstante, advirtió que la tradición debe ir siempre acompañada de una vivencia auténtica de la fe, “una Semana Santa que no se tome en serio la fe dejará de ser interesante, ni nacional ni internacional”, afirmó.

Finalmente, el párroco quiso concluir recordando que todos forman parte de una historia de fe que se ha transmitido de generación en generación en Baena, “somos simplemente un eslabón más en la cadena de gracias que el Altísimo ha tenido con este pueblo durante siglos”.

Con estas palabras, agradeció la presencia del obispo y la cercanía mostrada durante la visita pastoral, que ha permitido reforzar los vínculos entre la diócesis y la comunidad parroquial.

Un recuerdo muy positivo de Baena

Por su parte, el obispo agradeció la acogida recibida durante los días de visita pastoral, “he podido comprobar el cariño de niños, jóvenes y mayores, el deseo de colaborar con la parroquia y el trabajo de tantas personas comprometidas”, señaló.

El prelado aseguró llevarse “un gratísimo recuerdo” de la localidad y destacó especialmente el contacto con los fieles, “he sentido la ternura de niños y mayores, los abrazos que he recibido y el cariño de tantas personas”.

Durante una entrevista concedida tras la celebración eucarística a Cancionero, monseñor Jesús Fernández explicó que durante su estancia ha querido transmitir principalmente un mensaje de esperanza.

“He querido transmitir un mensaje de esperanza, porque he encontrado personas en dificultad, familias, gente mayor con problemas, pero también muchas personas que están trabajando por ayudar y acompañar”, indicó.

El obispo resaltó también la vitalidad religiosa del municipio, “Baena es una ciudad viva, he encontrado grupos parroquiales muy activos, con mucho amor a su parroquia, y celebraciones eucarísticas multitudinarias”.

Asimismo, valoró la presencia de jóvenes y niños en la vida de la Iglesia, “he visto muchos niños y jóvenes participando a través de grupos y también de las cofradías”.

Finalmente, quiso agradecer el seguimiento que muchos fieles han realizado de su visita pastoral a través de los medios de comunicación.

La comunidad parroquial le entrego al final como obsequio el Crismón de Baena

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